Qué hacer frente a una crisis febril


Una sensación de pánico se apodera de los padres cuando perciben a su hijo con dificultad para respirar, pérdida de conciencia, los ojos blancos, el cuerpo rígido y con convulsiones. Estos síntomas son característicos de una crisis febril, la que puede ser simple o compleja.

El doctor Carlos Acevedo, neurólogo infantil de Clínica Alemana, explica que “estas crisis asustan, pero son benignas. De hecho, el 99% de ellas dura entre uno y dos minutos, y finaliza sin necesidad de intervenir”.

Para quien observa este escenario el ataque parece durar una eternidad, sin embargo, el mismo mecanismo que lo gatilla hace que termine en un plazo determinado.

“El porcentaje de la población general que sufre crisis febriles corresponde al 4% de los niños, y en la mitad de ellos existe antecedentes familiares”, asegura el doctor Acevedo.

Habitualmente, estos ataques se producen entre los seis meses y cinco años. Sin embargo, lo más frecuente es que ocurra a los 18 meses.

Esta situación sucede cuando el aumento de fiebre es abrupto en el primer día de enfermedad y el niño se encuentra previamente sano, es decir, sin problemas neurológicos pero con una predisposición a crisis convulsiva por fiebre.
Es muy importante tener en cuenta que para hablar de crisis febril el origen de la fiebre excluye infecciones del sistema nervioso central -tales como meningitis o encefalitis- y además, no debe existir un trastorno bioquímico de la sangre ni deshidratación grave.

El doctor Acevedo asegura que “la gravedad de la crisis febril no está dada por el riesgo de muerte, sino que radica en que no se detenga y que sea un estado de mal febril, o bien que se trate de una crisis compleja, es decir, aquellas menos benignas que tienen riesgo de recaídas y de provocar posteriormente una epilepsia”.

El especialista agrega que estos ataques epilépticos se caracterizan porque suelen presentarse varias seguidas y a veces son más prolongadas, además, pueden ser focales, es decir, no afectar a todo el cuerpo si no a una mitad. Una crisis focal prolongada puede dejar como secuela una parálisis del lado afectado.

El 85% de las crisis son simples, lo que no implica gravedad. Sin embargo, estos ataques febriles tienen 30% de recaída, las que se producen principalmente durante el primer año y en un porcentaje menor en el transcurso del segundo año.

El doctor Acevedo sostiene que “la recaída no significa que esta situación sea grave, sino que simplemente es una crisis febril recurrente”.
¿Qué hacer?
Una forma de prevenir la crisis febril es ser prudente en detectar y tratar la fiebre en un niño que ha tenido un ataque de este tipo. Sin embargo, como la fiebre sube abruptamente es difícil detectarla a tiempo.

Cuando se produce, lo importante es acostar al niño en la cama, soltarle la ropa para que pueda respirar sin dificultad, levantarle el mentón y girarlo un poco hacia el lado para que no se ahogue con saliva o vómito.

Al finalizar la crisis hay que bajar la fiebre y consultar al pediatra para ver lo que la originó. “En el caso de que sea la primera crisis, siempre se recomienda acudir a un servicio de urgencia para efectuar una punción lumbar si el niño es menor de 18 meses- y así descartar una meningitis purulenta”, explica el doctor Acevedo.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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