Bullying: Un secreto a voces


Francisco tenía sólo ocho años cuando sus compañeros empezaron a acosarlo. ¿El motivo? No jugar fútbol. El tormento se prolongó hasta los quince y hoy todavía vive las consecuencias de años de persecución. Este problema denominado bullying se ha instalado en la sociedad chilena y se define como una forma de agresión intencional que causa daño físico y/o emocional, la cual es sostenida en el tiempo. Además, existe un desbalance de poder entre los implicados, donde la víctima experimenta un sentimiento de indefensión y dolor, no sólo al momento del ataque.

Este fue justamente el tema que abordó el doctor Alberto Trautmann, pediatra de la Unidad de Adolescencia de Clínica Alemana, en la charla “Acoso escolar o bullying”. “El problema está en el tapete hace veinte años en Europa y Estados Unidos y, últimamente, se le ha dado más importancia debido a los recurrentes casos de violencia escolar, suicidios de niños muy pequeños y asesinatos masivos en colegios estadounidenses”, explica.

Experiencia que el especialista comprobó en la consulta a través de pacientes adolescentes que llegaban muy seguido por dolor de cabeza, con moretones, o bien, que se cambiaban permanentemente de colegio.

“Este tipo de violencia se ejerce en solitario o en grupo y puede ser una intimidación directa, daño físico como empujones, puñetazos, o verbales como insultos, sobrenombres, etc. O indirecta, destinada a menoscabar la autoestima de la persona y fomentar su inseguridad a través de rumores, aislando al individuo, entre otras cosas. Ésta última es más común en mujeres”, señala.

Generalmente, el agresor es de personalidad agresiva, desafiante contra figuras de autoridad, impulsivo y con poca tolerancia a la frustración. La víctima, en cambio, es débil, pasiva, insegura, ansiosa, con baja autoestima, tiene pocos amigos, no es agresiva ni violenta, sufre calladamente, no toma represalias y tiene buen rendimiento escolar. Asimismo, pasa más tiempo en su casa, es sobreprotegida y, en el ámbito social, no calza con el resto, a veces, por su aspecto físico (obesidad, usar anteojos, orejas grandes).
Cuando se manifiesta en cursos del nivel básico, habitualmente, la agresión consiste en molestar a los demás, mientras que en enseñanza media esto se agudiza con violencia verbal y física. Este acoso se practica en el colegio durante los recreos, en los baños y pasillos e, incluso, en la sala de clases en presencia del profesor. Las nuevas tecnologías ayudan, ya que son un medio de transmisión muy potente entre los adolescentes, quienes pueden acosar a otro a través de Internet, mensajes de texto o por e-mail.

¿Qué hacer?
Según cifras mundiales, el 86% de jóvenes entre 12 y 15 años dice que compañeros de su colegio son victimizados. Asimismo, el 76% manifiesta que el bullying es un gran problema, incluso, más que el alcohol, drogas o la presión por tener relaciones sexuales.

El especialista argumenta que hay factores sociales que influyen en este fenómeno, como la validación de la violencia en los medios de comunicación y mensajes que promueven estereotipos y discriminación a lo distinto.

Por eso el doctor Trautmann aconseja a los padres estar atentos a la educación en el hogar, ya que esto determina las conductas de los hijos en la calle. “Los progenitores deben enseñar al niño a actuar socialmente; a tolerar la frustración; a respetar la diversidad; a manejar la rabia y el estrés; establecer límites; resolver conflictos, y fomentar la autoestima. “Los niños y adolescentes hacen lo que ven en su entorno y los adultos tenemos la responsabilidad de dar un buen ejemplo, cuidar las actitudes y la manera de actuar frente a situaciones determinadas, por ejemplo, algo tan simple como hacer comentarios sobre personas”, enfatiza.

También es importante tomar acciones en la comunidad escolar, en las salas de clases y a nivel individual por medio de reuniones periódicas para abordar el tema y reforzar las reglas contra la intimidación involucrando a los padres en este trabajo.
El especialista explica que las principales consecuencias de padecer bullying es que los menores están más propensos a sufrir trastornos psíquicos y físicos que sus pares -dos a cinco veces más problemas de salud que los demás-, bajan el rendimiento escolar, sufren ansiedad continua, fobia y ausentismo escolar por temor a la humillación. Además, están más expuestos a padecer depresión, tienen pensamientos suicidas, les baja la autoestima, pueden perder los amigos y sienten que merecen lo que les pasa.

El doctor Trautmann advierte que esto también es muy perjudicial para los espectadores, ya que adquieren un patrón equivocado de conducta ante las injusticias, valoran como respetable la agresividad, se desensibilizan ante el sufrimiento de otros y refuerzan la postura individualista.

“El bullying es más frecuente de lo que se piensa y es un problema que no diferencia estratos socioeconómicos ni sexo y puede ser causa de suicidio en los jóvenes que la padecen. Por eso la responsabilidad es de toda la comunidad, ya que se trata de un problema que daña el alma y que si no se trata, puede ser irreparable”, concluye.
¿Qué hacer con la víctima?
– Estimularlo(a) a compartir el problema
– Contenerlo(a)
– No esperar a que actúe solo(a)
– Poner en claro que no es culpa de él (ella)
– Alertarlo(a) a desarrollar actividades extracurriculares
– Que no ande solo
– Evaluación por un profesional de salud mental
– Ir al colegio y hablar con el profesor (acordar acciones)

¿Qué NO hacer?
– Hablar y amenazar al agresor fuera del colegio
– Instigar al hijo a que se defienda brutalmente
– Irrumpir en el colegio ocasionando un escándalo
– Sobreproteger a la víctima
– No dar importancia al problema
– Esperar
– No aplicar castigos desproporcionados al agresor ni tratarlo mal

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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