Padres con cáncer: ¿Qué pasa con los hijos?


Una de las mayores preocupaciones de los papás con cáncer es el impacto que puede tener esta noticia en sus hijos. Los menos se preguntan cómo contestar las dudas de los pequeños, cómo aprovechar el tiempo juntos y mantener la rutina diaria. Sin embargo, la gran mayoría no considera esta situación, ya sea porque están absorbidos por las demandas de la enfermedad o porque escogen no hablar con los niños por la creencia errónea de que esto podría afectarlos aún más.

La doctora Paula Rauch, profesora asociada del Departamento de Psiquiatría de Harvard Medical School, en conjunto con un equipo de especialistas del MGH, desarrolló la guía denominada “Padres con cáncer, ¿quién se ocupa de los niños?”, para ayudar a abrir canales de comunicación entre ambos actores.

Uno de los primeros puntos que plantea el estudio es la necesidad de identificar a cada niño en forma individual, ya que no todos procesan la información de la misma manera. Por esto hay que buscar distintas alternativas de diálogo según las características de cada uno de ellos.

El doctor Alejandro Koppmann, psiquiatra de Clínica Alemana, quien asistió al curso dictado por la especialista, explica que también es importante contar con una red de apoyo que ayude a mantener la vida cotidiana. Es recomendable que colaboren las dos familias (y no sólo la del padre enfermo) u otro adulto de confianza, para ordenar los horarios de comidas, sueño y convivencia, entre otros.

“Por otra parte, es fundamental que los niños sigan juntándose con sus amigos y asistan al colegio. Incluso, muchas veces es necesario explicarles a los profesores la situación que está viviendo el pequeño. Es muy útil identificar a otros niños que han pasado por lo mismo para que los docentes elaboren actividades en conjunto que den un manejo más natural al proceso”, señala el psiquiatra.

¿Y qué pasa con el hogar? Hay que tratar que la casa siga funcionado cálidamente. Para ello es aconsejable que la pieza clínica sea una sola y se ubique en un lugar específico, para que el hogar no se transforme por completo. Además, es recomendable que no entren y salgan personas que normalmente no están ahí, ni que se alteren horarios o actividades diarias.
También es necesario que los padres conversen honestamente con los hijos sobre la enfermedad. “Cuando los niños son pequeños tienen una perspectiva egocéntrica de la realidad, es decir, sienten que la vida existe en la medida en que ellos están ahí. Entonces, si el tema no está claro es probable que se atribuyan el sufrimiento de su padre o madre, y eso dé origen a traumas o dificultades más adelante”, explica el doctor Koppmann.

Por este motivo es fundamental estar alertas y responder todas las preguntas de los menores. Es muy importante identificar claramente qué es lo que el niño está preguntando, tomarse un tiempo para pensar y luego contestar. Incluso, permitirse decir “no sé” si es el caso.

Visitas al hospital
Un punto fundamental que plantea la guía es la necesidad de prevenir a los pequeños para visitar a su padre o madre en la clínica.

“Hay que prepararlos para que sepan qué es lo que van a ver. Es decir, contrastar lo que el pequeño piensa que va a encontrar, versus lo que realmente va a pasar, como por ejemplo, que el papá puede estar sin pelo, tener un tubo o que puede haber otra persona en la habitación que se esté quejando”, precisa el especialista.

Es recomendable que cuando el menor vaya a visitarlo, lo haga con un adulto que se haga cargo específicamente de él. Esto porque puede querer estar sólo un rato en la habitación y alguien tiene que salir con él afuera. Y, de todas maneras, es mejor no interrumpir a la pareja del enfermo, ya que lo más probable es que quiera pasar el mayor tiempo posible con él.
¿Qué pasa si el niño no quiere ir al hospital? No hay que obligarlo, ya que se deben respetar los tiempos de cada uno. Si no asiste a la clínica, puede enviar un dibujo o una carta donde comunique lo que siente. Luego, es importante hacerle saber lo feliz que hizo al enfermo con ese regalo o mensaje.

Sin duda, uno de los instantes más difíciles es enfrentar la despedida del padre o la madre enfermo. En este sentido, el estudio destaca que si el menor sabe que sus padres lo aman y por qué motivos, y ha existido una comunicación honesta, el proceso se puede enfrentar de mejor forma.

“Este momento puede ser una oportunidad para que el que está en proceso de morir pueda, de alguna manera, hacerse presente en la vida de su hijo a través del tiempo y convertirse en un referente real. A veces uno le pide a los padres que les hagan un álbum de fotos o les elaboren cartas donde les cuenten las cosas que les gusta hacer y las que no, y que dejen testimonios para ser entregados en hitos importantes de la vida del pequeño”, destaca el especialista.

Enfrentar este tema no es fácil, menos si se trata de niños. Sin embargo, el desarrollo de estos programas puede facilitar este difícil proceso.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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