Defensa contra la infección en los recién nacidos


BARRERAS ANATOMICAS
La piel y las mucosas íntegras representan una barrera superficial efectiva contra la infección.11 Estos tejidos no son un mero obstáculo mecánico; algunos aspectos fisiológicos de la piel y las mucosas brindan protección adicional. El recambio continuo de los queratinocitos hace posible que la superficie de la piel esté seca, lo cual permite que los microorganismos se sequen sobre ella. La temperatura cutánea tiende a ser unos 5°C inferior a la fisiológica y ello inhibe el crecimiento bacteriano. La secreción ácida de las glándulas sebáceas crea un ambiente cutáneo superficial con un pH de 5.5, lo que anula aún más el crecimiento de las bacterias. Por último, los queratinocitos mismos pueden expresar el antígeno que permite el reconocimiento de las células T citotóxicas y excreta citocinas proinflamatorias en ciertos estados patológicos.
Las superficies mucosas que están expuestas al ambiente también desarrollaron mecanismos de defensa para prevenir y combatir la invasión microbiana. Las capas epiteliales especializadas representan una defensa para prevenir la invasión bacteriana. El árbol bronquial está protegido por un mecanismo de transporte mucociliar, el cual elimina eficazmente la contaminación por partículas del aire inspirado. En el tubo digestivo, el inhóspito ambiente ácido del estómago destruye la mayoría de las bacterias invasivas. En la porción distal, la flora colónica normal compite con los microorganismos patógenos y previene su proliferación. En las vías urinarias, la vejiga también tiene un ambiente ácido y mantiene una evacuación continua y casi completa, lo que diluye y elimina los microorganismos. En el ojo, la superficie corneal está bañada todo el tiempo por la lisozima, una enzima bactericida.12
Cualquier situación patológica que afecte la función normal de estas barreras anatómicas incrementa la susceptibilidad del huésped a la infección. Una herida en la piel o una quemadura representan un acceso abierto a los tejidos blandos, el tabaco daña el sistema de transporte mucociliar del árbol respiratorio13 y el uso de antibióticos altera la flora colónica normal.14 Estas interrupciones de las barreras superficiales las enfrenta la segunda línea de defensas, el sistema inmunitario.
REACCION INMUNOLOGICA
El sistema inmunitario de los mamíferos incluye vías complejas y muchas reacciones efectoras especializadas.15 Los múltiples mecanismos sobrepuestos de comunicación intercelular (paracrinos) actúan en concierto con los mecanismos endocrinos para constituir este sistema protector esencial.
La reacción inmunológica se desencadena por cualquier agresión infecciosa, traumática o invasión de un cuerpo extraño, lo que produce inflamación (calor, rubor, dolor y tumor o aumento de volumen). Los componentes de la inflamación aguda son cambios del flujo sanguíneo local, aumento de la permeabilidad vascular y exudación de leucocitos. Después de una reacción inicial de vasoconstricción aparece la vasodilatación. La lesión estimula los macrófagos, la producción de citocinas proinflamatorias y la microcirculación con activación de células endoteliales, elementos sanguíneos y fuga capilar. Estos procesos se potencian por la isquemia, disminución del aporte de oxígeno y tejido necrótico, cada uno de los cuales exacerba la respuesta inflamatoria. El eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenales, activado por las vías neurológicas aferentes, influye notoriamente sobre la inflamación porque libera catecolaminas y glucocorticoides.
Una vez que se activa, la reacción inmunológica opera mediante la liberación de citocinas y por interacción de receptores en las membranas celulares.16 Las citocinas son proteínas endógenas de bajo peso molecular y múltiples efectos biológicos que producen los leucocitos locales activados. Inducen respuestas locales y sistémicas. Las que se conocen mejor de estas citocinas son el factor de necrosis tumoral (TNF) y la interleucina 1 (IL-1), que actúan para aumentar la síntesis local de óxido nítrico, prostaglandinas, factor activador de plaquetas (PAF) y moléculas de adhesión de células endoteliales. Las citocinas tienen también la capacidad de ejercer control sobre las células que las producen en forma autocrina. La sepsis, hemorragia, isquemia, isquemia-reperfusión y traumatismos al teji-
