Por qué evitar el solarium


Se sabe que el sol puede producir cáncer a la piel. Los solariums no se quedan atrás. Está comprobado que el daño celular a nivel del ADN de las células cutáneas es el mismo que se produce con la radiación ultravioleta emitida por el sol. Es decir, y contrario a la creencia popular, el bronceado que otorga el solarium tampoco protege de la quemadura solar.

Las máquinas de bronceado sólo deben entregar luz UVA, que es la que produce la pigmentación, pero es también la de mayor penetración en la piel, lo que implica que produce un daño directo en el tejido de sostén, por lo que genera envejecimiento prematuro y adelgazamiento secundario a largo plazo.

Para restringir el uso de las camas solares, en abril de este año el Ministerio de Salud publicó un reglamento al respecto. “Hasta la fecha no existía ninguna regla sobre qué tipo de máquinas se podían usar. Con esto, Chile se convierte en el único país de Sudamérica que cuenta con esta reglamentación, similar a la que tienen algunos países de Europa y sólo 24 estados de Estados Unidos”, dice la doctora Tatiana Riveros, dermatóloga de Clínica Alemana. Agrega que no existe un registro de los centros de solarium que están actualmente en funcionamiento ni de su higiene y seguridad en cuanto a las instalaciones eléctricas requeridas.

Utilización adecuada de las camas solares
La especialista asegura que en realidad no hay un “uso correcto del solarium”, simplemente, no debiera usarse: “Es muy dañino para toda la piel, más aún para las zonas que normalmente no se broncean, como los pechos o los glúteos. Allí puede haber quemadura con ampollas más frecuentemente”.
Las razones son múltiples. A corto plazo están la quemadura solar de piel y de ojos. Y a largo plazo, el envejecimiento prematuro que se evidencia con la aparición de manchas de color café, arrugas finas y adelgazamiento cutáneo, además de favorecer la aparición de cáncer de piel.

La doctora Tatiana Riveros explica que “está comprobado que un usuario de 20 sesiones/año de solarium, aumenta su dosis anual de radiación ultravioleta en 1.3, vale decir casi un verano y medio más de sol. Un usuario frecuente, o sea, aquel que tiene a lo menos 100 sesiones en un año, la aumenta en 4.7 veces. Además, en 2002 se publicó una investigación que demuestra que su uso aumenta 2.5 veces el riesgo de tener un cáncer espinocelular y 1.5 veces el de tener un cáncer basocelular”.

Entre las exigencias del Ministerio de Salud, está la existencia de un letrero que indique que el solarium favorece la aparición de cáncer de piel y otro que mencione los medicamentos que aumentan el riesgo de sufrir una quemadura, ya que incrementan la fotosensibilidad, por lo que no se deben consumir ni siquiera una semana antes.

La dermatóloga agrega que no se debe utilizar ninguna crema antes de utilizarlo y, menos, un acelerador del bronceado, que está prohibido para menores de 18 años y embarazadas, y que quienes fuman tienen más posibilidades aún de desarrollar un cáncer de piel. Además, enfatiza en la necesidad del uso de protectores en los ojos para evitar las quemaduras oculares.
“El usuario de solarium debe estar al tanto del riesgo al que se expone. Por lo mismo, debiera llevar un registro de las sesiones que ya tiene acumuladas. Es una forma de hacerlo responsable del daño que se hace”, precisa la doctora Riveros.

Otros riesgos son que la instalación o el arranque eléctrico no sean adecuados, que no exista un botón de pánico para poder apagar la máquina si se requiere de manera urgente, que no cuente con una limpieza adecuada luego de cada usuario y que no aparezca en un lugar visible cuándo se efectuó la última fiscalización de las instalaciones.

Si a pesar de estas advertencias, los usuarios igual quieren utilizar los solariums, deben conocer y exigir el cumplimiento de estas normas para saber cuánta radiación han recibido y las medidas básicas que deben cumplir los lugares donde se ofrece este servicio.

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Categoría: Dermatología.




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