Consideraciones ocupacionales para los profesionales de la salud con respecto a recién nacidos con VIH


El riesgo de exposición parenteral del personal quirúrgico al HIV durante los procedimientos quirúrgicos se aproxima al 2% y es más alto en las operaciones con hemorragia que duran más de tres horas; el riesgo no se modifica por el conocimiento preoperatorio del estado HIV del paciente.96 El riesgo de seroconversión entre el personal quirúrgico que sufre lesiones por pin-chazos profundos o cortes con objetos afilados —en especial con agujas que se introducen en vasos sanguíneos, instrumentos contaminados con sangre visible, procedimientos de urgencia y enfermedad terminal—se aproxima al 0.5%, aunque la profilaxis posterior a la exposicirin con cidovudina tiene efecto protector; el riesgo se aproxima a cero entre los sujetos expuestos por simple contacto con membranas mucosas, heridas abiertas o piel dañada de los pacientes infectados con HIV.97•98 Sin embargo, puesto que el cirujano y el primer ayudante sufren hasta el 80% de las lesiones trans-operatorias por pinchazo, el riesgo de seroconversión para el cirujano individual después de una sola operación tal vez no sea tan bajo como la probabilidad de 1 en 10 000 que sugiere la simple aritmética.00,100 Además, el riesgo estadístico general es acumulativo: en varios estudios se estima que va del 0.26 a 2.0% para el cirujano individual a lo largo de toda su carrera.101-107 Este riesgo también depende de la frecuencia del contacto con pacientes infectados por HIV, la cual es baja; estos pacientes representan menos del 0.5% de la población quirúrgica electiva y menos del 1% de la población quirúrgica traumática, incluso en ambientes urbanos, aunque la prevalencia de seropositividad de HIV parece más alta, cercana al 2.5%, entre niños que requie ren tratamiento médico urgente en las salas de urgencias pediátricas de las zonas metropolitanas.108-110 Aunque los estudios clínicos no apoyan la idea de que las agujas sólidas para suturar son menos peligrosas que las agujas hipodérmicas huecas, hay una pequeña cantidad de evidencia que sugiere que el tipo de exposición parenteral que se presenta casi siempre en el quirófano puede ser menos peligrosa que la que se produce en cualquier otro sitio. Con varios métodos de laboratorio se demostró que las agujas huecas —los instrumentos que se relacionan con mayor frecuencia en las exposiciones parenterales y que conducen a la conversión serológica— producen un inóculo con volumen de 34 nl para una aguja de flebotomía calibre 25 hasta 138 nl para una aguja de flebotomía calibre 22.11114 Sin embargo, estudios recientes realizados con un modelo diseñado para simular tejido vivo mostraron que el inóculo promedio era de 311 nl para la aguja calibre 22 y de 196 a 266 para las agujas de sutura de varios tamaños.15 El aumento de la profundidad de penetración de la aguja de 2 a 5 mm incrementó notablemente el volumen de cada inóculo, pero este volumen se redujo casi a cero para las agujas sólidas de sutura si pasaban por una capa doble de guantes quirúrgicos, disminución que no ocurrió con las agujas hipodérmicas huecas.
Al parecer, el uso de guantes quirúrgicos dobles también disminuye la incidencia real de lesiones con agujas en el quirófano. Varios estudios recientes confirman que, mientras el guante externo de los dos usados puede perforarse con tanta frecuencia como un guante único, el guante interno pocas veces se perfora.116-121
Dado que se requiere un mínimo de cuatro unidades infecciosas de células cultivadas para inducir una infección por HIV en primates no humanos y que 100 nl de sangre infectada con HIV contienen cerca de una unidad celular infecciosa de cultivo, es muy poco probable que una cantidad suficiente del virus penetre la piel para causar la infección si se emplean dos juegos de guantes siempre.115,122-124 En consecuencia, se recomienda a los cirujanos que operan a pacientes con riesgo de infección por HIV que recuerden ésta y otras medidas sencillas de protección todo el tiempo, como el uso de agujas de sutura romas para el cierre aponeurótico, aplicación de la técnica quirúrgica “sin manos” para manejar los objetos filosos en el campo quirúrgico y, tal vez, cubrir los instrumentos con polímero de yodo; estas precauciones deben instituirse siempre en todos los casos quirúrgicos, incluso cuando el sujeto tenga resultados negativos en la prueba para HIV porque este resultado puede llevar al equipo quirúrgico a una falsa sensación de seguridad.125-128
