Viviendo con Hepatitis C


En la actualidad, muchas personas con Hepatitis C se preocupan por el pronóstico y los riesgos de transmitir esta infección a sus seres cercanos. Tal inquietud no deja de ser relevante si se considera que el virus de esta patología constituye uno de los agentes etiológicos más importantes de daño hepático crónico, según un estudio publicado en octubre de 2003 en la Revista Médica de Chile.

La Hepatitis C es una enfermedad crónica del hígado, causada por un virus que tiene afinidad por este órgano, y que produce inflamación persistente y silenciosa.

El doctor Edgar Sanhueza, gastroenterólogo y hepatólogo de Clínica Alemana, explica que el mecanismo de contagio más frecuente en los años 80 era a través de transfusiones. Sin embargo, en la actualidad el riesgo de que esto suceda es bajo, ya que los bancos de sangre cuentan con métodos de detección.

Otra forma de adquirir la infección es a través de jeringas compartidas entre adictos a las drogas y, en menor grado, la transmisión materna (0 a 10% de posibilidades de contagio). No obstante, existe un grupo de pacientes en los cuales no se ha podido establecer el mecanismo de contagio.

“No existe un método eficaz de prevención, no se ha desarrollado una vacuna. Por ahora, sólo se debe evitar compartir elementos que contengan sangre de otras personas, como agujas contaminadas, máquinas de afeitar, entre otros”, sostiene el especialista.

En general, esta enfermedad no produce molestias, por lo que muchas personas sólo se dan cuenta de que están infectadas al realizarse exámenes de laboratorio rutinarios.
Cuando la infección ha estado presente durante muchos años, el hígado puede tener cicatrización permanente, es decir, una afección llamada cirrosis. En muchos casos es en esta etapa cuando aparecen los síntomas, como ictericia (cuando la piel se vuelve amarilla), dolor abdominal en la parte superior derecha, pérdida del apetito, distensión abdominal por líquido y hemorragia digestiva por várices, entre otros.

Tratamiento
La Hepatitis C tiene tratamiento específico y si se sigue en forma adecuada se puede sobrellevar sin mayores complicaciones.

Consiste en una combinación de un inmunomodulador llamado interferón -que se administra a través de una inyección- asociado al antiviral ribavirina, cápsula que se debe tomar dos veces al día. Ambos medicamentos producen efectos secundarios en los pacientes como síntomas similares a la gripe, dolor de cabeza, fiebre y fatiga, entre otros. También pueden interferir en la producción de glóbulos rojos y blancos.

Además del tratamiento, todas las personas con hepatitis C deben recibir la vacuna contra la hepatitis A y B.

Asimismo, se recomienda a estos pacientes evitar cualquier sustancia tóxica para el hígado, incluidos fármacos sin prescripción médica. También deben abstenerse de consumir alcohol, porque incluso en cantidades moderadas acelera la progresión de la hepatitis C y reduce la efectividad del tratamiento.

El grado de avance de la enfermedad varía de un individuo a otro. De las personas que no son tratadas entre el 15 y 20% desarrollará una cirrosis y sus complicaciones. En estos casos la única alternativa de tratamiento es el trasplante de hígado.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Preguntas y Respuestas.




Deja un comentario