Rabia patológica: ¡A punto de explotar!


Algo tan simple como conseguir un estacionamiento, avanzar en un taco o esperar la cuenta del restaurant puede transformarse en un disgusto sin límites. Y es que hoy en día las personas se irritan con facilidad. La doctora Ilse Hermansen, psiquiatra de Clínica Alemana, dice que las principales causas que explican esto son las características hedonistas y narcisistas de la sociedad actual, es decir, las personas “se centran más en los logros que en las relaciones interpersonales, sin establecer relaciones profundas, y tienen débiles redes de apoyo, lo que ocasiona sentimientos de soledad, frustración, rabia y amargura”.

Se trata de una sociedad del desecho que “bota lo que no sirve”, generando en los individuos inseguridad y frustración al sentirse reemplazables. A esto se suma los cambios en la educación; jóvenes con más libertad, menos reglas y no siempre preparados para enfrentar lo que ello implica, por ejemplo, inicio precoz de la vida sexual, inquietud del sistema social por la diferencia de clases en una sociedad altamente consumista, entre otras cosas.

La experta señala que otro factor que influye es cómo se vivió la niñez. Quienes se han desarrollado en ambientes muy carenciados son más vulnerables al manejo de la rabia, así como también aquellos que tuvieron afecto y lo perdieron, o que nunca lo recibieron. También incide crecer en ambientes de mucha agresividad por parte de los padres, el clima de excesiva opresión y hostilidad, y tener frustraciones tempranas, como pérdida de los padres.

El sentimiento de rabia puede observarse desde el nacimiento del ser humano y evolucionar gradualmente hasta mantenerse como frustración, peligro o dolor intenso. Este sentimiento tiene funciones psicológicas y la más primitiva es eliminar la fuente de irritación, o sea, aquello que aparece como barrera para la gratificación personal.

Con el desarrollo emocional del individuo, la rabia se va expresando en la relación con otros y si se cronifica puede transformarse en odio, el cual aparece en situaciones de frustración grave.

Rabia patológica
La especialista destaca que hay que diferenciar entre la rabia “normal” y la patológica. “La primera es aquella que surge cuando nos sentimos amenazados, un sentimiento filogenéticamente programado y que biológicamente se considera adaptativo. Cuando experimentamos pérdida de ilusión y podemos mentalizarlo, entonces estamos frente a una rabia normal, es decir, esperable en cualquier relación humana”, afirma.
La rabia patológica, en cambio, “es una respuesta desmedida al estímulo que la provocó, pudiendo terminar en conductas crueles con los demás. El problema es que si no es elaborada, encuentra caminos sustitutos que pueden ser muy dañinos para el individuo o su entorno”, enfatiza.

La doctora Hermansen explica que tanto la expresión desmedida de la rabia como su represión pueden causar problemas en el individuo. “Algunas personas tienen muchas dificultades para expresar este sentimiento y caen en conductas pasivo-agresivas que pueden ser tan dañinas como su expresión exagerada. En el otro extremo están aquellos individuos muy rabiosos que tienen serios problemas para relacionarse, por lo que su círculo social los va aislando, no son capaces de mantener trabajos estables e, incluso, pueden terminar con problemas judiciales”, enfatiza.

Respecto de este tipo de sentimientos, la especialista destaca que lo importante es mentalizarlos, encontrar un espacio en la mente para elaborarlos. Esta capacidad está directamente relacionada con la madurez del individuo, característica que se logra cuando la persona ha crecido en un ambiente de confianza básica que le otorga seguridad en sí mismo.

Cuando esto no ocurre, las personas tienden a fracasar en las relaciones afectivas y en los trabajos, y pueden presentar problemas psicosomáticos, que es la manera patológica de canalizar estos sentimientos.
La rabia como consecuencia de patologías
Existen enfermedades que ocasionan reacciones violentas o de pérdida de control de los impulsos, por ejemplo, cierto tipo de psicosis o trastornos bipolares en fase maníaca, de personalidad y explosivo intermitente (un tipo de trastorno de control de los impulsos). Así también, producen estas manifestaciones agresivas alteraciones de conducta por consumo de alcohol, alucinógenos o anfetaminas, y ciertas patologías del sistema nervioso central, como tumores cerebrales, epilepsia o enfermedades degenerativas.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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