Paranoia: Cuando los delirios perturban la vida


Que están constantemente complotando en su contra, que su pareja los engaña o que las enfermedades no los dejan vivir en paz, son algunos de los delirios que pueden tener las personas con paranoia, una enfermedad que actualmente es definida como un cuadro delirante crónico que, a diferencia de otros trastornos psiquiátricos, se presenta sin alucinación.

El término paranoia deriva del griego para que significa de lado – paralelo, y nois que quiere decir espíritu o pensamiento. Esto podría traducirse como pensamiento paralelo o espíritu no centrado.

Esta patología ha inspirado a artistas, cineastas y autores desde la antigüedad. Basta con recordar Otelo, obra de William Shakespeare protagonizada por un soldado moro que está convencido de la infidelidad de su esposa, por lo que le pide a un camarada que le ayude a asesinarla.

Desde el punto de vista psiquiátrico, este personaje es un clásico caso de paranoia, ya que el afectado tiene falsas creencias que se basan en una incorrecta valoración de la realidad. Sin embargo, estas ideas delirantes no son extrañas, porque siempre se refieren a situaciones que pueden ocurrir en la vida real.

De esta forma, la percepción de los estímulos externos es correcta, pero la interpretación es subjetiva. El delirio parece lógico ya que se basa en situaciones que son posibles. Es por eso que la personas que padecen esta enfermedad pueden seguir desenvolviéndose en su entorno social sin ser considerados necesariamente enfermos por el resto, incluso muchas veces logran convencer a los demás de que su versión es verdadera.

Los delirios más comunes que sufren los paranoicos son los de persecución, celos, hipocondría, grandeza (ideas exageradas de valor o poder) o erotomanía, cuando creen que son amados por personas, generalmente de estatus mayor.
Las raíces del problema
La doctora Ilse Hemansen, psiquiatra de Clínica Alemana, sostiene que esta enfermedad es de baja frecuencia, ya que afecta a uno de cada 100 mil habitantes. Generalmente, se presenta alrededor de los 40 años y es más común en mujeres casadas. Además, a diferencia de otros trastornos psicóticos como la esquizofrenia o la psicosis afectiva, no se ha establecido que tenga una causa genética.

“La paranoia aparece en individuos que tienen una personalidad predispuesta a desarrollar este tipo de problemas. Sin embargo, también es posible ver síntomas paranoides en otros casos, por ejemplo, en personas con trastornos orgánicos cerebrales como los ancianos con demencia senil”, sostiene la especialista.

Hay diversas situaciones que pueden desencadenar este trastorno, como quedar cesante o tener un fracaso matrimonial, es decir, hechos relacionados con la pérdida de la autoestima u otras situaciones frustrantes, ya que en estos casos aumentan la sospecha, la desconfianza, la envidia y los celos.

No confundir
En una sociedad competitiva como la actual, con inestabilidad laboral y familiar, es posible que en ocasiones los individuos presenten actitudes paranoides, sin embargo, esto no significa que padezcan la enfermedad.

“Es importante diferenciar la paranoia o desarrollo paranoico de las reacciones paranoides que todos podemos tener frente a situaciones estresantes, ya que estas últimas son transitorias, reversibles y se modifican según mejoran las condiciones ambientales”, explica la especialista.

Para que se pueda hablar de paranoia las manifestaciones deben tener por lo menos un mes de duración. “El diagnóstico requiere detenida evaluación del paciente. Para ello es necesario buscar acontecimientos relacionados, rasgos de personalidad previa, ausencia de otros síntomas y evaluar las características del delirio, el cual debe ser bien sistematizado, con propagación social y creíble”, explica la doctora Hermansen.

Como la persona no está consciente de su enfermedad, no busca ayuda en forma espontánea. Por lo tanto, generalmente es llevado donde el psiquiatra por algún familiar, sobre todo cuando el afectado se encuentra en etapas de recrudecimiento de la actividad delirante.

El tratamiento suele incluir la prescripción de antisicóticos, neurolépticos o tranquilizantes mayores, lo que es combinado con psicoterapia. “En algunos casos también se puede requerir hospitalización frente a alteraciones severas del comportamiento. De hecho, actualmente entre el 1 y 4% de los ingresos a centros psiquiátricos es por esta causa”, afirma la especialista.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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