Orzuelos: Una alteración frecuente y fácil de tratar


Aumento de volumen, enrojecido y parecido a un grano, dolor localizado en la zona del párpado, lagrimeo frecuente, sensación irritante y sensibilidad a la luz, son algunos de los síntomas que presentan las personas que tienen un orzuelo. La buena noticia es que mediante un tratamiento sencillo éste puede desaparecer en poco tiempo.

El oftalmólogo de Clínica Alemana doctor Pedro Bravo, explica que esta alteración se puede producir por una inflamación de una de las glándulas de la piel del párpado, que origina que la zona se vea hinchada, empiece a surgir una cabecita de pus y aparezca hacia el exterior. Sin embargo, también hay otro tipo de orzuelo, con una sintomatología muy similar, pero en el que no surge materia, ya que se ve afectada una glándula interna.

¿Cuál es su causa específica?
Habitualmente se provoca porque bacterias que están en la zona (principalmente el Estafilococo áureo) penetran en el folículo piloso -cavidad que aloja a una pestaña-, produciendo una inflamación de las glándulas sebáceas (que se encuentran al interior del folículo).

Esta afección es muy frecuente en niños, ya que pasan un mayor tiempo con las manos sucias y se tocan constantemente los ojos. Sin embargo, se manifiesta en personas de todas las edades y se puede presentar más de uno a la vez.

El especialista destaca que el orzuelo en una primera etapa comienza suavemente, sin embargo, en sólo pocos días crece considerablemente. En estos casos se pueden presentar dos escenarios: el primero, en que el organismo se defienda espontáneamente y la alteración empiece a decrecer; y el segundo, en el que la inflamación aumente y se haga necesario acudir al oftalmólogo.

Tratamientos sencillos de realizar
Lo primero es el diagnóstico y el médico lo puede realizar mediante un estudio clínico y, por lo general, no se requiere de ningún examen especial.

Cuando el orzuelo es externo el tratamiento consiste en aplicar calor húmedo -paño o algodón caliente-, para macerar la zona y hacer que se abra y drene. Si es interno, es aconsejable aplicar calor seco -como un guatero- para que no se dañe la zona.

El oftalmólogo destaca que si son muy recurrentes “se puede recetar un ungüento o gotas antibióticas para que se apliquen localmente. Sólo en casos excepcionales, en que el paciente está con las defensas muy bajas, se usan antibióticos por vía general, pero no es lo habitual”.

Cabe destacar que una buena forma de prevenirlos es lavándose bien las manos antes de tocar la piel alrededor del ojo, sobre todo las personas más susceptibles a desarrollarlos. En el caso de los niños, también es importante enseñarles a que avisen de inmediato cuando noten alguna molestia o dolor en la zona para iniciar un tratamiento oportuno.

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Categoría: Oftalmología.




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