Síndrome del Nido Vacío


La rutina que por años la familia conservó y cultivó en el hogar puede desaparecer de golpe, cuando los hijos crecen y escogen un rumbo lejos de casa. En el pasado quedan los desayunos en familia, el ruido y las discusiones de los “niños”.

Esta situación se denomina Síndrome del Nido Vacío y se produce cuando los hijos abandonan el hogar de los padres, “ya sea por matrimonio, razones profesionales o por sus deseos de independencia”, señala la psiquiatra de Clínica Alemana, doctora Ilse Hermansen.

Aunque este cuadro no está descrito como una patología, algunos progenitores viven este cambio familiar con sufrimiento y pesar, lo que efectivamente puede generar trastornos psicológicos o psiquiátricos.

Usualmente, los motivos de consulta van a estar relacionados con los estilos adaptativos de la persona. La especialista señala que “pueden aparecer cuadros depresivos y ansiosos, somatizaciones, adicciones como el alcoholismo, además de sentimientos crónicos de insatisfacción personal, lo que se manifiesta en constantes quejas y amarguras”.

Se estima que afecta más a las mujeres que a los hombres, dada la relación estrecha de la madre con los hijos. “Muchas veces esta separación puede ser vivida como un desgarrarse, sobre todo en aquellas mujeres que han postergado su desarrollo personal por dedicarse exclusivamente a la crianza de sus hijos”, afirma la psiquiatra.

Pero no en todos los padres esta nueva composición familiar se vive de la misma manera. Algunos lo toman como una etapa más de la vida, por lo que la readecuación familiar se hace natural y con el tiempo.

Por lo tanto, para la doctora Hermansen, sentimientos de soledad, tristeza, vacío y ansiedad, entre otros, “son una imagen algo ficticia de lo que la sociedad espera que deban sentir los padres. Sin embargo, aquellos que han logrado evolucionar y madurar a lo largo de la vida con énfasis en su crecimiento interior, podrán enfrentar esta etapa libre de presiones y así gozar de nuevas oportunidades”.
Un tiempo para reencontrarse.
Aunque los espacios se hagan más grandes y un inusual silencio inunde el hogar, esta etapa puede ser vista como una oportunidad para explotar o redescubrir nuevas áreas tanto personales como de pareja.

“Muchas personas han postergado su individualidad y creatividad, por lo que esta etapa puede transformarse en una experiencia liberadora, el tiempo es propio, ya no se es tirano de las demandas, exigencias y deseos. Una oportunidad para hacer las cosas más tranquilamente y tener la capacidad de disfrutar la soledad y la intimidad con uno mismo”, explica la doctora.

Sin embargo, lo primero es admitir que como cualquier periodo del ciclo vital, exige revisión, planificación y aceptación con el alivio y dolor que esto puede significar.

Se aconseja buscar apoyo en amistades y familiares, por lo que resulta aliviador compartir la experiencia con personas que hayan vivido sentimientos similares. Si no se logra alivio y se perpetúan los síntomas, se sugiere buscar ayuda profesional.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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