CHOQUE HIPOVOLEMICO en el recién nacido


La precarga representa el volumen de sangre que llega a los ventrículos. Es una función del volumen sanguíneo. Debido a lo poco práctico de la medición del volumen, la precarga se representa habitualmente por mediciones de la presión auricular. En la mayor parte de las situaciones clínicas, la presión auricular derecha es el índice de la precarga cardiaca. En situaciones en que la distensibilidad ventricular izquierda o derecha es anormal, o en ciertas formas de enfermedad cardiaca congénita, la medición de la presión auricular derecha puede subestimar o sobrestimar la precarga ventricular izquierda y puede ser engañosa. En lactantes y niños, casi todos los casos de choque cardiovascular son resultado de la reducción de la precarga secundaria a pérdida de líquidos, como en la diarrea o el vómito.
Todas las formas de choque pediátrico se acompañan de deficiencias significativas de los líquidos intravasculares e intersticiales funcionales. La hipovolemia
reduce el retorno venoso al corazón. La precarga decrece, el gasto cardiaco cae y el resultado final es una menor perfusión tisular. La infección invasiva y la hipovolemia son las causas más frecuentes de choque, tanto en niños como en adultos. El primer paso en el tratamiento del choque consiste en corregir las deficiencias de líquido existentes. No deben iniciarse agentes inotrópicos hasta que se restablezca el volumen adecuado de líquido. La velocidad y el volumen de la infusión dependen de las respuestas del paciente, en especial los cambios de la presión sanguínea, la fre-cuencia del pulso, el gasto urinario y la presión venosa central. El choque consecutivo a una hemorragia aguda se trata con la administración de 10 a 20 ml/kg de solución de Ringer con lactato o solución salina normal en forma de bolo. Si el sujeto no responde, se administra un segundo bolo de solución cristaloide. Cuando se cuenta con ella, se administra sangre del tipo específico o con pruebas cruzadas.
La elección del líquido para reanimación en el choque secundario a sepsis o por la pérdida de líquido extracelular (situaciones como la peritonitis, obstrucción intestinal y pancreatitis) no es tan sencilla. Los líquidos que emplean los autores como primera opción son el Ringer con lactato, la solución salina seminormal o la salina normal en los lactantes mayores y niños y solución de Ringer a la mitad de la concentración o solución salina seminormal para los recién nacidos. A pesar de su renuencia a usar soluciones con coloides para el tratamiento del choque, los autores hacen una excepción en el recién nacido o prematuro con septicemia en una situación desesperada. Para reponer los factores séricos deficientes, como la fibronectina y el complemento, suministran plasma fresco como líquido de reanimación.
La velocidad y volumen del líquido para reanimación se ajustan con base en los datos de la retroalimentación obtenidos con la vigilancia de los efectos de la reanimación inicial. Después de administrar el volumen inicial, se valora la calidad de la reposición mediante La vigilancia del gasto urinario, concentración urinaria, acidosis plasmática, oxigenación, presión arterial, presión venosa central y presión capilar pulmonar en cuña, si está indicado. Cuando hay insuficiencia cardiaca, la administración vigorosa continua de grandes volúmenes de líquido puede aumentar aún más la precarga al miocardio insuficiente y acelerar el deterioro. En estas circunstancias, se infunden agentes inotrópicos al tiempo que se vigilan las funciones cardiaca y pulmonar como se describió antes.

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Categoría: Pediatría.




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