Aspectos históricos de las lesiones torácicas infantiles


El tratamiento de traumatismos torácicos ha evolucionado durante un periodo de 5000 años. El papiro de Smith (3000 AC) contiene notas sobre lesiones torácicas tratadas por Imotep. Eran lesiones simples atendidas con técnicas relativamente sencillas.
En su escrito del siglo iv AC, Hipócrates relacionaba las fracturas costales con hemoptisis y prescribía descanso y sangrías en pacientes con costillas rotas. También aconsejaba estabilizar la pared del tórax mediante vendaje, una terapéutica apropiada en una edad en que el control del dolor era inadecuado. Los antiguos egipcios, romanos y griegos consideraban que las lesiones penetrantes del tórax eran habitualmente mortales. En el siglo HI AC Aristóteles escribió, “de todas las vísceras, el corazón solo no puede soportar una lesión”. En sus textos del siglo ti DC, Galeno describió el taponamiento de heridas del tórax abiertas sufridas por gladiadores en Roma.1° En el siglo xvi, Ambrosio Paré aludía al enfisema subcutáneo relacionado con la lesión de la pared del tórax y recomendaba desbridar segmentos de costillas rotas. En el siglo xvii, Riolan trataba lesiones cardiacas en animales. Riolan y Esculteto describieron el enfisema como una complicación de lesiones torácicas penetrantes. Esculteto también aconsejaba sondas para drenaje e irrigación en infecciones intrapleurales establecidas, cuya función era la de conductos pasivos. Sin embargo, se reconocía la importancia de la aspiración, en especial en el tratamiento de infecciones. Puesto que no se contaba con un medio mecánico eficiente de aspiración, surgió la aspiración bucal de heridas por “succionadores de heridas” profesionales como forma de tratar infecciones torácicas. Anel, un cirujano militar que escribió un tratado titulado El arte de succionar heridas en 1707, señaló que los succionadores de heridas profesionales sufrían (un hecho más bien obvio) infecciones bucales frecuentes.
En el siglo xix, Playfair15 desarrolló un dispositivo de sello de agua rudimentario para drenar la cavidad pleural. No obstante, la toracentesis se acompañaba de una elevada mortalidad. Según los informes, Dupytron de París, uno de los cirujanos ejemplares de esa época, practicó toracentesis en 50 pacientes con sólo dos supervivientes a largo plazo. Cuando Dupytron desarrolló después un empiema, rehusó la toracentesis, comentando que “prefería morir por la mano de Dios que por la de los cirujanos”.
El tratamiento de las lesiones del corazón suscitó un gran debate; nada menos que Theodore Billroth afirmó en 1885: “el cirujano que intente suturar una herida del corazón perderá el respeto de sus colegas”. A pesar de estos conceptos expresados por eruditas figuras, en 1896 se llevaron a cabo las primeras reparaciones de una herida cardiaca penetrante en el hombre: Rehn, de Frankfurt, Alemania, y poco después Lucius Hill, de Montgomery, Alabama.
Muchos de los adelantos del tratamiento de traumatismos torácicos en el siglo xx son el resultado de los adelantos de la anestesia, imágenes y cuidado de apoyo respiratorio. La ventilación con presión positiva hizo posible un tratamiento quirúrgico más radical de las lesiones torácicas. Las depuraciones del equipo y la técnica permitieron obtener radiografías de tórax, de las que rápidamente se dispuso con amplitud. Como consecuencia de la experiencia con las víctimas de la Primera Guerra Mundial, el drenaje del tórax por empiema se constituyó en una rutina. El desarrollo deantibióticos, que se inició en la década de 1930, y la aceptación difundida de la importancia del drenaje de la cavidad pleural por complicaciones no infecciosas mejoraron notablemente el pronóstico tanto de lesiones penetrantes como de las contusas. La experiencia con desastres masivos durante la Segunda Guerra Mundial demostró la eficacia del tratamiento intensivo de las lesiones torácicas.
Desde la guerra de Corea, la disponibilidad de la circulación extracorpórea posibilitó el tratamiento de lesiones cardiacas. En fecha más reciente, el desarrollo de la tomografía por computadora y las imágenes de resonancia magnética permitió comprender mejor las lesiones torácicas y su tratamiento. En cuidado crítico, la supervivencia prolongada de pacientes con lesiones que previamente eran mortales llevó a la descripción formal del síndrome de insuficiencia respiratoria del adulto. La creciente organización del suministro de cuidados de traumatismos, basado en su mayor parte en las experiencias en Corea y Vietnam, y los esfuerzos para prevenir lesiones, también redujeron la morbilidad y mortalidad.
Los niños con lesiones torácicas se beneficiaron inmensamente de la experiencia militar en el tratamiento de adultos con estos problemas. El establecimiento del apoyo pediátrico avanzado para la vida y de centros de traumatología infantil dio por resultado una definición más adecuada de las lesiones torácicas y el tratamiento más rápido de ellas.
Con propósitos de presentación y clasificación, las anormalidades torácicas pueden dividirse en contusas, penetrantes y yatrógenas. Puede lesionarse cualquiera de las estructuras de la pared del tórax o del contenido intratorácico y todas se consideran en este capítulo.

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Categoría: Pediatría.




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