Matrimonio: Conocerse mutuamente es la clave antes de casarse


Al adquirir un compromiso de por vida, como el matrimonio, una pareja debe considerar que desde ese momento, todas las decisiones serán por dos. Desde la decoración de su casa hasta la familia que quieren formar, muchas veces será acordado por ambos, pero en otras ocasiones, alguno tendrá que ceder.

Para no llevarse sorpresas desagradables ni tener peleas al respecto, está el pololeo, etapa que permite aprender a conocer al otro para poder saber cómo piensa y cómo enfrenta la vida, y también para aunar una mirada de mundo cuando, por inmadurez, alguno todavía no tiene resueltos los temas valóricos. Así, conociendo las compatibilidades de ambos y, ante la posibilidad de formar una familia, ya debería estar todo claro.

“El conocerse es fundamental y tiene que ver con entender y ver en el otro a alguien con quien me siento cómodo y con quien estoy dispuesto a compartir mi vida. Y en el compartir está la planificación del futuro juntos”, explica el doctor Guillermo Gabler, psiquiatra de Clínica Alemana.

Si bien estar de acuerdo en estos ítems es indispensable para mantener una relación sólida, no se plantean desde que ésta se formaliza, si no que se van dando tácitamente con el tiempo y las situaciones vividas en el pololeo, para que los temas trascendentales de la vida estén claros antes de dar este gran paso.

Por ejemplo, la cantidad de hijos que se quiere tener, cómo educarlos, el estilo de vida que se va a llevar, cuáles serán las prioridades, si podrían ir a vivir a otro país o ciudad por el trabajo de uno y con qué familias se pasarán las fechas importantes, entre otros, se irán estableciendo desde antes, pero no como reglas intransables que se determinen sentándose a conversarlas.

“Estas reglas ya son claras al momento de definir que la relación va a ser para siempre, y es raro que en una pareja que se conoce de verdad y no toma la decisión de manera precipitada, se produzcan problemas a la hora de meter a los niños a un colegio laico o católico, por ejemplo”, agrega el doctor Gabler.
Hasta dónde se puede entregar
El especialista asegura que es sano entregar hasta que uno se siente identificado con lo que está haciendo. “Cuando se pierde eso y no se siente uno mismo en la relación, ya está complicado porque no está participando en ella”, afirma.

La pregunta más importante es “qué estoy dispuesto a hacer por el otro para que la relación funcione bien”, lo que implica hacerse responsable de ésta y ver hasta qué punto uno es capaz de ceder, teniendo en mente que la relación se mantenga en el tiempo. La idea es poder ir planificando lo que se quiere de esta relación de pareja.

Muchos se casan sin considerar cosas esenciales que son vistas como detalles que más adelante se van a ir arreglando. Así, algunos le dan más importancia a la planificación de las vacaciones que a los puntos más importantes de la vida en pareja.

Si es así, estos vacíos aparecerán en momentos de crisis y será bastante más difícil resolverlos que cuando esos límites y reglas del juego ya están establecidas de antemano. “Ahí está el punto de renunciar por el otro y hacerse responsable de la relación, porque pasa mucho, sobre todo en las disputas, que empiezan las pasadas de cuenta, y con eso la relación empieza a fallar fuertemente”, dice el doctor Guillermo Gabler.

Agrega que “hay que evitar ver lo que el otro ha hecho por uno, porque uno puede medir con una vara que no es la que corresponde y siempre hay que tratar de ver lo que hemos hecho los dos por la relación. Juntos, no verla de manera individual”.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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