Mitomanía: signo de alteración en la personalidad


¿Quién no ha conocido a alguien que se empecina por ser el centro de atención, parecer más importante que los demás o hacer creer al mundo que ha vivido millones de aventuras? Bueno, lo más probable es que dentro de su grupo de conocidos haya alguien víctima de la mitomanía, una enfermedad psicológica que se característica por crear un mundo de mentiras y contradicciones.

La palabra mitomanía, del griego mythos (mentira) y mania (modismo), comenzó utilizarse alrededor del 1900 por el médico francés Ernest Dupré, quien la usó para retratar a aquel trastorno psicológico que consiste en mentir de forma patológica, falseando la realidad. Se trata de una tendencia del carácter o constitutiva de la persona –niño o adulto- a mentir, a crear y creer fábulas inventadas o a simular.

Según el neurólogo Dupré, existen cuatro tipos de mitomanía: la vanidosa, cuando la persona se halaga; la errante, cuando se trata de huir de su realidad; la maligna, cuando se intenta compensar un complejo de inferioridad; y la perversa, cuando miente para estafar.

Si bien mentir es un hecho normal, que afecta mayormente al sexo masculino, cuando algunas personas tienen la tendencia a usarla como un recurso permanente, se cae en la mitomanía. Esta característica está asociada a trastornos de personalidad severos y se la puede relacionar con dos tipos de caracteres: los necesitados de estimación y los con trastorno de personalidad hipertímica, es decir, personas que tienen un ánimo muy elevado.

El mitómano sublima su impulso transformándolo en arte. Con frecuencia, el enfermo, de carácter más bien paranoide, desfigura mentirosamente la propia idea que tiene de sí mismo, magnificándola o, simplemente, disfrazando unos humildes orígenes con mentiras de todo tipo, de forma que llega realmente a creerse su propia historia y se establece una gran distancia entre la imagen que tiene la persona de sí mismo y la imagen real. Recurre a esta conducta continuamente sin pensar en las consecuencias, con tal de maquillar la realidad que considera inaceptable. Sabe que miente, pero –por repetición- termina creyendo sus propias mentiras y es entonces cuando la línea entre la realidad y la fantasía se confunde. La mentira se convierte en algo cotidiano, que ya es imposible evitar.

Este tipo de personalidades poseen una serie de características que los distinguen: son convincentes, manipuladores y su discurso suele ser verosímil; algunos tienen talento histriónico y saben actuar; otros tartamudean y cambian la voz.

Existen muchos estudios sobre las expresiones del cuerpo y el tono de voz de las personas, que han permitido identificar a los tipos de mentirosos. Muchas veces, un gesto dice más que mil palabras. Aunque el discurso puede engañar, lamentablemente el cuerpo no.

Por eso ya existen varias señales para reconocer un engaño: orientación de la mirada, excesiva gesticulación, signos de ansiedad, incongruencia entre movimientos y gestos, y la manera de sonreír. La sonrisa es el gesto más común para encubrir una mentira. Una verdadera sonrisa transforma la expresión del rostro por completo.

Lo que diferencia al mitómano de una persona mentirosa es que el mentiroso inventa relatos para defenderse o protegerse, es decir, con una finalidad, pero en el mitómano prevalece el carácter compulsivo de la mentira y sin una fuente de motivación. También se diferencian de los psicóticos, porque si bien se dejan llevar por sus fantasías, mantienen un juicio de la realidad suficiente como para darse cuenta de que están mintiendo.

Es casi imposible que quien padece de mitomanía busque ayuda. Generalmente llegan a consulta por consejo de otras personas o acuden a terapia por otras razones. Lo que hay que tener claro es que si no se someten a una terapia, la mentira tenderá a dominar sus vidas.

En ocasiones faltar a la verdad puede ser un recurso válido. Pero existe un límite. Es preferible vivir más cerca de la sinceridad que de la mentira, porque más rápido se pilla a un mentiroso que a un ladrón, O no?

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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