Los signos que pueden delatar un cáncer de vejiga


Si bien se ha hablado de diversas causas, la verdad es que hasta el momento no hay certeza del origen del cáncer de vejiga o vesical, una enfermedad que según cifras del Ministerio de Salud, provoca la muerte de más de 300 chilenos al año, pero que si es detectada a tiempo tiene altas probabilidades de ser tratada exitosamente.

Lo que se sabe es que es tres veces más frecuente en hombres que en mujeres. Uno de los factores que predispone a la aparición de estos tumores es la exposición a anilinas y tinturas usadas en la industria textil. Otro factor de riesgo es el consumo de cigarrillo, de hecho, los fumadores tienen cuatro veces más riesgo que quienes no fuman.

Aunque se trata se una enfermedad relativamente silenciosa, existen algunas pistas que pueden hacer sospechar. La principal señal de alarma es la presencia de sangre en la orina.

De acuerdo con el doctor Pablo Bernier, jefe del Servicio de Urología de Clínica Alemana, la mayoría de los pacientes con esta enfermedad tienen hematuria o sangramiento por la vía urinaria. A veces esto es evidente porque se ve la orina enrojecida, teñida con sangre y/o coágulos, pero también hay muchos casos en que es un fenómeno invisible para ojo del paciente y sólo se puede detectar al analizar la orina bajo el microscopio y mediante otros estudios de laboratorio.

Por eso es tan importante que cuando los médicos evalúen exámenes de orina que revelen hematuria, consideren la posibilidad de que se trate de un caso de cáncer vesical y efectúen los estudios para descartarlo. Sin embargo, es importante aclarar que si bien la presencia de hematuria microscópica es el signo más común en tumores de vejiga, en la mayoría de los casos no se trata de cáncer, sino que de otro trastorno.

“Otras posibles manifestaciones de esta patología son la necesidad de orinar frecuentemente y con urgencia, y a veces dolor. Si embargo, estos síntomas también pueden estar presentes en enfermedades más comunes como la infección urinaria y algunas patologías de la próstata, por lo que el diagnóstico final sólo se puede efectuar con una evaluación urológica adecuada”, explica el especialista.
¿Qué exámenes se realizan para hacer el diagnóstico?
Además de exámenes de orina y urocultivo, se efectúa un estudio del tracto urinario superior a través de imágenes como pielografía de eliminación, ecografía renal o escáner del abdomen, las que permiten visualizar los riñones y uréteres.

También se solicita una cistoscopia, que consiste en introducir por la uretra un instrumento delgado y flexible, con una pequeña cámara, a través de la cual se puede estudiar la uretra, próstata y vejiga. “Este método es el más preciso de todos, ya que permite detectar lesiones que no se ven con los otros exámenes, como por ejemplo, los tumores planos, que son especialmente agresivos”, precisa el doctor Bernier.

Si se sospecha de la existencia de un tumor plano o carcinoma in situ (CIS), se realiza una biopsia de la mucosa vesical. Asimismo, cuando el urólogo encuentra un tumor papilar (ver foto) se efectúa una resección endoscópica. Este procedimiento permite, en muchos casos, tratar la enfermedad y enviar el tumor para ser analizado en anatomía patológica. El estudio del tejido extraído permite determinar la agresividad y profundidad del cáncer.

La mayoría de los pacientes presenta tumores superficiales, es decir, que no comprometen la capa muscular de la vejiga. En general estos tumores reaparecen en forma frecuente (60 70% de los casos), por lo que es necesario el seguimiento endoscópico. Sólo se transforman en enfermedad más agresiva en alrededor del 15% de los pacientes.

Si un tumor superficial es múltiple, recurrente, con células muy agresivas (alto grado) o se comprueba cáncer in situ se pueden realizar terapias con sustancias especiales que se colocan en la vejiga para disminuir su recurrencia.
En casos de tumores profundos (invasión del músculo de la vejiga) es necesario efectuar un estudio completo para descartar la presencia de ramificaciones del tumor (metastasis) en otros lugares del cuerpo y de este modo determinar el mejor tratamiento.

Si no existen evidencias de metastasis, uno de los tratamientos consiste en extraer radicalmente la vejiga (cistectomía) y los ganglios linfáticos que la rodean. Con esto se logra un excelente control local de la enfermedad. Dependiendo de las condiciones del paciente y el tumor, también existen protocolos de quimioterapia y radioterapia que se ofrecen en casos seleccionados.

Hasta hace poco los pacientes que se sometían a una cistectomía radical, debían andar con una especie de bolsa debajo de la ropa, la cual reemplazaba la función de la vejiga. Pero actualmente los avances quirúrgicos en esta área han permitido construir nuevas vejigas elaboradas con parte del intestino delgado.

En estos casos, la calidad de sobrevida en los pacientes es muy buena logrando una excelente continencia urinaria durante el día aunque algunos requieren uso de protección en la noche. En ocasiones, dependiendo del estudio anatomo-patológico de los ganglios linfáticos y la vejiga es necesario complementar el tratamiento con quimioterapia.

Los tumores de vejiga profundos son muy agresivos y la sobrevida depende de la profundidad y extensión del cáncer. En el Servicio de Urología de Clínica Alemana, recalca el Dr. Bernier, estos casos se discuten en el Comité de Uro-Oncología al cual asisten además de urólogos, radioterapeutas y oncólogos. De esta forma se ofrece la mejor terapia para cada paciente

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