Artritis en niños: La clave es la detección precoz


Generalmente, se cree que la artritis es una enfermedad exclusiva de la vejez, sin embargo, esta patología también puede afectar a los más pequeños. Cuando esto sucede se le conoce como artritis reumatoide juvenil (ARJ) y, actualmente, por consenso internacional, se le denomina artritis idiopática juvenil (AIJ).

La doctora Marta Miranda, reumatóloga infantil de Clínica Alemana, explica que “esta enfermedad corresponde a un conjunto de artropatías infantiles de curso crónico y de expresión clínica heterogénea”.

Asimismo, asegura que si bien estas afecciones no tienen curación, la terapia actual permite mantenerlas inactivas para que el niño logre un crecimiento adecuado y una adaptación a su medio lo más normal posible.

Además, como muchas otras enfermedades reumatológicas, la artritis idiopática juvenil compromete el sistema músculo-esquelético, particularmente las articulaciones, produciendo dolor y entumecimiento de las mismas. Se diferencia de las afecciones de tipo traumático u ortopédico -las que también involucran el aparato locomotor- en que la causa es un proceso inflamatorio crónico. Asimismo, este síndrome puede afectar otros órganos y sistemas.

Respecto de la causa exacta, está lejos de ser conocida. “Probablemente exista una predisposición genética, sobre la cual operan diferentes tipos de estrés, tanto inflamatorios como infecciosos, físicos, químicos o psíquicos, los que actuarían en un sistema inmune ‘disfuncional'”, asegura la especialista.

La artritis idiopática juvenil es una patología que se conoce poco, primero porque su frecuencia es baja, independiente de la raza y el medio social donde se presente. La doctora Miranda señala que, “anualmente, aparecen aproximadamente entre 10 y 20 casos nuevos por cada 100.000 niños menores de 15 años”.

A esto se suma que existen factores que contribuyen en el escaso reconocimiento de la enfermedad, como condiciones estructurales y funcionales del aparato locomotor propias del niño, un sistema inmune en desarrollo y una capacidad limitada de verbalizar las molestias. Muchos de estos cuadros no afectan el estado general del menor ni el compromiso inflamatorio tiene una traducción en los exámenes de laboratorio.
La reumatóloga infantil explica que “la inflamación clínica de la mayoría de ellos dista mucho del concepto de inflamación que estamos acostumbrados a ver en cuadros infecciosos o traumáticos, en los que se observan signos claros de hinchazón como rubor, calor, aumento de volumen y dolor en su máxima expresión. Esto dificulta el reconocimiento por parte de los padres, interfiere con una consulta y derivación adecuada, y posterga el diagnóstico precoz”.

Si en la etapa inicial estas artropatías son más o menos similares, en la evolución más allá de los seis meses es posible distinguir seis síndromes definidos, con algunas características clínicas propias, con pronósticos diferentes y conductas terapéuticas distintas.

Si bien estas afecciones no tienen curación, sí existen tratamientos para sobrellevarlas. “El objetivo de éstos es mantenerlas “inactivas” o “controladas” para evitar el dolor y el daño articular irreversible, favorecer el desempeño psico-social y permitir un crecimiento adecuado”.

Actualmente, el manejo de esta enfermedad es mejor porque se conocen más los mecanismos de la inflamación y los diversos factores que posiblemente interactúan, además, se dispone de mejores técnicas de laboratorio e imágenes que facilitan el diagnóstico. También se cuenta con mayor diversidad de fármacos.

Una de las alternativas para los casos resistentes a la terapia estándar son las terapias denominadas biológicas. En forma paralela, y con igual importancia que el tratamiento medicamentoso, está la rehabilitación integral que incluye los aspectos físicos, psíquicos y nutricionales.

Es importante que las personas y los padres en particular, sepan que las artritis inflamatorias crónicas no son enfermedades exclusivas de los adultos, sino que pueden ocurrir en cualquiera edad. Comprendiendo de qué se trata, participarán más activamente en el tratamiento de sus hijos. Para esto se requiere de un equipo multidisciplinario, compuesto por pediatras reumatólogos o inmunólogos, fisiatras, terapeutas físicos y ocupacionales, psicólogos, oftalmólogos y traumatólogos ortopedistas.

