Los límites de la estimulación en la niñez


Seguros de que el desarrollo precoz de habilidades intelectuales y sociales serán un capital invaluable para el futuro de sus hijos, los padres de hoy tienden a estimularlos desde muy temprana edad, a través de juguetes interactivos, programas de televisión, Internet, talleres de aprendizaje para preescolares y cursos de idiomas, entre otras actividades.

Está comprobado que la estimulación en la infancia es beneficiosa en muchos aspectos, dado que facilita los procesos madurativos, como por ejemplo, provee al niño de diversas variables para el conocimiento de su entorno, además, al aumentar sus alternativas de relación con el medio, promueve la creatividad, y permite identificar y ejercitar los órganos sensoriales.

Sin embargo, es importante tener presente que una estimulación excesiva también puede desencadenar una serie de efectos negativos a largo plazo. El doctor Alfonso Correa, psiquiatra infantil de Clínica Alemana, sostiene que “la sobreestimulación, en general, puede provocar en el menor una mayor inseguridad, al sentir que no es capaz de procesar todo lo que se le entrega, ya sea por exceso y/o por lo inatingente de los estímulos, por ejemplo, cuando se dan simultáneamente diversos estímulos que son discordantes o no apoyan un mensaje coherente”.

Esto puede provocar confusión en el niño respecto de lo que se espera de él y sobre los tiempos que tiene para dar una respuesta (capacidad de reacción).

Es así como, en niños más vulnerables, el exceso de estímulos facilita el surgimiento de sentimientos como la ansiedad y la angustia frente al medio. En tanto, los menores con características constitucionales de mayor inhibición, se retraen aún más.
Un ejemplo de esto explica la doctora María Soledad Cornejo, psiquiatra infantil de Clínica Alemana- es cuando un menor se expone a un exceso de información visual, a través de la televisión o el computador. En estos casos, se puede generar sobreestimulación afectiva sin mediación lingüística o consciente, práctica que puede favorecer en el niño la preferencia por la información rápida y la impulsividad, elementos opuestos a los que requieren los estilos docentes y académicos a los que debe adaptarse en su vida escolar.

En niños con un temperamento o características constitucionales de mayor impulsividad y reactividad, la hiperestimulación tiende a desorganizarlos más. Asimismo, en menores con una predisposición biológica para el desarrollo del trastorno por déficit atencional con hiperactividad, este cuadro podría manifestarse con mayor intensidad cuanto mayor y más prolongada sea la sobreestimulación.

Recomendaciones para los padres
La doctora Cornejo explica que para estimular a los niños sin caer en excesos, es necesario que se utilicen mecanismos acordes con la etapa del desarrollo y con las características del menor, y que las acciones sean afines con el mensaje que se les quiere transmitir. Por ejemplo, para la estimulación del lenguaje, entre los 18 meses y 4 años, se debe comenzar con un tipo de estímulo a la vez (libro, luego película, después música, etc.), intentando mantener un hilo conductor, y al final resumir a través de preguntas (qué, quién o dónde, por ejemplo) según la etapa del niño.

Es importante tener presente que las nociones temporales, las de causalidad y las explicaciones más abstractas se desarrollan después de los 5 o 7 años.

Si bien hay niños que tienen una tendencia biológica para modular e integrar adecuadamente los estímulos, y procesarlos en mayor cantidad, es importante no olvidar que estas capacidades también tienen un componente adquirido, el que dependerá del nivel de adaptación al medio en etapas tempranas del desarrollo.
También hay que preocuparse de que el tiempo asignado a la estimulación no consuma los espacios que deben dedicarse a las relaciones interpersonales, el juego y el ocio, aspectos fundamentales para un desarrollo sano a nivel psicológico y emotivo.

La especialista agrega que es fundamental privilegiar, inicialmente, un estímulo a la vez. Luego, cuando el mensaje que se ha querido transmitir ha sido recibido, modulado e integrado, es posible ir agregando una mayor cantidad de estímulos.

“Es aconsejable que los padres aprendan a conocer a su hijo e identificar su estilo propio en la forma de procesar los estímulos, sus umbrales de percepción sensorial (si registran más o menos) y sus estilos de respuestas. Se debe considerar la etapa del desarrollo que el niño está viviendo y las necesidades del momento de recibir tal o cual estímulo, de manera que sea atingente”, asegura la psiquiatra.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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