Mordeduras de arañas RECLUSA PARDA en los recién nacidos


La Loxosceles reclusa, la araña reclusa parda norteamericana, es un arácnido mediano cuyo cuerpo mide 8 a 9 mm de largo y tiene una mancha oscura distintiva en forma de violín en el dorso de su coraza. Esta se fusiona con la línea delgada que se extiende hacia delante hasta el abdomen. La marca explica el nombre de “espalda de violín” que a menudo se le da. La reclusa parda abunda en el sur y centro de Estados Unidos. Muchas veces se encuentra dentro de las casas en áreas secas y oscuras. Tal vez sea menos conocida que la viuda negra, pero a menudo representa un problema médico mayor.
El veneno de la reclusa es un tóxico compuesto que contiene proteasas, hialuronidasa, hemolisina y otras citotoxinas que destruyen la pared celular. Estos efectos pueden extenderse más allá del tejido local hasta dañar los eritrocitos y los glomérulos. El loxoscelismo sistémico es un término que se utiliza para describir los efectos de hemólisis, hemoglobinuria, insuficiencia renal y coagulación intravascular diseminada. Es más probable que haya efectos sistémicos en los niños pequeños con un mayor grado relativo de envenenamiento.33 El tratamiento para las manifestaciones sistémicas es de apoyo. Las soluciones intravenosas para inducir diuresis enérgica reducen el riesgo de lesión tubular por la hemoglobinuria. En ocasiones se requieren sangre o plasma congelado para la coagulación intravascular diseminada.
Es posible que la herida pase inadvertida al principio, pero en tres a cuatro días progresa del eritema a la formación de vesículas y necrosis central. Se forma una escara después de cinco a siete días. El tratamiento de estas heridas incluye habitualmente limpieza local, antibióticos con cobertura contra estafilococos y estreptococos y analgésicos. La herida sólo se desbrida si hay destrucción significativa de tejido y después de delimitarla bien. Algunos recomiendan el uso de dapsona y oxígeno hiperbárico, pero los estudios en modelos animales no muestran un beneficio de consideración. Algunas veces el diagnóstico es dudoso por el retraso
entre la lesión y los síntomas. Puede realizarse una prueba de hemaglutinación pasiva para diagnosticar las mordeduras de reclusa parda y una prueba de captación linfocitaria de timidina más antigua, pero ninguna es útil en la clínica.

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Categoría: Pediatría.




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