Radicales libres: ¿Cómo combatir sus efectos?


Envejecimiento, cáncer, alteración del ADN, arteriosclerosis, procesos inflamatorios crónicos, cataratas y enfermedades cardiovasculares, entre otras, son algunas de las principales consecuencias de la oxidación producida por los radicales libres.

La doctora Jennifer Humphreys, nutrióloga de Clínica Alemana, señala que entre el 1 y el 3% del oxígeno consumido se transforma en radical libre. “Cuando muerdes una manzana y la dejas, se oxida, así también pasa con el organismo por efecto de estos agentes. Esto ocurre porque son tremendamente reactivos, capaces de oxidar de modo indiscriminado muchas estructuras biológicas, proceso denominado ‘daño oxidativo'”, explica.

Agrega que estudios recientes, incluso, los asocian con el Alzheimer, patología referida a la degeneración de los ácidos grasos. En teoría, esto se relacionaría con la sobreproducción de radicales libres y, por consiguiente, con una alteración neuronal, aunque no está comprobado.

Pero, ¿qué son los radicales libres? La ciencia los define como moléculas de oxígeno que poseen uno o más electrones no emparejados, lo que hace que se tornen muy inestables, ya que el electrón impar o solitario “busca desesperadamente una pareja” para salir del desequilibrio atómico. Para lograrlo, le quita otro electrón a cualquier molécula vecina. Eso quiere decir que la “oxida”, alterando su estructura y convirtiéndola en otro radical libre ansioso por captar un electrón, generando una reacción en cadena.

Los radicales libres se producen en el organismo como respuesta a la exposición a rayos ultravioleta, contaminación ambiental, humo de cigarro, radiaciones ionizantes, algunos fármacos, hiperoxia, exceso de ejercicio, isquemia (falta de oxígeno en los tejidos), e incluso, durante el proceso de digestión de los alimentos.
La experta señala que el estrés, la mala alimentación y la deshidratación son condiciones que facilitan la sobreproducción de estas moléculas de oxígeno.

¿Cómo combatirlos?
La especialista sostiene que el organismo es capaz de neutralizar los efectos de los radicales libres a través del consumo de antioxidantes, como las vitaminas A, B, C, E, y de minerales como el Selenio. “Es importante que la alimentación sea lo más sana posible, evitando frituras y grasas saturadas. Además, debe haber un consumo equilibrado de minerales y, preferentemente, comer las verduras crudas, o bien, cocinarlas al vapor”, explica.

El consumo de antioxidantes debe ser controlado al igual que el de vitaminas, es decir, supervisado por un experto e ingerido sólo cuando sea necesario, por ejemplo, en personas con una dieta muy estricta para bajar de peso o en pacientes sometidos a altos niveles de estrés, como deportistas de alto rendimiento.

La doctora Humphreys advierte que “los radicales libres están muy relacionados con los estilos de vida, por lo que prácticas como el deporte habitual y la alimentación sana y balanceada favorecen la salud y contribuyen a no producir en exceso estos agentes”, concluye.
Enfermedades o procesos asociados al daño oxidativo en las moléculas biológicas

Envejecimiento: Peroxidación de los ácidos grasos de la membrana celular y daño del ADN.

Ateroesclerosis: Peroxidación de lípidos en las partículas de LDL con daño de otros de sus componentes.

Cáncer: Daño del ADN.

Cataratas: Modificaciones irreversibles en las proteínas.

Cuadros inflamatorios crónicos: Activación de genes relacionados con la respuesta inflamatoria.

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Categoría: Preguntas y Respuestas.




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