Hematoma epidural después de una lesión en la cabeza de un niño


Un hematoma epidural representa una acumulación de sangre entre el cráneo y la duramadre. Aunque se piensa que estas acumulaciones ocurren con poca frecuencia en niños por la aposición entre la duramadre y la tabla interna de la bóveda craneal,48 un estudio señaló una incidencia del 25% en una serie de hematomas intracraneales postraumáticos.

Un hematoma epidural, que puede ser arterial o venoso, se forma cuando los vasos alterados comienzan a dejar escapar sangre al espacio epidural que diseca la duramadre y la separa del hueso. Casi todas estas acumulaciones se acompañan de fracturas del cráneo.

Cuando la fractura se extiende, por ejemplo a través de la arteria meníngea media, la alteración vascular bajo presión arterial puede dar lugar a una masa expansiva y una urgencia neurológica. A medida que crece el coágulo, éste encuentra a menudo una línea de sutura y se detiene en ella y ello conduce a la hiperdensidad lentiforme característica del estudio de TC.

En muchos casos, el traumatismo causante puede parecer inocuo y el niño no presenta ninguna alteración de la conciencia. En una serie reciente el 85% de los lactantes no mostró cambios del estado mental durante la lesión.50 Este periodo inicial se describe como “intervalo lúcido”. Aunque en adultos es común el deterioro clínico rápido posterior, es menos probable que los niños, y en particular los lactantes con las fontanelas permeables, manifiesten estos cambios súbitos a menos que el hematoma ocurra dentro de la fosa posterior. Si continúa creciendo la acumulación, se utilizan en seguida los mecanismos compensadores cerebrales. Una vez que se agotan, sobreviene la herniación.

Estas anormalidades intracraneales se reflejan por un deterioro en el examen neurológico. Por ejemplo, al inicio el niño puede estar despierto y alerta y sólo quejarse de cefalea. A medida que aumenta la PIC, el sujeto presenta náuseas, vómitos, somnolencia y rigidez de la nuca. A continuación hay hemiparesia contralateral y embotamiento, que conducen a posturación y dilatación pupilar ipsolateral, la “pupila henchida”. Es posible que se presenten convulsiones aunque no son comunes en estos casos.

Tratamiento

Casi todos los hematomas epidurales sintomáticos se tratan con una operación urgente y evacuación del coágulo. Por esta razón es esencial un rápido estudio de TC. El drenaje de estas acumulaciones en el departamento de urgencias mediante la perforación de un agujero es técnicamente difícil y no se recomienda excepto en circunstancias muy infrecuentes. Las indica ciones para una operación incurren en un umbral bajo para la intervención e incluyen deterioro clínico progresivo o prueba radiológica de un coágulo en expansión. El tratamiento no quirúrgico consiste en observación y cuidado de apoyo. Hasta el 20% de los hematomas epidurales puede tratarse sin intervención quirúrgica. El resultado final se relaciona integralmente con la institución rápida del tratamiento médico adecuado. Dos autores publicaron una recuperación funcional del 89% y mortalidad del 5% en niños con un coágulo epidural aislado sin lesión cerebral intrínseca.

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Categoría: Medicamentos.




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