Vacaciones en la tercera edad: Para renovar la mente y el cuerpo


Viajar, descansar y olvidarse por unas semanas de las obligaciones cotidianas es un anhelado deseo que en esta época comienza a hacerse realidad. Al igual que aquellos que aprovechan las vacaciones para desconectarse de las exigencias laborales o académicas, los adultos mayores necesitan disfrutar de unos días lejos de su rutina habitual para pasear, relajarse y compartir con su familia o con personas de su edad, en un contexto distinto.

La idea es aprovechar este tiempo libre para tomar distancia de los imperativos del día a día y liberarse de los automatismos y controles a los que se somete la conducta, aprovechando los espacios de libertad para crear, explorar, jugar, imaginar, vivir y revivir momentos de goce. Estas son nuevas fuentes de energía que permiten renovarse.

El verano es una época especialmente apropiada para que los integrantes de la tercera edad salgan de sus casas sin tantas precauciones como en el invierno. Para sacarle el mejor provecho al buen tiempo, el doctor Eric Blake, jefe de la Unidad de Geriatría de Clínica Alemana, explica que es importante considerar ciertos aspectos.

Protección solar
Si bien la protección solar es fundamental a cualquier edad, en el caso de los adultos mayores deben intensificarse algunas medidas, dado que su piel es más frágil, delgada y seca, además su capacidad de pigmentación es baja, debido tanto al efecto del envejecimiento como a toda la exposición a los rayos ultravioletas acumulada durante la vida.

“Con la edad, la piel se vuelve menos efectiva como aislante térmico y tiene una menor sensibilidad, lo que la hace más vulnerable a los efectos nocivos del sol”, sostiene el doctor Blake.
Para evitar consecuencias como quemaduras o, incluso, un cáncer de piel, se recomienda usar bloqueadores solares con factor no inferior a 20 en las zonas expuestas a mayor radiación. Asimismo, se deben utilizar lentes de sol y un sombrero que cubra adecuadamente el cuero cabelludo.

A esto hay que sumar el uso de cremas o lociones humectantes para la piel, y beber suficiente líquido para mantener la hidratación. “No se debe esperar tener sed para hacerlo porque, el organismo del adulto mayor no reacciona a la deficiencia de líquido como en los jóvenes, por lo que la sed suele ser una señal tardía en la tercera edad”, explica el especialista.

En cuanto a los baños en el mar, piscinas o ríos, es recomendable que sean cortos, porque los adultos mayores tienen mayor tendencia a la hipotermia. En caso de aguas calientes, como las termas, tampoco es conveniente permanecer por periodos largos y menos pasar bruscamente del agua caliente a la fría como suele verse, porque el cambio brusco de temperatura no aporta ningún beneficio e incluso puede provocar espasmos coronarios.

Viajes en auto y avión
Cuando un adulto mayor va a manejar un vehículo por largas horas en carretera, es importante consultar previamente al médico para ver si existe algún problema de salud que dificulte esta tarea. Por ejemplo, si se están tomando medicamentos que puedan alterar el estado de alerta, como tranquilizantes, antidepresivos, hipnóticos o antialérgicos, es importante preguntar al especialista si es posible suspenderlo el día del viaje, de manera de evitar problemas de concentración al conducir.

Asimismo, es aconsejable manejar con luz de día, por ningún motivo al atardecer y menos de noche, porque disminuye considerablemente la visibilidad y el cansancio juega en contra. También se recomienda detenerse cada dos horas, en lugares seguros, y caminar un poco, con el fin de descansar y recuperar la capacidad de concentración.
Durante los viajes prolongados en bus, también es conveniente levantarse y caminar periódicamente, ya que así se reactiva la circulación de las extremidades. Esto es de suma importancia, porque uno de los principales problemas que afectan a los adultos mayores en viajes largos, donde deben permanecer varias horas inmóviles, es la formación de coágulos de sangre en las venas de las piernas, enfermedad llamada trombosis venosa profunda (TVP).

Este problema también es frecuente en traslados en avión, donde además se presentan otras dificultades debido a que la presión de la cabina es inferior a la presión atmosférica a nivel del mar. Quienes sufren de una significativa reducción en la capacidad de transporte de oxígeno, cuando viajan a gran altura pueden experimentar una baja de su concentración y llegar a un nivel inferior al límite aceptable, lo que podría provocar complicaciones en enfermos del corazón, de los pulmones o con anemias importantes.

Algunos problemas que pueden presentarse son estrés biológico aumentado, arritmias, angina de pecho, descompensación de una insuficiencia cardiaca y dificultad respiratoria, entre otros. Además, en viajes largos, aquéllos que tienen mala oxigenación pueden experimentar algún grado de agitación, inquietud y hasta desorientación.

En viajes por avión también la humedad relativa es menor y, por lo tanto, se evapora más agua por la piel. Es por eso que es recomendable beber abundantes líquidos, pero no alcohólicos, ya que el alcohol ejerce un efecto diurético agravando la deshidratación.

Si consideran estos consejos y consultan al especialista antes de emprender el anhelado viaje de verano, los más grandes de la familia podrán minimizar los riesgos para disfrutar de unas merecidas vacaciones.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Psicología y Psiquiatría.




Deja un comentario