La primera visita al oftalmólogo


Generalmente, debe realizarse a los cuatro años de edad, sin embargo, hay casos en que hay que consultar antes, como por ejemplo, cuando los padres tienen antecedentes de problemas oculares en la infancia.

En menos de un segundo los ojos son capaces de proporcionar múltiples datos para comprender lo que sucede alrededor. Basta una mirada para saber desde las dimensiones y colores del entorno, hasta su forma y lo que ocurre en él. Esto es lo que transforma al sentido de la vista en uno de los más importantes para el ser humano.

Crecer con enfermedades oculares no tratadas suele repercutir de diversas formas en la calidad de vida. Puede afectar desde el desempeño escolar hasta la interrelación con los pares, además de generar malestares a nivel físico (como dolor de cabeza) y ser motivo de múltiples problemas que se proyectan hacia la adultez. Por eso, es clave evaluar el desarrollo de la visión desde la infancia, de manera de prevenir y manejar cualquier patología.

Generalmente, el primero en detectar cualquier anomalía ocular es el pediatra, quien durante los controles de rutina realiza un examen denominado “rojo pupilar”, donde con un instrumento denominado oftalmoscopio revisa el reflejo de los ojos. En caso de haber alguna alteración el niño es derivado inmediatamente al oftalmólogo. De lo contrario, si todo se ve normal, la primera visita a este especialista debe realizarse a los cuatro años, porque a esa edad ya se cuenta con la suficiente madurez para responder las preguntas que efectúa el médico con el fin de evaluar la agudeza visual.

“Cuatro años es aún una excelente edad para intervenir y revertir patologías que puedan comprometer la visión, ya que la plasticidad neurológica del sistema visual en esa etapa todavía es bastante buena”, explica el doctor Diego Ossandón, oftalmólogo de Clínica Alemana.

Habitualmente, en esta primera visita se le muestran al niño figuras que pueda reconocer para que las describa. Además de medir la visión, este examen -que dura entre 20 y 30 minutos- permite constatar que el alineamiento ocular sea adecuado, es decir, que no haya estrabismo. Luego, bajo el microscopio, se evalúa si la estructura del ojo es normal, de manera de descartar enfermedades como cataratas, glaucomas, patologías que afecten a la retina y cualquier otro tipo de malformación.
“Cualquier enfermedad ocular no tratada a tiempo en la infancia puede tener secuelas visuales importantes no reversibles después de los siete o nueve años”, asegura el doctor Ossandón.

¿Cuándo consultar antes?
Hay una serie de casos en los que es conveniente llevar al niño al oftalmólogo antes de los cuatro años de edad. Por ejemplo, cuando existen antecedentes familiares de ametropías (miopía, hipermetropía y astigmatismo) o bien de estrabismo se debe examinar al menor antes del año.

“Actualmente, en una consulta de 45 minutos, es posible saber si un niño preverbal tiene o no un defecto de este tipo y si la magnitud de éste es significativo como para comprometer el desarrollo visual. Para determinar esto nos guiamos por los parámetros establecidos por la Academia Americana de Pediatría”, explica el doctor Ossandón.

En tanto, si existen antecedentes familiares de cataratas o glaucomas en la infancia, los hijos deben ser evaluados apenas nacen, porque mientras antes se realice el diagnóstico de estas patologías mejor, dado que el tratamiento generalmente quirúrgico- es mucho más efectivo. Un caso especialmente importante son los tumores oculares en los niños, como el retinoblastoma, que con un diagnóstico y tratamiento precoz tiene un excelente pronóstico.

Otro grupo que hay que evaluar desde los primeros días de vida son los niños que han nacido prematuros, ya que pueden presentar una enfermedad retinal conocida como retinopatía del prematuro, la que si no es tratada puede llevar a la pérdida completa de la visión. Además, tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar estrabismo, miopía, astigmatismo y otras patologías oculares. Por este motivo, quienes nacen antes de tiempo deben ser controlados por el
Enfermedades más frecuentes
“Aproximadamente, de 100 niños que examinamos en la consulta, en alrededor de diez encontramos algún tipo de alteración”, asegura el doctor Ossandón. Dentro de este grupo, las patologías más frecuentes son la miopía, hipermetropía y astigmatismo. Si bien estos defectos de refracción no pueden revertirse, sí es posible corregir la visión con el uso de lentes.

“Para muchos menores utilizar anteojos puede ser problemático, por eso en estos casos hay que evaluar que el beneficio de usarlos sea mayor que el trauma que significa para su autoestima. Hay que tener presente que, a diferencia de los adultos, muchos niños no requieren ver en forma perfecta para realizar sus actividades diarias. Por eso sólo se indican lentes cuando la alteración alcanza un punto que no permite que la visión se desarrolle normalmente o bien cuando el déficit visual interfiere con las actividades diarias y escolares de los niños”, explica el oftalmólogo.

También es común ver casos de ambliopía, una condición en la que, por diferentes motivos (como estrabismo, por ejemplo), la imagen que se produce en alguno de los ojos es borrosa, lo que hace que el cerebro no desarrolle bien la visión. Este problema -que afecta alrededor del 1% de la población- debe ser tratado precozmente, durante el periodo de plasticidad visual, que va desde el nacimiento hasta los nueve años, porque después de esa edad la visión no es recuperable.

Menos frecuentes son las cataratas congénitas, glaucomas, malformaciones oculares y enfermedades genéticas con manifestaciones oculares, como los síndromes de Marfan, Treacher Collins y Down. Todas ellas requieren una atención temprana y especializada de manera de otorgar un tratamiento con el mayor grado de efectividad.oftalmólogo durante los primeros años de vida. También es importante prestar especial atención desde el nacimiento a los niños con Síndrome de Down, porque ellos tienen una mayor incidencia de varias de las patologías mencionadas.

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Categoría: Oftalmología.




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