Los riesgos de las piscinas


ocurren accidentes en las piscinas. Frente a esta dolorosa situación, son muchos los padres que se preguntan qué es lo que pueden hacer para evitar que sus hijos se vean enfrentados a esta peligrosa realidad.

La primera recomendación es la más simple de llevar a cabo: que los niños nunca estén solos en el agua, y que siempre haya un adulto que los acompañe, aunque los pequeños sepan nadar.

Como medida de protección el doctor Héctor Araníbar, pediatra de Clínica Alemana, aconseja que se instalar rejas de protección alrededor de la piscina, que tengan como mínimo 1 metro 50 de altura y un espacio entre los barrotes de 20 a 25 centímetros. En forma complementaria se puede colocar un cobertor de piscina o una alarma, que al percibir movimiento en el agua empiece a sonar.

¿A qué edad los niños son más vulnerables a tener accidentes?
La asfixia por inmersión ocurre sobre todo en menores de cinco años, ya que por lo general no saben nadar o recién están empezando a hacerlo y suelen escaparse de la vista de los adultos.

De esta forma hay que tener especial atención con los más pequeños “ya que pueden accidentarse no sólo en la piscina, sino que también en piletas de menor tamaño o, incluso, en el balde con el cuál se esté limpiando el piso”, dice el especialista.

Pero estos sucesos también pueden ocurrir a los más grandes. Esto, porque muchas veces hay demasiados menores bañándose y los padres pueden perder el control de qué es lo que está pasando con cada uno de ellos. Por este motivo, es necesario que siempre alguien esté contando a todos los menores y preocupándose de la situación en general.

En este sentido, es recomendable evitar los juegos bruscos, piqueros muy altos o que se tiren cosas unos a otros, para que no se produzcan golpes al borde de la piscina. También es necesario que no estén cerca del filtro.
La clave es actuar rápidamente
El doctor Héctor Araníbar explica que lo primero que se debe hacer si se ve a un niño flotando en el agua es sacarlo inmediatamente y proporcionarle reanimación cardiopulmonar.

De esta forma, se pueden dar dos escenarios, “uno en que se saque al niño rápidamente del agua, se le haga reanimación y se recupere completamente. Y otro, en el que el pequeño pase demasiado tiempo bajo el agua y, como ha estado sin oxígeno, se empiecen a morir neuronas en el cerebro, y quede con secuelas como déficit motor, parálisis cerebral o, incluso, fallecer”, dice el especialista.

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Categoría: Medicina Deportiva.




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