Recuerdo anatómico y fisiológico de la cavidad pleural – Derrame pleural


La superficie pleural está recubierta por el mesotelio pleural, un epitelio monoestratificado, con células provistas de microvellosidades capaces de secretar glucoproteínas ricas en ácido hialurónico que actúan como lubricante de ambas superficies pleurales. Algunas células mesoteliales se descaman a la cavidad, donde sobreviven con capacidad macrofágica. Por debajo del mesotelio existe un tejido conjuntivo, muy fino bajo la pleura parietal y más grueso en la visceral, y por debajo de éste la red capilar sanguínea y linfática.
Hacia el espacio pleural, a partir de la pleura parietal, existe un paso continuo de líquido que supone un volumen total de 300 mL/día en cada cavidad pleural, con una capacidad total de absorción de 500 mL/día. El volumen de líquido pleural en condiciones normales no sobrepasa los 15 mL, disponiéndose en forma de una lámina entre las dos superficies pleurales, permitiendo el deslizamiento de una sobre otra.
El trasvase de líquido se produce como resultado del desequilibrio de fuerzas que gobiernan la ley de Starling, especialmente por la alta presión hidrostática del capilar de la pleura parietal, dependiente de la circulación sistémica de las arterias intercostales. La presión en los capilares subyacentes a la pleura visceral es discretamente inferior porque, aunque proceden de arterias sistémicas bronquiales, drenan a venas pulmonares con presiones hidrostáticas muy bajas.
La presión negativa, subatmosférica, que existe en la cavidad pleural también favorece la pérdida de líquido del capilar parietal, situado muy próximo al mesotelio pleural, mientras que los capilares de la pleural visceral se encuentran más alejados del mesotelio por existir entre ambos una capa de tejido conjuntivo más gruesa, lo que condiciona que el efecto succión que tiene la presión negativa pleural sobre estos capilares sea menor que el que tiene sobre los capilares subpleurales parietales. Por este motivo se considera que la presión negativa pleural carece de efecto sobre el capilar de la pleura visceral. En definitiva las presiones que intervienen en la formación líquido pleural son por una parte aquellas que gobiernan la ley de Starling (presión hidrostática y presión osmótica dentro del capilar sanguíneo) y la presión pleural.
Los capilares linfáticos subpleurales tienen especial relevancia en la absorción del líquido pleural. Mientras que la red capilar linfática de la pleura parietal se abre a la cavidad pleural a través de estomas y lagunas linfáticas, el plexo linfático de la pleura visceral no presenta comunicación directa con la cavidad pleural sino que se conectan a los capilares linfáticos de los tabiques conjuntivos del parénquima pulmonar, drenando en dirección a los vasos linfáticos del hilio pulmonar. Esto significa, que en condiciones normales, prácticamente todo el líquido pleural se absorbe a través de la red linfática de la pleura parietal .

La inervación de la pleura parietal depende de los nervios intercostales, con la excepción de la región central de la pleura diafragmática que se inerva por el nervio frénico; por ello, la irritación de la pleura diafragmática se refiere como dolor irradiado al hombro. La pleura visceral carece de inervación sensorial.

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Categoría: Glosario Médico.




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