Hemangiomas de la infancia: Una marca inofensiva


Confundidos en la antigüedad con signos de brujería, estas manchas rojas, llamadas hemangiomas, son muy comunes en la infancia. Normalmente, crecen durante los tres primeros meses de vida y, cuando los niños tienen un año, empiezan una regresión espontánea que incluye la disminución del tamaño, del color rojizo y del brillo, para terminar desapareciendo antes de los diez años.

Se puede nacer con ellos o desarrollarlos durante los primeros meses y en general, se da uno por persona. Además, no se conocen formas de prevención y, si bien ocasionalmente se publican casos de familias con lesiones vasculares que se presentan en más de una generación, los hemangiomas no son lesiones hereditarias.

La doctora Julita Cofré, dermatóloga de Clínica Alemana, explica que no se sabe la causa exacta: “Algunos investigadores teorizan que células placentarias pasarían a la circulación del feto llegando a la piel, donde se multiplicarían originando un hemangioma. Pero, otros científicos creen que alguna célula de los vasos de la piel en el feto sufriría una mutación tomando las características de las placentarias, adquiriendo de esa forma la capacidad de multiplicarse para dar origen a un hemangioma”.

Los hemangiomas capilares de la infancia, generalmente, se presentan en el cuello y cara como un aumento de volumen de tonos rojos y no producen más síntomas, por esto, en la mayoría de los casos no es necesario seguir un tratamiento especial, pero sí mantener un control para monitorizar su evolución.

“Los hemangiomas deben recibir el mismo cuidado que el resto de la piel del niño, vale decir, se lavan, lubrican y protegen del sol. Aquellos que están ubicados dentro del área del pañal requieren aplicación de pasta secante en cada muda para evitar que, por la humedad y fricción, puedan ulcerarse, haciéndose dolorosos o susceptibles de una infección bacteriana”, asegura la especialista.
No se deben operar porque son lesiones benignas de evolución clínica muy conocida y se sabe que se reducen durante los primeros años de vida. Sólo al final de este proceso, si quedara algún vaso capilar visible o piel sobrante por estiramiento, se hace la corrección correspondiente con láser o cirugía.

Sin embargo, hay algunos casos excepcionales, como:
– Los hemangiomas ubicados en áreas que interfieren con alguna función vital: perioculares, perinasales, labios, fosa nasal y laringe.

– Los que por crecimiento exagerado pueden recargar el trabajo del corazón exigiéndole bombear un mayor volumen de sangre, pudiendo llevar a la insuficiencia cardiaca.

– Los que son muy deformantes en la cara.

– Los que se ulceran, duelen y no mejoran con medicamentos locales.

En estos casos, para reducir su tamaño, se plantea el tratamiento con corticoides orales y sólo en situaciones extremas, con una cirugía. El láser es de ayuda para resolver las ulceraciones dolorosa. Recientemente, se está probando tratar los hemangiomas de riesgo con propanolol, medicamento que interfiere con los factores de crecimiento vascular involucrados en estas lesiones.

Todos estos tratamientos con medicamentos orales deben hacerse lo antes posible y requieren estricto control médico para obtener el máximo beneficio y evitar complicaciones.

“Aún hay mucho por investigar, principalmente, en cuanto a su causa, ya que no existe manera de evitarlos mientras no se sepa con exactitud qué es lo que determina su aparición y desarrollo”, concluye la doctora Julita Cofré.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Dermatología.




Deja un comentario