Aunque el problema de la transmisión de HIV entre profesional y paciente tiene un gran interés teórico, en la práctica suscita escasa preocupación. Este tema surgió en 1991 luego de informes documentados de un dentista de Florida infectado con HIV que había transmitido el virus a cinco de sus pacientes por mecanismos que hasta ahora se desconocen. Se intensificó en 1992 después de un informe que sugería que un ciruja-
no europeo había infectado a un paciente durante un procedimiento ortopédico (los datos específicos no se han publicado). No se conocen otros casos de transmisión del profesional al paciente, a pesar de los amplios estudios sobre prevalencia serológica de individuos cuyos médicos -incluidos los cirujanos- tienen infección conocida por HIV. Sin embargo, aunque el riesgo actual de transmisión de profesional a paciente durante procedimientos quirúrgicos es de cero, incluso entre cirujanos con HIV, los que tienen lesiones abiertas en las manos deben abstenerse de realizar operaciones, sobre todo aquéllos que se clasifican con “tendencia especial” de acuerdo con las precauciones universales, las cuales deben seguir todos los trabajadores de la salud que tengan contacto directo con sangre o líquidos corporales de pacientes que pudieran estar in-fectados.129,13°
Los cirujanos no siempre siguen las precauciones universales, aunque si lo hicieran recibirían un mayor beneficio que el paciente.13′ A diferencia del riesgo de transmisión del profesional al paciente, el riesgo de transmisión de éste a aquél no es de cero. Aun así, casi siempre hay infracciones hasta en el 60% de los casos, sin importar la participación del cirujano en programas educacionales específicos para aumentar el seguimiento de las precauciones universales.132 Las razones de tal comportamiento todavía no son claras, pero parece que se basa más en la emoción que en la razón; los programas educativos que sólo se enfocan en el aumento del conocimiento parecen tener poco efecto sobre las rutinas psicomotoras. Tal vez esto no sea sorprendente en vista de la ambivalencia documentada de muchos cirujanos hacia la enfermedad por HIV. Apenas en 1990 cerca del 6% de los cirujanos en dos áreas con alta prevalencia de seropositividad se rehusó a tratar a personas infectadas por HIV, mientras que menos del 50% recomendó el uso de métodos de barrera para todos sus pacientes.133 Además, en fechas tan recientes como 1992, 72% de los cirujanos estaba a favor de la prueba rutinaria de los candidatos quirúrgicos a petar de la evidencia clara de que el conocimiento de los resultados no altera la incidencia de exposición parenteral y un porcentaje idéntico pensaba erróneamente que a los cirujanos infectados por HIV se les debían restringir los privilegios quirúrgicos a pesar de la prueba inequívoca de que el riesgo de transmisión del cirujano al paciente es nulo.132
El American College of Surgeons tomó un papel ejemplar en el tema de la transmisión del profesional al paciente al publicar una “Declaración del cirujano y la infección por HIV” que delinea su posición sobre el tema.139 En la parte medular de estas recomendaciones se concluye que las limitaciones forzadas de las prácticas quirúrgicas de los cirujanos infectados por HIV no están justificadas por la evidencia científica y que las altas normas de control infeccioso son el mejor medio para evitar la pequeña posibilidad de transmisión del profesional al paciente en el futuro. Este documento solicita además que se realicen esfuerzos para una investigación epidemiológica dedicada, como el mejor medio para obtener el conocimiento necesario para definir la magnitud real del problema y la solución adecuada. Lo que es más importante, la declaración confirma las obligaciones éticas del cirujano para atender a pacientes infectados con HIV siempre que sea necesario.

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Categoría: Pediatría.




One Response to “Consideraciones ocupacionales para los profesionales de la salud con respecto a recién nacidos con VIH”

  1. Vertonika Dice:

    Soy enfermera y este tema me interesa mucho, ya que estoy haciendo un pequeño trabajo de investigación sobre la eficacia de los guantes en cuanto a protección frente a los pinchazos con agujas, ya sean huecas o no, me ha resultado interesante la información expuesta en su página, pero me gustaría saber de dónde se ha extraído, ya que necesito las fuentes exactas.
    Le pediría por favor que me contestara al e-mail que le he indicado.
    Muchísimas gracias.Un saludo.


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