Mutismo selectivo: Cuando el niño decide callar


El ser humano ha sido beneficiado por diversas facultades, entre las cuales se encuentra el lenguaje. Basta con remontarse a la infancia cuando cada sonido articulado es motivo de alegrías y orgullo. Sin embargo, en esta misma etapa, pueden haber situaciones donde voluntariamente el menor no hace uso de este don. A esto se le llama mutismo selectivo.

Definido como el rechazo a hablar en lugares donde se espera que lo haga, el mutismo selectivo se manifiesta sin que el menor tenga problemas en la articulación, comprensión y expresión del lenguaje. “Él define dónde hablará, con quién lo hará y con quién no. Es por eso que muchos de ellos guardan silencio en el jardín o el colegio, pero llegan a la casa y conversan sin ningún problema”, señala la doctora Patricia García, psiquiatra infantil de Clínica Alemana.

Detrás de esta enfermedad, que puede afectar a menos del 1% de los niños entre 4 y 5 años, se pueden encontrar menores traumatizados o muy sobreprotegidos. También se desarrolla el mutismo en pequeños que tienen dificultades en el lenguaje y, producto de las mofas sobre su habla, definen no establecer comunicación con las personas que perciben agresivas, pero también pueden ser niños con rasgos negativistas o controladores.

Asimismo, este silencio es una forma de manifestar su descontento frente a familiares o situaciones adversas, y lo reanudan cuando lo estiman conveniente. Esto influye en su entorno, el cual comienza a acomodarse en este mundo reemplazando las herramientas de comunicación que deberían ser desarrolladas por el niño.

“El hecho de no hablar está comunicando que algo le pasa, que le provoca angustia y agotamiento. El mutismo selectivo requiere de energías activas para seleccionar con quién hablas o no”, señala la doctora García.

Según la fonoaudióloga de Clínica Alemana, Lidice Núñez, una de las principales causas del mutismo selectivo es la psicológica y se trata de niños que en el área social están muy disminuidos por su extrema timidez. Hay que aclarar que los que padecen de esta enfermedad no tienen “trastornos del lenguaje, comunicación, psicótico ni de desarrollo”, explica.
La doctora García agrega que esta afección puede provocar en el niño baja autoestima, depresión y hasta disminución en el desarrollo de las facultades de aprendizaje. Esto debido a que es segregado por sus pares o es objeto de burla.

Cómo detectarlo
Esta afección se puede diagnosticar a partir de señales como la mantención del mutismo más allá de uno a dos meses, haciendo la salvedad de que puede aparecer transitoriamente al ingreso al colegio. Así lo confirma la fonoaudióloga, Lidice Núñez, quien también agrega que los niños no establecen ningún contacto ocular, ni gestos, y no es porque no quieran hacerlo sino porque no pueden.

A partir de este momento los especialistas aconsejan antes de todo tratar de entender lo que les pasa a los menores y no suponer que es lo mismo que les sucede a otros.

La doctora García pone énfasis en este punto. Si bien acepta que los especialistas tienen las facultades para entrar en el mundo del niño con mutismo, “los padres también pueden aportar tratando de interpretar las conductas de sus hijos a través de la observación, y para eso hay que ponerles atención”, explica. De esta forma se evita un poco el sufrimiento que tienen estos menores al verse imposibilitados de poder expresar de manera adecuada sus emociones, ya que no tienen el desarrollo del lenguaje y lo hacen a través del cuerpo o de conductas.

Un tratamiento precoz de esta enfermedad, puede evitar correr riesgos frente a la posibilidad de una ampliación del mutismo selectivo, donde el niño cada vez está cerrando más su espacio. “Incluso, hay casos en que los pequeños pasan a ser diagnosticados con retardo mental o como discapacitados por las personas que lo rodean, ya que se cree que no tienen la posibilidad del lenguaje. Entonces al no utilizarlo, van siendo alejados del grupo” explica la psiquiatra infantil.

Ante la dificultad de sacar al niño del mundo del silencio, los padres deben acudir a un psiquiatra o psicólogo quienes dependiendo del caso tomarán las medidas correspondientes para tratar al afectado. Generalmente, se trata de un trabajo en conjunto, donde el papel de los fonoaudiólogos es estimular la comunicación a través del establecimiento de un vínculo con el paciente. “mediante una técnica llamada juego circular, se instauran iniciativas claras para el fortalecimiento del lenguaje”, aclara la fonoaudióloga.

Finalizadas estas sesiones, se les dan las indicaciones respectivas a los padres para seguir con el tratamiento, entre las que se encuentran:

– No enfrentar a los niños a un escenario traumático, como una disertación en el colegio. El propósito es integrarlos de a poco en actividades sociales que sean de su gusto, por ejemplo, el fútbol. De esta manera se establecerán nuevos grupos de referencia y con ellos podrán comunicarse.
– Siempre que un menor haya padecido esta enfermedad debe estar con un constante apoyo y con la precaución ante eventos traumáticos que lo puedan regresar al estado de mutismo.
– Para tener un buen pronóstico, que por lo general es así, el rol de los padres es fundamental, ya que son ellos quienes establecen las señales en el ambiente en que el niño se desenvolverá.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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