Endulzantes: Un abanico cada vez más amplio


Es difícil renunciar a lo dulce de la vida. Es por eso que, durante años, los laboratorios se han embarcado en la obstinada búsqueda de una fórmula que ofrezca el mismo sabor que el azúcar, pero sin aportar esas indeseadas calorías.

Primero surgió la sacarina, que comenzó a usarse desde principios del siglo XX para endulzar diversos bebestibles. Sin embargo, su sabor un tanto amargo sumado a publicaciones que hablaban de posibles efectos nocivos cuando se consumía en cantidades elevadas, fueron mermando su uso. En los 80 comenzó a ser desplazada por el nutrasweet o espartamo, edulcorante de agradable sabor que se masificó en los últimos años, pero que tampoco ha estado libre de polémicas, ya que algunos estudios sostienen que tendría efectos indeseados para la salud, aunque no existe nada concluyente al respecto.

Sin embargo, en la última década se popularizó un nuevo endulzante: la sucralosa, sustancia derivada del azúcar y que, por lo tanto, tiene un sabor muy similar, lo que ha impulsado su rápida propagación a nivel internacional.

Estos productos, que actualmente conviven en el mercado alimentario, han cambiado la vida de quienes deben restringir el consumo de azúcar, ya sea para conservar la figura o por su impacto en la glicemia (nivel de glucosa en la sangre). Es por eso que estas nuevas alternativas han otorgado enormes beneficios a quienes padecen, por ejemplo, de diabetes. Además, protegen la salud bucal, ya que no estimulan la aparición de caries como el azúcar.

¿Qué es la sucralosa?
La nutricionista de Clínica Alemana María Virginia Riesco explica que la sucralosa es un edulcorante de última generación, cuya principal ventaja es ser 100% natural porque es derivado del azúcar. Además, conserva las características de este producto, como el sabor, por lo que es preferido por los consumidores.
“Otro beneficio es que se puede someter a altas temperaturas sin riesgo de que se altere, lo que lo convierte en una excelente alternativa para cocinar, a diferencia de otros edulcorantes. Además, hasta el momento no se conocen efectos nocivos para la salud debido al consumo de este producto”, afirma la especialista.

La sucralosa se elabora a partir de un proceso que sustituye selectivamente tres átomos de grupos hidróxilo por tres átomos de cloro en la molécula de sacarosa (azúcar). Estos nuevos átomos crean una estructura molecular muy estable y 600 veces más dulce que el azúcar, por lo tanto, sólo se requiere una mínima cantidad para lograr el mismo resultado en el sabor. Esto, sumado a que la molécula creada no es susceptible de ser absorbida por el organismo, hace que la sucralosa no aporte calorías.

Seguridad de edulcorantes: Un dulce debate
Tanto la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, como la Organización Mundial de la Salud han aprobado su consumo, pero estableciendo ciertos límites que aparecen indicados en los alimentos que los contienen.

Un informe del Servicio Nacional del Consumidor (Sernac) sostiene que si bien se ha difundido mucha información sobre los negativos efectos del consumo de ciertos edulcorantes artificiales, en la mayoría de los casos se trata de “informaciones carentes de valor científico y producto de guerras comerciales que sólo confunden a la opinión pública”.

En el mismo informe se explica que el Comité de Expertos en Aditivos (JECFA) de la FAO/OMS, encargado de estudiar la seguridad de los aditivos alimentarios, han aprobado los edulcorantes artificiales que se encuentran permitidos en Chile por el Reglamento Sanitario de los Alimentos: Sacarina, Ciclamato, Aspartamo, Acesulfamo de potasio y Sucralosa.
Sin embargo, destaca que por tratarse de productos químicos que pueden tener algún efecto en la salud, se han establecido límites para su consumo, que se conocen como Ingesta Diaria Admisible (IDA) y que se define de acuerdo al peso corporal del consumidor.

Finalmente, concluye que se pueden consumir con confianza los edulcorantes permitidos por el Reglamento Sanitario de los Alimentos siempre que no se sobrepasen las dosis máximas permisibles, las que deben aparecer rotuladas como IDA en las etiquetas de los productos. Además, en el caso del aspartamo se especifica que no debe ser consumido por las personas que sufren la enfermedad fenilcetonuria.

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Categoría: Nutrición y Dietética.




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