Complicaciones después de un Traumatismo ortopédico pediátrico


Las complicaciones de traumatismos ortopédicos en niños pueden clasificarse como sistémicas o locales, tempranas o tardías. Las complicaciones sistémicas tempranas incluyen choque hipovolémico y alteración pulmonar por embolia adiposa. Una fractura de fémur cerrada puede provocar una hemorragia concurrente de la médula ósea o el periostio de varios cientos de mililitros, que en un niño pequeño representaría hasta el 25% del volumen sanguíneo.
En el capítulo 15 se comentan las características del choque hemorrágico; empero, cabe insistir en que los niños toleran por lo regular un porcentaje mayor de pérdida del volumen sanguíneo que los adultos antes de descompensarse. Las lesiones ortopédicas aisladas en niños rara vez dan lugar a una hemorragia suficiente para inducir choque, a menos que también se lesionen vasos u órganos mayores. Es posible que se pasen por alto lesiones vasculares concurrentes.20 Casi todas las anormalidades arteriales son obvias en el examen físico. Un estudio Doppler puede confirmar la ausencia de pulso. Quizá se requiera angiografía de sustracción digital para señalar con precisión el punto de lesión (fig. 19-3). Es posible una gama de lesión vascular, incluso cuando el miembro está caliente, si no existen pulsos. Las lesiones vasculares pediátricas se reparan habitualmente mediante anastomosis primaria, en ocasiones con injerto venoso y, rara vez, protésico. En heridas vasculares es importante el seguimiento a largo plazo ya que es posible que el retraso de crecimiento no se presente hasta años después de la lesión.21
Asimismo, hay informes de vasospasmo en niños con traumatismo ortopédico.22 La reducción cuidadosa de una fractura seguida de relajación arterial farmacológica restablece a menudo un buen flujo sanguíneo. Cuando no es así, es probable que se requiera una investigación radiológica y reparación quirúrgica.
El síndrome de compartimiento es una secuela importante de lesiones de los miembros y siempre debe considerarse en un paciente traumatizado. Ocurre cuando la presión dentro del compartimiento en un espacio fascial cerrado altera el riego de músculos y nervios. Los síntomas iniciales incluyen dolor o parestesia en la extremidad, que empeora con el estiramiento pasivo.
Los signos tempranos importantes comprenden un compartimiento tenso y un miembro pálido. Es posible encontrar pulso arterial a pesar de un síndrome de compartimiento en desarrollo. En el mejor de los casos, todos los anteriores son indicadores generales. Es posible valorar las presiones intracompartimentales por diversos medios.23•24 Si la presión del compartimiento es mayor de 34 mmHg, debe considerarse una fasciotomía tomando en cuenta los hallazgos clínicos. Quizá se requiera desbridamiento muscular cuando la alteración excedió Àas ocho a 10 horas. Si bien la parestesia sugiere que la lesión tisular es reversible, la lesión muscular suele dar por resultado cicatrización fibrosa, la más típica de la cual se denomina contractura isquémica de Volkmann Es una complicación temible de la lesión de un miembro y se atribuye a la insuficiencia arterial.
En anomalías ortopédicas pediátricas es muy rara una oclusión venosa trombótica.25 Como ideal, la interrupción de un nervio periférico se reconoce al momento de la valoración inicial. El retraso de la reparación neural afecta de manera más notoria la recuperación de la función motora.26 Después de repararse el nervio, quizá se requieran hasta dos años para la recuperación sensorial.
Otras complicaciones tardías menos comunes de las fracturas incluyen hipercalcemia, miositis osificante, distrofia refleja postraumática, sinostosis de dos huesos contiguos y seudoartrosis.
Las complicaciones específicas relacionadas con la fractura misma comprenden angulación, falta o retraso de unión, lesión de la placa de crecimiento y detención de esta última.

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Categoría: Traumatología.




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