Síndrome de Guilles de Tourette: Perder el control de los movimientos


El síndrome de Guilles de Tourette se manifiesta con tics, movimientos rápidos, inesperados e involuntarios. La mayoría son en la cabeza y cuello, pero también pueden presentarse como sonidos o palabras. Se estima que esta patología se da entre 0.3 a 1 persona por mil habitantes, y suele darse tres a cuatro veces más en los hombres.

Los tics pueden ser vocales o motores. Asimismo, se dividen en simples -como sacudidas, muecas y pestañeos- y complejos, relacionados con movimientos más evidentes del cuerpo -como saltar, oler algo repetidas veces, imitar a los demás y hacer ruidos extraños, entre otros-.

No hay frecuencia, intensidad ni duración determinada de cada evento. Pueden presentarse varias veces al día, en cualquier momento, por meses o años o, por el contrario, desaparecer por un tiempo. En general, la enfermedad se manifiesta antes de los 15 años y, aunque suele disminuir o desaparecer con el tiempo, esta condición también puede durar de por vida.

“El síndrome de Guilles de Tourette se presenta en familias por una transmisión genética de carácter poligénico y se asocia a trastornos obsesivos, por esto, un diagnóstico precoz es indispensable, ya que su desconocimiento produce más ansiedad aún, y hace la diferencia en cuanto a la presentación de estigma y menoscabo en la personalidad del paciente”, explica el doctor Pedro Chaná, neurólogo especialista en enfermedad de Parkinson y movimientos anormales de Clínica Alemana.

El especialista agrega que las causas de esta patología no están claras, sólo se ha establecido un desbalance de neurotransmisores, como la dopamina, serotonina y noradrenalina. Pero sí se sabe que los síntomas son gatillados por situaciones estresantes o emocionales, por lo que los pacientes más tensos presentan más problemas. Asimismo, el relajarse o concentrarse en una tarea permite disminuirlos.
Tener los tics bajo control
Aunque estas sacudidas musculares se presentan de manera súbita, muchas veces las personas pueden controlarlas parcialmente por un tiempo; sin embargo, esa sensación puede revertirse y derivar en la necesidad y posterior realización del movimiento en un nivel mayor de intensidad como una manera de liberación. “Se controlan voluntariamente pero sólo por un rato y aparece el fenómeno del volcán, en que el paciente refiere una sensación de intranquilidad que va en aumento hasta que explota en los tics”, dice el especialista.

Actualmente, no hay cura para el síndrome de Guilles de Tourette y los tratamientos son medicamentosos (con neurolépticos atípicos) sólo cuando es necesario disminuir sus síntomas por los problemas causados con el entorno social, ya que los pacientes pueden sentirse excluidos al ser observados.

Sin embargo, la mayoría de las personas con esta patología no alcanza a consultar ya sea porque presentan los síntomas en un nivel leve, porque pueden controlarlos un tiempo o ya que tienen tics tan complejos que cuesta creer que realmente sean involuntarios. Pero conviene hacerlo si hay antecedentes familiares o cuando los tics entorpecen la vida cotidiana.

Este síndrome tampoco es degenerativo ni afecta la sobrevida ni capacidades cognitivas de los pacientes. Pero sí puede tener relación con trastornos conductuales, tales como déficit atencional, el que es notificado en los colegios ya que los niños no ponen atención ni se concentran en sus actividades, ciertos trastornos del sueño y algunas obsesiones. Todos estos problemas deben ser tratados para evitar tener además, daño sicológico producto de la patología y de estas consecuencias.

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Categoría: Glosario Médico.




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