Síndrome de Tourette: La enfermedad de los tics


El Síndrome de Tourette afecta al sistema nervioso y se produce por una anomalía en las sustancias químicas cerebrales, llamadas neurotransmisores, lo que genera que se presenten tics, es decir, movimientos involuntarios, rápidos y súbitos en diferentes partes del cuerpo y que varían con el tiempo.

Éstos se pueden clasificar en:

Simples
Motores: pestañeos, sacudidas de cabeza, encogimiento de hombros y muecas faciales.
Vocales: carraspeos de garganta, sonidos con la lengua y sonidos nasales.

Complejos
Motores: mover la cabeza, agitar las muñecas, hacer sonar los nudillos o dientes, olerse las manos, saltar, tocar a otras personas o cosas, copiar movimientos en ocasiones obscenos.
Vocales: emitir palabras o frases fuera de contexto, raramente obscenidades (coprolalia). Además de hipo, ruidos animosos, jadeos y otros.

Los síntomas que permiten diagnosticar el Síndrome de Tourette es la comunión de tics motores y vocales en periodos entre seis a doce meses con lapsus de exacerbación y remisión. “Si no se presentan estas características, se habla de tics motores crónicos”, señala el neurólogo y especialista en Parkinson y movimientos anormales de Clínica Alemana, Pedro Chaná.

Por muy extraña que parezca esta enfermedad, el especialista sostiene que en Chile se estima que existen entre 4.000 y 12.000 casos diagnosticados.

Como un volcán a punto de hacer erupción
Generalmente antes de los 15 años se inician los síntomas, que muchas veces pasan inadvertidos, ya sea porque su complejidad hace difícil creer que sean realmente involuntarios o porque los afectados pueden controlar parcialmente sus movimientos.

“A algunos no les creen, mientras que a otros los tics les importan poco y no les complican. Sin embargo, si son severos, molestan y les afecta en su vida, por lo que tienen que tomar medicamentos, como bloqueadores de la dopamina”, señala el doctor Chaná.
Un diagnóstico oportuno y acertado es la base para enfrentar esta enfermedad. De hecho, pueden presentarse problemas conductuales que suelen ser peores que el síndrome, ya que causan daño psicológico.

Las obsesiones compulsivas son las ideas persistentes y repetitivas que causan angustia como, por ejemplo, revisar una y otra vez que las luces estén apagadas o lavarse las manos en forma reiterativa, pensando que están sucias.

También, algunos niños con Tourette, presentan síndrome de déficit atencional asociado o no a hiperactividad y en menos casos se evidencian trastornos del sueño.

Sin embargo, los pacientes tienen la misma expectativa de vida que un sujeto normal, asimismo su inteligencia no es menor, puesto que esta patología no es progresiva ni degenerativa.

Se estima que las personas con Tourette presentan una marcada mejoría en la adolescencia o en los primeros años de la segunda década, pero mientras la enfermedad se les presenta, los movimientos involuntarios, desordenados y reiterativos, sumado a la vociferación de palabras o exabruptos sin sentido, hacen que “la gente con Tourette defina esta sensación como un volcán, ya que pueden inhibir el tic sólo transitoriamente, pero nuevamente vienen ganas, las que se acumulan hasta explotar”, señala el especialista.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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