Vacuna contra la rubéola


Tras la aparición de 36 casos de peste rubéola en una Unidad de Grumetes y el contagio de un estudiante universitario de la V Región, ha vuelto a la palestra una enfermedad que se conoce desde 1814. Antes de esa fecha se creía que se trataba del sarampión, ya que ambas afecciones producen un exantema, pequeñas manchas rojas o rosadas en la piel de los niños.

La rubéola, que da sólo una vez y produce defensas de por vida, es benigna y, además del exantema, presenta pequeños ganglios en el cuello, fiebre baja, conjuntivitis y ocasionalmente dolores articulares.

Según el doctor Pablo Vial, infectólogo y decano de la Facultad de Medicina Clínica Alemana-Universidad del Desarrollo, la rubéola se produce por contacto directo con las secreciones provocadas por la multiplicación del virus en la faringe. También se contagia cuando estas secreciones son aerosolizadas al hablar, toser y estornudar.

“En 1990 se inició la inmunización de los niños de un año con la vacuna trivírica (vacuna sarampión, rubéola y paperas) y se produjo una reducción importante de la incidencia de la enfermedad a nivel nacional. Dado que la cobertura de vacunación no es 100%, siempre quedan grupos pequeños no vacunados que al acumularse, pueden producir brotes”, explica el doctor Vial.
La vacuna en Chile
La vacuna utiliza un virus rubéola vivo, pero atenuado, es decir, que está modificado para no producir la enfermedad. Para mayor seguridad, se recomienda no ponerla durante el embarazo, a pesar de los sobre mil casos (notificados en Estados Unidos) en que se ha vacunado inadvertidamente a mujeres en gestación sin efectos adversos.

“Esta vacunación tiene el objetivo de proteger a las mujeres en edad fértil contra el virus y lograr que éste no circule en la comunidad, por eso se vacuna a ambos sexos. También puede ser utilizada para controlar brotes, cuando estos ocurren en una institución o en una región específica”, señala el especialista.
En Chile se ha adoptado una estrategia de dar dos dosis de la vacuna (al año y a los siete años) para intentar proteger a la población, siendo ambas gratuitas por formar parte del Plan Ampliado de Inmunizaciones del Ministerio de Salud. Además, se realizan campañas de vacunación cada cierto tiempo para intentar inmunizar a las mujeres que puedan haber quedado desprotegidas.

Cuidado con el embarazo
Los síntomas en mujeres adultas suelen ser más intensos y se traducen en fiebre alta, artritis transitoria, dolor de cabeza y marcados exantemas. Sin embargo, no produce complicaciones especiales en la paciente.
En Clínica Alemana se realiza la prueba de anticuerpos (IgG anti-rubéola) para detectar si la mujer tiene defensas (por haber tenido la infección o por vacuna) contra la rubéola.
Si no tiene anticuerpos, se recomienda vacunar siempre que no esté embarazada. En el caso de que lo esté, se espera hasta el parto para administrarle la vacuna.
Esta prueba es derivada por un profesional, y se lleva a cabo de lunes a viernes hasta el medio día. No se necesita ayuno.

Pese a esto, hay que tener sumo cuidado en el embarazo, ya que se pueden producir malformaciones en algunos de los órganos del feto.

Mientras más temprano se adquiere la rubéola, más severa es la infección en el feto. A partir de la segunda mitad del embarazo, generalmente la infección no tiene ninguna consecuencia para el feto.

“Si el contagio se produce específicamente durante las primeras 20 semanas de gestación, el virus se transmite al bebé en el 85% de los casos y puede alterar la formación de su corazón, ojos, oídos y cerebro”, afirma el doctor Vial.

Según lo descrito por Dr. Gregg, en 1941 en Australia, este tipo de rubéola se denomina síndrome de rubéola congénita, es decir, que es adquirida durante la vida fetal, y se caracteriza por sordera, cataratas, defectos cardiacos, cabeza pequeña, retraso mental, alteraciones de los huesos e inflamación del hígado y bazo.

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