Trastornos Alimentarios: Jóvenes atormentados frente al espejo


Se acerca el verano y poco a poco la ropa de la temporada comienza a mostrar partes del cuerpo que se mantuvieron ocultas, delatando algunos kilos de más acumulados en el invierno.

Es así como empiezan a hacerse famosos los gimnasios y las dietas, lo que aumenta el riesgo de que algunas personas desarrollen trastornos de la conducta alimentaria, principalmente anorexia nerviosa y bulimia.

Ambas enfermedades se desarrollan fundamentalmente en la adolescencia y juventud, y suelen ser más comunes en mujeres, aunque en los últimos años se han visto cada vez más casos de hombres.

Consisten en manifestaciones extremas de una preocupación excesiva por el peso y la comida, conducta que suele ser exacerbada por la sociedad actual, donde el ideal estético difundido por los medios de comunicación son modelos o figuras televisivas, con un peso muy por debajo del que tiene el promedio de la población.
PREVALENCIA

De acuerdo con una publicación de la Revista Chilena de Nutrición de agosto de 2002, los trastornos de la conducta alimentaria han aumentado en países occidentales industrializados en los últimos decenios (0.5 a 1%), produciéndose la gran mayoría de ellos en mujeres de nivel socioeconómico medio o alto, con una edad promedio de inicio en el 85% de los casos, entre 13 y 20 años.

Este mensaje suele tener un importante impacto en los más jóvenes, quienes muchas veces pretenden identificarse con ciertos estereotipos para lograr la aprobación de sus pares.

Es así, como pueden iniciar una búsqueda desenfrenada de la delgadez como medio para alcanzar el éxito y la aceptación social.

La doctora Ana María Martini, psiquiatra de la Unidad de Atención Integral del Adolescente de Clínica Alemana, explica que a los factores socioculturales se suma una serie de elementos personales y familiares que pueden influir en la aparición de estos trastornos.

“Generalmente existe una vulnerabilidad o fragilidad individual que hace a la persona estar más predispuesta a presentar estos cuadros”, dice la especialista.

“Además de lo anterior, hay factores que pueden actuar como precipitantes en la aparición de estos desórdenes alimenticios, como por ejemplo, rupturas familiares, baja autoestima, altos niveles de exigencia personal, pérdidas afectivas y dietas, entre otros”, agrega.
Signos de alerta
Si bien, tanto la anorexia nerviosa como la bulimia tienen un origen similar, sus manifestaciones son diferentes.

La anorexia nerviosa es un trastorno alimentario caracterizado por una imagen corporal distorsionada, es decir, las personas se ven más gordas de lo que son.

Además, tienen un miedo intenso a subir de peso, por lo que se mantienen por debajo de los niveles mínimos. Generalmente, su estrategia para adelgazar es disminuir la ingesta de alimentos y realizar una actividad física excesiva. De esta forma se establece una dieta libre de calorías y muy restringida.

Los principales signos que revelan esta enfermedad son pérdida de la menstruación, presión sanguínea baja, caries dentales, depresión y atrofia muscular.

De acuerdo a la doctora Martini, la anorexia aparece generalmente entre la pubertad y el inicio de la juventud, y sólo en casos excepcionales se presenta antes de los 9 y después de los 25 años. “Sin embargo, se estima que en el último tiempo la edad de inicio es menor en el caso de las niñas”, sostiene la psiquiatra.

La bulimia, en cambio, tiene un comienzo algo más tardío, generalmente después de los 18 años, y es un trastorno mental que se caracteriza por episodios de voracidad, es decir, la persona come grandes cantidades de comida en poco tiempo en forma de “atracones”, a los que siguen siempre conductas tendientes a evitar el aumento de peso, como vomitar o consumir laxantes.

Otras manifestaciones de la bulimia son la necesidad de hacer constantemente dietas, deshidratación, alteraciones menstruales, aumento de caries dentales, además de incrementos y disminuciones bruscas de peso.
La importancia de un tratamiento multidisciplinario
Para realizar un diagnóstico adecuado es fundamental descartar otras posibles causas de la pérdida de peso, como por ejemplo, enfermedades endocrinas, metabólicas, digestivas o del sistema nervioso central.

Si efectivamente se concluye que se trata de un trastorno de la conducta alimentaria, es importante evaluar el grado de severidad y posibles complicaciones médicas, es decir, verificar si existen otras enfermedades asociadas.

En la Unidad de Atención Integral del Adolescente el tratamiento de estos cuadros es multidisciplinario, de manera de realizar las intervenciones terapéuticas necesarias de acuerdo a las características y necesidades de cada persona.

Para ello se cuenta con psiquiatras, psicólogos, nutriólogos, adolescentólogos, endocrinólogos y ginecólogas infantojuveniles.

La base es el tratamiento psiquiátrico, el cual se fundamenta en una terapia farmacológica adecuada complementada con psicoterapia, la que idealmente debe involucrar tanto al individuo como a sus familiares directos, ya que ellos cumplen un rol importantísimo en este proceso.

A juicio de la doctora Martini, es imprescindible incorporar en el tratamiento alguna forma de terapia familiar. “La idea no es culpar a sus integrantes por sus problemas, sino darles apoyo y comprensión. De esta forma se les ayuda a cambiar algunas conductas y relaciones que pueden estar influyendo en el problema del paciente”.

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Categoría: Nutrición y Dietética.




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