El pediatra y el traumatólogo infantil serán los que deriven en forma oportuna al especialista para la confirmación diagnóstica e inicio de la terapia. “Actualmente, se reconoce que la mejor oportunidad para obtener la remisión de la enfermedad son los dos primeros años de evolución. Lo anterior refuerza la necesidad de un diagnóstico temprano y conductas terapéuticas más razonables y precoces”, asegura la doctora Miranda.
Artritis según comportamiento:

– Artritis reumatoide juvenil/artritis idiopática juvenil sistémica: Se acompaña de fiebre prolongada y alta (39°- 40°). Se puede asociar a lesiones de piel de color rosado pálido, evanescente (fugaces: aparecen y desaparecen). Su ubicación más frecuente es en la piel del pecho y cerca de las raíces de los miembros. También puede haber crecimiento de ganglios, hígado y bazo, o inflamación de las membranas que cubren el corazón, el pulmón o la peritoneal que cubre la cavidad abdominal. No siempre están presentes todos estos signos juntos. Este tipo de artritis es más grave cuando se afectan muchas articulaciones.

– Artritis reumatoide juvenil/artritis idiopática juvenil poliarticular con factor reumatoideo positivo: Compromete un mayor número de articulaciones (cinco o más), produciendo rápidamente discapacidad. Representa el grupo de menor frecuencia en pediatría (10%). Afecta principalmente a las adolescentes y se trata de la misma enfermedad de los adultos pero que comienza más temprano. Ataca a las pequeñas articulaciones de las manos y pies, en forma simétrica. Para confirmar su diagnóstico requiere la presencia del “factor reumatoideo”, detectado en un análisis de sangre.

– Artritis reumatoide juvenil/artritis idiopática juvenil poliarticular sin factor reumatoideo: Ataca a niños más pequeños y compromete más de cinco articulaciones grandes y en forma asimétrica. No dispone de ningún marcador de laboratorio específico.

– Artritis reumatoide juvenil/artritis idiopática juvenil oligoarticular: Compromete cuatro o menos articulaciones, en el 80% de los casos se ve afectada la rodilla. La edad de presentación es entre los dos y seis años. No afecta el estado general ni produce fiebre. Habitualmente, duele poco y los padres suelen descubrir la inflamación en forma casual, cuando observan a su niño con una rodilla o tobillo hinchado. Esto dificulta el diagnóstico precoz. Este tipo de artritis suele asociarse a una complicación ocular denominada “uveitis crónica” que, frecuentemente, es asintomática y puede causar pérdida de la visión si no se realiza una pesquisa oftalmológica sistemática.

– Artritis reumatoide juvenil/artritis idiopática juvenil asociadas a psoriasis: No tienen un patrón definido, pueden afectar tanto pocas como muchas articulaciones. El compromiso articular puede asociarse a “periartritis” (la articulación se observa de un color violáceo, que sobrepasa los limites de la misma). Cuando sucede en los dedos se llama dactilitis. Otro compromiso son las anomalías en las uñas, ya sea un piqueteado en su superficie o un crecimiento anómalo. El compromiso de la piel (psoriasis) puede estar presente en forma simultánea a la afección articular o estar desfasado en el tiempo, es decir, haberlo sufrido antes o aparecer en el futuro. En todo niño con artropatía es necesario conocer el antecedente de psoriasis en parientes de primer grado, ya que la asociación a dactilitis o piqueteado ungueal son suficientes para el diagnóstico, en ausencia de las lesiones características de la piel.

– Artritis reumatoide juvenil/artritis idiopática juvenil asociada a entesitis: Se presenta preferentemente en niños varones, mayores de seis años. Suele haber una causa precipitante que ocurre hasta un mes antes del inicio de la artropatía, como una infección bacteriana a distancia de la articulación comprometida. Como su nombre indica, se asocia a inflamación de entesis, estructura a través de la cual se insertan en el hueso cápsulas articulares, tendones y ligamentos. Este tipo de artropatía, a veces, puede expresarse por inflamación exclusiva de esta zona de inserción, lo cual dificulta el diagnóstico. Las entesis que soportan grandes tironeamiento, como la inserción del tendón de Aquiles, o la que existe en la planta del pie suelen ser muy dolorosas. Estas artropatías también se asocian a compromiso ocular (uveitis “aguda”). A la inversa del cuadro que se asocia a las formas oligoarticulares, esta uveitis es muy sintomática (ojo rojo y doloroso), lo que motiva frecuentemente que estos niños lleguen primero al oftalmólogo en lugar de al reumatólogo.

– Artritis reumatoide juvenil/artritis idiopática juvenil, artritis indiferenciada: Se utiliza este término cuando no es posible determinar el grupo exacto de artropatía crónica, ya sea porque no se dispone de elementos clínicos y/o de laboratorio para definirlo o porque presenta características de dos o más cuadros. Sin embargo, si se realiza un adecuado seguimiento es posible determinarlo.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Pediatría.




Deja un comentario