Pulmón: ¿Dónde, cómo y para qué?


Los pulmones son los protagonistas del proceso de respiración. Si bien no se ven, es fácil saber cuando actúan: si se ponen las manos en el pecho y se inspira muy profundamente es posible sentir cómo éste se extiende y, al exhalar, cómo vuelve a su tamaño normal.

A continuación, las respuestas a una serie de interrogantes para conocer específicamente dónde se encuentran, cuál es su función y sus enfermedades más frecuentes.

¿Cómo está constituido el pulmón?
Los pulmones están ubicados dentro del tórax, delante de la columna vertebral, detrás del esternón y por dentro de las costillas. Todo esto constituye la caja torácica, que tiene por función la protección de ellos y, a su vez, el desplazamiento de la misma permite la entrada y salida de aire desde los pulmones hacia el exterior.

Estos órganos son parte de la vía aérea de una persona que nace en la nariz, continúa con la faringe, laringe y tráquea. Desde esta última comienza una serie sucesiva de ramificaciones, como un árbol invertido, que va dando origen a miles de ramas más pequeñas, hasta que las últimas terminan en delgados sacos llamados alvéolos.

En el fondo, los pulmones representan una invaginación, es decir, un doblez hacia el interior del organismo, lo que permite que el aire que se respira tome contacto íntimo con las paredes los alvéolos, donde circula sangre a través de una fina red capilar.

De la interacción aire (dentro de los alvéolos) y sangre (dentro de los capilares) resulta la función principal de los pulmones, la cual es realizar el intercambio gaseoso.
¿Cuál es su función?
Este órgano debe poner en estrecho contacto el aire ambiental que se respira, rico en oxígeno, con la sangre que viene de los tejidos, donde este gas ha sido removido y utilizado como fuente de energía por todas las células del organismo. Producto del metabolismo celular, se genera anhídrido carbónico (C02), que el organismo debe eliminar a través de los pulmones, principalmente.

Cuando se pone en contacto el aire ambiental (rico en O2) con la sangre capilar (rica en CO2) se produce un intercambio de gases, de manera que la sangre se vuelve a oxigenar y el aire recibe el CO2 del organismo.

El aparato circulatorio se encarga de llevar la sangre oxigenada a los tejidos, donde será utilizada como fuente de energía, y los pulmones, a través de la respiración cíclica, eliminan el CO2 del organismo y en la siguiente inspiración vuelven a colocar O2 en los alvéolos. Este proceso dura toda la vida de una persona.

¿Cuáles son las principales enfermedades que afectan los pulmones?
Los pulmones están en contacto con el exterior, así como la piel, por lo tanto, está expuesto a múltiples noxas o injurias de todo tipo. Para impedir que constantemente se contraigan enfermedades, existen variados mecanismos defensivos, que operan y funcionan correctamente casi toda la vida. Sin embargo, a veces estos sistemas defensivos fallan y es posible que se inhalen sustancias tóxicas o infecciosas que pueden provocar enfermedades pulmonares.

Dentro de las cosas que más afectan, está la llegada de microorganismos virus y bacterias, entre otros-, pudiendo provocar en los pulmones reacciones de inflamación que derivan en infecciones bronquiales y/o alveolares, como neumonías.

¿Cómo protegerlo para que esté sano?
Uno de los mecanismos defensivos del sistema respiratorio es la caja torácica que protege a los pulmones de contusiones o golpes menores.
Existe una serie de barreras defensivas que impiden que sustancias que se pueden inhalar lleguen a la vía aérea baja, partiendo por la nariz. Hay otros mecanismos defensivos a nivel de la glotis -cuerdas vocales- y en la tráquea, para que cualquier sustancia u organismo sea expulsado.

A estos niveles, los mecanismos defensivos naturales pueden ser bloqueados y destruidos por el humo del cigarrillo, por lo cual dejar de fumar es una medida concreta de protección que debemos utilizar y recomendar a toda la población, especialmente a los pacientes portadores de enfermedades crónicas como asmáticos o enfisematosos.

Finalmente, en los alvéolos coexisten células defensivas que son capaces de fagocitar comer- cualquier cosa extraña a ese microambiente y destruirlas, además de crear mecanismos de defensa apoyados en el sistema inmune.

La alteración de cualquiera de estos mecanismos de defensa puede permitir que sustancias extrañas accedan a la vía aérea más distal y provocar una reacción inflamatoria grave.

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Categoría: Glosario Médico.




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