Los límites y beneficios del deporte en niños obesos


Mientras para algunos la clase de educación física es la más esperada de la semana, para otros esos 90 minutos pueden convertirse en una verdadera tortura, sobre todo cuando hay ciertos aspectos físicos que impiden un desempeño similar al de los compañeros. Este es el caso de muchos niños y adolescentes obesos, quienes a veces deben lidiar con exigencias que no siempre son capaces de cumplir.

Esto cobra aún más relevancia si se considera que en Chile casi el 30% de los menores en edad escolar presenta exceso de peso, de acuerdo con Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA).

A juicio del doctor Alberto Trautmann, pediatra de Clínica Alemana, “la educación física que se realiza en algunos colegios muchas veces no incluye alternativas adecuadas para las personas con obesidad o con otros trastornos, porque existe un enfoque bastante competitivo. Entonces, hay que plantearse cuáles son las prioridades ¿campeones para Chile o un niño sano?”.

¿De qué manera puede afectar una sobreexigencia física a un menor obeso?
– La primera consecuencia es psicológica, ya que como no puede realizar los ejercicios que le piden, el niño se siente en desventaja frente a sus compañeros, lo que afecta su autoestima y le produce frustración.

También hay efectos a nivel físico, ya que frente a un ejercicio muy intenso, pueden sufrir trastornos que van desde fatiga hasta lesiones y traumatismos osteoarticulares o tendíneos.

Por lo tanto, la mayoría de las veces los resultados suelen ser más negativos que positivos y en vez de aportar a la salud del menor, terminan alejándolo de la actividad física como hábito de vida saludable. Esto a la larga lo perjudica porque el ejercicio es un pilar fundamental en el tratamiento de la obesidad
Ejercicio leve y moderado
Para que el menor pueda realizar una actividad física productiva y beneficiosa es fundamental una evaluación individual previa que permita determinar cuáles son sus capacidades y de acuerdo a eso establecer el tipo de ejercicios e intensidad.

Esto se puede hacer, por ejemplo, midiendo el ritmo cardiaco o evaluando si el niño es capaz de hablar y hacer ejercicio al mismo tiempo; si no puede, quiere decir que el esfuerzo es demasiado alto.

El pediatra explica que la actividad física no necesita ser extenuante para ser beneficiosa. Por eso, en el caso de los niños obesos se recomienda comenzar con actividades leves e ir aumentando lentamente a moderadas.

Idealmente, estos menores deberían realizar ejercicio de bajo impacto, preferentemente recreacionales, como caminar, andar en bicicleta, nadar, correr o bailar. Si se opta por una actividad física más competitiva, es aconsejable promover el juego limpio, y establecer estándares bajos, como ir rotando los integrantes para que todos participen y nadie se canse mucho.

Otra opción es crear distintos equipos que agrupen a los alumnos con capacidades similares, de manera que no haya mucha diferencia entre los participantes.

En cuanto a la periodicidad, se recomienda realizar actividad física más de una vez a la semana, ojalá cuatro a cinco veces. Las sesiones pueden ser más cortas, con media hora de ejercicio efectivo por sesión basta.

El doctor Trautmann explica que el ámbito motivacional también es muy importante. “Es fundamental que el profesor sepa el nombre del niño y le proponga metas de desarrollo personal, y no estándares como el Test de Cooper, que es una prueba de resistencia física que muchas veces resulta muy difícil para un alumno con obesidad”.
Beneficios de la actividad física en un niño obeso
La actividad física tiene múltiples beneficios para la salud, sobre todo en personas que sufren de obesidad, dado que mejora la capacidad aeróbica (cardio-respiratoria) y la movilidad articular. Además, aumenta la fuerza y masa muscular, lo que incrementa el gasto metabólico basal y, por supuesto, permite asegurar un mejor control del peso.

De esta manera contribuye a un mejor funcionamiento del metabolismo, lo que previene diversos trastornos asociados a la obesidad como hipertensión, dislipidemia, diabetes y colesterol, entre otros.

“A esto hay que agregar los beneficios psicológicos, ya que el deporte puede ser un canal para expresar las emociones. También enseña a trabajar en equipo y a aprender de los triunfos y derrotas, lo que permite desarrollar la tolerancia a la frustración”, asegura el doctor Trautmann. Por último, al mejorar el estado físico aumenta la autoestima y facilita la integración al grupo de pares.

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Categoría: Medicina Deportiva.




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