do blando tienen una capacidad común para activar los macrófagos y liberar citocinas proinflamatorias que pueden progresar hasta el síndrome de reacción inflamatoria sistémica (SRIS) no controlado.” Los segundos mensajeros y las moléculas efectoras son los mediadores de los fenómenos clínicos (fig. 9-1).
El efecto local de estas citocinas es la quimiotaxis, una migración dirigida de los fagocitos hacia un foco infeccioso. La fagocitosis, el proceso único más importante para el control de las infecciones, destruye la mayor parte de las bacterias y hongos.18 Existen tres aspectos importantes del reconocimiento microbiológico antes de la fagocitosis: redundancia del receptor, cooperación del receptor y traducción de señales celulares específicas después de la unión con el receptor. A menudo, múltiples receptores de los leucocitos participan en un determinado fenómeno de reconocimiento microbiológico. Esta cooperación entre varios receptores aumenta con frecuencia la aparente afinidad de los receptores por el ligando, lo que incrementa la capacidad de destrucción del leucocito. Además, el receptor puede inducir fenómenos intracelulares subsecuentes durante la fagocitosis mediante la traducción de seña- les celulares específicas. Por ejemplo, la manosa y los receptores gamma Fc dirigen partículas a los lisosomas y desencadenan un impulso respiratorio, mientras que otros receptores no tienen este efecto. La ingestión es un proceso ameboideo en el que el microbio se incorpora en el citoplasma de la célula por endocitosis. Sin embargo, a veces las bacterias ingeridas o sus productos son lo bastante potentes para destruir al fagocito antes de la digestión. Si esto ocurre, la liberación de las lisozimas contenidas puede causar autodigestión destructiva de los tejidos locales. Estos mecanismos de defensa son inespecíficos y no dependen del reconocimiento específico del huésped del microorganismo invasor.
Inmunidad humoral y celular
La inmunidad específica tiene dos componentes principales. El mecanismo humoral (sistema de células B) se basa en los linfocitos de la bursa y las células plasmáticas y es independiente del timo. El mecanismo celular (sistema de células T) consiste en los linfocitos dependientes del timo Los anticuerpos humorales pueden neutralizar toxinas, marcar material extraño para favorecer la fagocitosis (opsonización) o destruir patógenos celulares invasores. Las células plasmáticas y los linfocitos independientes del timo que residen en la médula ósea y centros germinativos y cordones medulares de los ganglios linfáticos producen los componentes reactivos de este sistema humoral. Estos componentes ejercen la mayor parte de la inmunidad humana contra las especies bacterianas extracelulares.
La inmunidad que confiere el sistema de células B consiste en anticuerpos relativamente específicos, que son termostables, y el complemento, el cual es termo-lábil y relativamente inespecífico. Los sitios receptores de los anticuerpos se combinan con el antígeno para formar macromoléculas solubles o complejos insolubles que se precipitan o aglutinan. Los anticuerpos humanos se clasifican en cinco tipos básicos de inmunoglobulinas que varían considerablemente en cuanto a su concentración, capacidad de difusión, tamaño y otras propiedades. El complemento se consume siempre que se activa el sistema humoral, por lo general como un sistema en cascada de al menos nueve componentes del complemento. También se sabe que la endotoxina y otras proteínas activan la secuencia en lo que se conoce como vía alterna.
El componente celular o de células T de la inmunidad se basa en linfocitos sensibilizados, tal vez de origen tímico, que se localizan en las regiones subcorticales de los ganglios linfáticos y en los espacios periarteriales del bazo; estos linfocitos forman parte de la reserva linfocitaria circulante. Las células T son las encargadas específicas de la inmunidad contra virus, la mayoría de los hongos y las bacterias intracelulares. Producen diversas linfocinas, como los factores de transferencia, que activan a más linfocitos, factores quimiotácticos, leucotrienos e interferones.

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Categoría: Pediatría.




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