Toxina botulínica: Sus aplicaciones en estética facial


La primera vez que se utilizó toxina botulínica fue en la década del 60 para tratar enfermedades neurológicas. En esos días nadie se habría imaginado que cuatro décadas más tarde esta sustancia, producida por una bacteria, sería considerada la nueva “fuente de la juventud”.

Hoy, la toxina botulínica, más conocida por la marca BOTOX, es ampliamente utilizada para borrar varios signos faciales de envejecimiento, como arrugas y surcos causados por la contracción muscular que se produce al fruncir el ceño o al sonreír.

La doctora Florencia Haack, cirujano plástico de Clínica Alemana, explica que “actualmente, también se está avanzando en la aplicación de este producto en otras zonas anatómicas de la cara y del cuello, como por ejemplo, en las arrugas peribucales, sobre el labio superior y en las bandas platismales verticales que se producen en la cara anterior del cuello con el transcurso de los años”.

De acuerdo a la especialista quienes más se someten a este procedimiento son los mayores de 30 años o personas más jóvenes que tienen líneas de expresión que les incomodan.

“Puede ser utilizado en ambos sexos, pero en los varones debe usarse una dosis un poco mayor, ya que la musculatura facial del hombre es más fuerte y resistente que la de la mujer”, aclara.
¿De dónde proviene la toxina botulínica?
Es una complicada proteína molecular muy sensible, producida por la bacteria Clostridium Botulinum. Este microorganismo se encuentra en cualquier lugar del planeta, tanto en tierra firme como en el agua y alimentos descompuestos, y se mantiene normalmente inactiva durante años, pero bajo determinadas condiciones se activa y produce la toxina botulínica.
Un procedimiento rápido y ambulatorio
Se trata de un procedimiento simple, que se realiza en forma ambulatoria, inyectando pequeñas dosis de toxina botulínica en el músculo de la zona que se quiere tratar.

La doctora Haack explica que el procedimiento no requiere de anestesia local, ya que se realiza con una aguja muy fina. Además, el hecho de infiltrar con anestésico local distorsiona la zona a tratar. Para minimizar el dolor, se aplica hielo local minutos previos y de esta forma se insensibiliza un poco el área, con lo que resulta un procedimiento muy bien tolerado. Inmediatamente después de la aplicación, la piel se enrojece y puede producirse una pequeña equimosis (moretón) en el sitio del pinchazo. Ambos efectos desaparecen al segundo o tercer día.

“Es muy importante que su aplicación sea realizada por un médico especialista, ya que requiere de un conocimiento acabado de la anatomía de la musculatura facial”, destaca la doctora Haack.

Los principales cuidados que debe tener el paciente son durante las cuatro horas siguientes. Debe mantener la cabeza erguida en posición vertical para impedir que el producto migre hacia zonas no deseadas. Luego, puede reincorporarse a sus actividades cotidianas. Los efectos comienzan a manifestarse alrededor del tercer o cuarto día de la aplicación.

Después de la segunda y tercera semana, todo paciente debe someterse a una reevaluación. Si no se han obtenido los resultados deseados, se le aplica una dosis de refuerzo.
¿Cómo actúa?
La toxina botulínica funciona relajando la musculatura facial e impidiendo que se contraiga, con lo que evita la formación de las líneas de expresión, especialmente en la zona superior de la cara, como los surcos horizontales de la frente, líneas del ceño y “patas de gallo”. Esto proporciona una apariencia más juvenil que ayuda a la persona a reforzar su autoestima.

Una de sus principales ventajas es que se trata de un producto biológico que no es tóxico, debido a las pequeñas dosis que se utilizan, ni presenta complicaciones sistémicas. “No tiene contraindicaciones, ya que no produce efectos colaterales ni es alergénico”, explica la doctora Haack.
Otras aplicaciones
En la actualidad, toxina botulínica tiene aplicaciones clínicas que superan el campo de la estética. Por ejemplo, se utiliza en la corrección del estrabismo, blefaroespasmos, espasticidad de adultos y niños, y también en el tratamiento de algunos tipos de migrañas.

En los últimos años, también ha comenzado a utilizarse en pequeñas dosis en los casos de hiperhidrosis (sudoración excesiva) palmar y axilar.
¿Cómo actúa?
La toxina botulínica funciona relajando la musculatura facial e impidiendo que se contraiga, con lo que evita la formación de las líneas de expresión, especialmente en la zona superior de la cara, como los surcos horizontales de la frente, líneas del ceño y “patas de gallo”. Esto proporciona una apariencia más juvenil que ayuda a la persona a reforzar su autoestima.

Una de sus principales ventajas es que se trata de un producto biológico que no es tóxico, debido a las pequeñas dosis que se utilizan, ni presenta complicaciones sistémicas. “No tiene contraindicaciones, ya que no produce efectos colaterales ni es alergénico”, explica la doctora Haack.
Otras aplicaciones
En la actualidad, toxina botulínica tiene aplicaciones clínicas que superan el campo de la estética. Por ejemplo, se utiliza en la corrección del estrabismo, blefaroespasmos, espasticidad de adultos y niños, y también en el tratamiento de algunos tipos de migrañas.

En los últimos años, también ha comenzado a utilizarse en pequeñas dosis en los casos de hiperhidrosis (sudoración excesiva) palmar y axilar.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Cirugía Plástica.




Deja un comentario