Frente al sol: También proteja la visión de sus hijos


Al estar al aire libre, no sólo hay que preocuparse de cuidar la piel de la radiación ultravioleta, los ojos también sufren con ella y necesitan protección, principalmente, los niños. Por la inmadurez de sus tejidos oculares, cualquier patología que los afecte y no se trate de forma oportuna, puede dejar un daño permanente e irreversible en la visión.

El doctor Juan Pablo López, oftalmólogo de Clínica Alemana, explica las diferencias entre los ojos de los niños y los adultos -lo que hace de vital importancia tomar resguardos desde la infancia- y las graves secuelas que pueden quedar si esto no se realiza.

¿Qué daño puede producir el sol en los ojos de los niños?
El daño puede ser agudo o crónico. En el primer caso, puede producirse una queratitis fótica, que es una inflamación aguda de la córnea, muy dolorosa y que se observa horas después de haber estado expuesto a la luz solar sin protección. Ocurre más frecuentemente en la nieve, la playa y el campo cuando no se usan lentes con protección UV.

También en niños y adultos puede observarse un daño agudo (y muchas veces irreversible) de la visión llamado maculopatía fótica. Estos casos se producen cuando las personas miran directamente al sol por un tiempo determinado -por ejemplo al observar eclipses- lo que lleva a una verdadera “quemadura” de la retina con cicatrización y pérdida visual.

¿El daño es acumulativo?
La exposición a la radiación ultravioleta mantenida en el tiempo es capaz de inducir daño tanto a la superficie ocular como a las estructuras internas. Dentro del daño de los anexos oculares están la queratosis actínica que puede posteriormente transformarse en cáncer de la piel periocular y algunas lesiones degenerativas de la superficie ocular como la pinguécula y pterigion. Los daños dentro del ojo incluyen las cataratas y la degeneración macular relacionada a la edad, donde existe una asociación entre la exposición solar y el daño retinal, además de varios tipos de cáncer retinal.
¿Son más sensibles que los adultos?
Los ojos de los niños son bien diferentes a los de los adultos; el cristalino, por ejemplo, no bloquea en forma efectiva la radiación ultravioleta en la infancia y esto favorece que penetre más radiación dentro del ojo, pudiendo inducir el desarrollo de cataratas y degeneración retinal.

¿A qué edad termina de formarse el ojo?
El proceso de “maduración” del globo ocular y sistema visual es un continuo; nacemos con un globo ocular y un sistema visual que son “inmaduros” comparado al del adulto. El crecimiento del ojo es acelerado durante los primeros 2 años de vida y luego lento hasta los 18-21 años. Otro aspecto importante es la maduración del sistema visual que consiste en el establecimiento de las señales que envían los ojos al cerebro y el procesamiento de esta información a nivel cerebral. Este proceso es muy complejo y se desarrolla aceleradamente durante los primeros años de vida y se completa aproximadamente a los 10 años. Por esta razón, a diferencia de los adultos, cualquier enfermedad que afecte la visión y no se trate de forma oportuna, puede dejar un daño permanente e irreversible.

Hasta que este proceso termina, ¿se puede decir que sus ojos están más indefensos?
Más que “indefensos”, los ojos de los niños son muy “susceptibles” al efecto que cualquier enfermedad ocular pueda causar, ya que por lo explicado anteriormente, tendrá consecuencias cerebrales irreversibles. En cuanto a la radiación UV, específicamente, el ojo del niño filtra menos de esta radiación y es por esto que los daños a las estructuras intraoculares pueden ser mayores, aunque no se manifiesten en la infancia sino con el paso de la edad.

¿Qué protecciones deben usar los niños?
Los anteojos con filtro UVA y UVB son la mejor protección contra la radiación ultravioleta. El uso de gorros con viseras ayuda bastante también a disminuir la cantidad de luz solar que llega a los ojos

¿Desde cuándo deberían usar anteojos de sol?
Deberían usarse desde la lactancia. Los niños pasan mucho más tiempo en exteriores y expuestos al sol comparado con los adultos y este es el principal factor de riesgo.
¿Estos anteojos tienen que tener ciertas características especiales?
Existen diferentes estándares de protección UV. Por ejemplo, la norma europea la gradúa de 0 a 3 (protección total) y la australiana va de 0 a 4. Estas especificaciones deben venir en los prospectos de los lentes de sol según su procedencia.

En términos generales, deben filtrar sobre un 99% de la radiación ultravioleta A y B y tener una montura cómoda que impida que el niño se los saque, especialmente, al estar expuesto a la luz solar directa o indirecta (por ejemplo la luz reflejada en el agua, la nieve o el suelo). Los niños que usan lentes por razones “ópticas”, deben usar cristales o material orgánico que expresamente filtre la radiación UV ya que no todos los lentes orgánicos lo hacen en un porcentaje suficiente, por lo que se debe preguntar expresamente al óptico.

¿Hay niños que, por ciertas condiciones o patologías, deberían tener más precauciones?
Entre otros, los niños con dermatitis solar, fotofobia de diferentes tipos, albinismo, cataratas, enfermedades retinales (como retinitis pigmentosa y enfermedad de Stargardt) y antecedentes familiares de patología ocular asociada a la radiación ultravioleta, son grupos de riesgo elevado.

También aumenta el compromiso en quienes ingieren ciertos medicamentos como sulfas, diuréticos y algunos tranquilizantes.

¿En qué lugares geográficos hay que tener más cuidado?
La radiación ultravioleta es más intensa a menor latitud y mayor altitud; en las regiones polares, por ejemplo, la radiación UV es menor que en el ecuador; sin embargo, el efecto protector que ejerce la capa de Ozono (que filtra gran parte de la radiación UV que llega a la tierra) se ha perdido en ciertas zonas (como en el caso de Chile en que existe un verdadero “agujero de Ozono”), por lo que se requiere reforzar la protección con lentes de sol en las personas que viven en estas áreas.

¿Hay otras fuentes de luz que afecten gravemente los ojos?
La luz que se produce al soldar (comúnmente conocida como “el arco”) y la luz que se utiliza en los solarium para el bronceado artificial son igualmente dañinas. En ambos casos deben utilizarse lentes especiales para protección ocular.

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Categoría: Oftalmología.




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