Fractura de raquis en niños


Las lesiones de consideración del raquis en niños son infrecuentes comparadas con las de adultos y se relacionan con la anatomía en evolución del raquis en desarrollo.90 En un raquis traumatizado puede alterarse la estabilidad y es necesario tener cuidado en la inmovilización y el transporte.
Las pruebas clínicas de lesión raquídea incluyen dolor en el sitio de fractura, tumefacción y deformación. La hendidura palpable en el raquis implica sospecha de lesión. Las lesiones raquídeas pueden acompañarse de lesión neurológica y es necesario descomprimir rápidamente el raquis. Aunque existen pocas pruebas sobre la utilidad de los corticosteroides en pacientes menores de 13 años, muchos autores aconsejan su uso profiláctico (es decir, metilprednisolona) en sujetos con lesión parcial de la médula espinal.” Es importante una valoración clínica y neurológica basal. La pérdida de reflejos tendinosos puede ser paralela a la pérdida motora y en un individuo inconsciente debe suscitar sospechas de una lesión de la médula espinal, en especial si se observa pérdida del retiro.40 El choque espinal es un fenómeno temporal durante el cual el paciente presenta parálisis flácida, ausencia de reflejos tendinosos profundos, retención urinaria y con frecuencia tono del esfínter intacto. Después de horas o días suelen recuperarse los reflejos y el nivel motor y sensorial. Las imágenes laterales iniciales deben acompañarse de radiografías del raquis cervical, incluyendo placas anteroposterior y de la odontoides, cuando los mecanismos de la lesión o los hallazgos indican el peligro de una lesión del cuello. Si el mecanismo de la lesión o los signos y síntomas lo justifican, se obtienen radiografías del raquis torácico y lumbar. El cirujano debe recordar la lesión y necesita valorar cuidadosamente el raquis junto con el radiólogo, el neurocirujano y el ortopedista familiarizados con radiografías del raquis pediátrico. Debe llevarse a cabo antes de las precauciones para la relajación del raquis. Es esencial un collar duro en tanto se aclara el caso y antes de inmovilizar al paciente es necesario revisar las radiografías.
En niños, sobre todo los menores de ocho años, debe considerarse la posibilidad de una lesión de la médula espinal sin anormalidad radiológica.42 Ello se debe en parte a la hipermovilidad del raquis, la cabeza relativamente más grande y la musculatura del cuello más débil en niños pequeños. El cuidado definitivo varía de un yeso de Minerva para lesiones cervicales en menores de cinco años o el yeso con halo o una abrazadera hasta la fijación interna y fusión.
También son raras las fracturas torácicas, lumbares y sacras. Es necesario seguir las precauciones para el raquis y obtener radiografías en el plano apropiado. Los estudios de tomografía por computadora delinean las lesiones importantes.
Muchos de estos traumatismos se deben a AVM.4° Las fracturas torácicas se tratan en forma conservadora con reposo o abrazaderas; es más probable que las toracolumbares sean inestables y requieran fijación interna. Las fracturas lumbares se tornan más comunes a medida que el niño crece. La fractura de Chance es una lesión con flexión y distracción, más común en el raquis lumbar alto, que sufre una persona que utiliza un cinturón de seguridad. Es posible que haya lesiones viscerales relacionadas. Una fractura ligamentosa de Chance suele requerir fijación interna (fig. 19-4).43
Las lesiones sacras y coccígeas ocurren por violencia directa y ameritan casi siempre cuidados cerrados. Las fracturas pélvicas son raras en niños pero ocupan el segundo lugar después de las de la cabeza en términos de complicaciones, en especial si se trata de lesiones viscerales que ponen en peligro la vida. En 67% de los pacientes con fracturas pélvicas se observan anomalías acompañantes y la morbilidad a largo plazo se aproxima al 30%.44
El cirujano traumatólogo debe establecer la prioridad del tratamiento y el cuidado urgente del niño con una fractura pélvica. Debe asumirse que los pacientes con múltiples lesiones tienen una fractura pélvica mientras no se demuestre lo contrario.
Algunos hallazgos comunes de las fracturas pélvicas son el signo de Desot, un hematoma abajo del ligamento inguiñal o en el escroto. El signo de Roux es una disminución de la distancia del trocánter mayor a la espina iliaca anterosuperior en el lado afectado en fracturas por compresión lateral. El signo de Earle es una prominencia ósea o un hematoma grande y también hipersensibilidad en el examen rectal, que indican una fractura pélvica importante. Basta una radiografía anteroposterior para la valoración radiológica temprana de la pelvis. Una vez que se estabilizan otras irregularidades puede efectuarse una estimación más precisa con múltiples imágenes, tomografía por computadora, o ambas.
La mortalidad en niños con fracturas pélvicas oscila entre 9 y 18%.45 Casi todas estas anomalías ocurren en la rama y pueden tratarse en forma cerrada. Son en especial importantes las alteraciones completas del anillo, que son inestables. La mayor parte de estas anormalidades se tratan por medios cerrados, es decir, reposo en cama y tracción. Un porcentaje pequeño requiere fijación externa o interna.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Traumatología.




Deja un comentario