Sonambulismo en niños: Despiertos, pero dormidos


Se levantan, caminan e incluso pueden conversar, pero siempre estando dormidos. Hasta un tercio de la población puede presentar uno de estos episodios de sonambulismo en su vida. Este trastorno del sueño se considera como benigno, ya que, en general, dura un par de años y no es la causa directa de problemas de salud.

El sonambulismo corresponde a una parasomnia del despertar parcial. Suele presentarse en las primeras horas de la noche y, al día siguiente, el niño no recuerda nada de lo sucedido.

“Se inicia entre los cuatro y seis años, habitualmente. Los episodios suelen ser más frecuentes entre los cuatro y ocho años. Desde los ocho años, sólo en la mitad de los pacientes persiste el sonambulismo y, generalmente, ya no está presente en la adolescencia”, explica la doctora Verónica Burón, neuróloga infantil de Clínica Alemana.

La especialista agrega que entre el 15 y el 30% de los niños presenta, al menos, una vez en su vida un episodio de sonambulismo, pero sólo alrededor de un 4% tiene episodios repetidos.

Entre las causas hay factores genéticos involucrados, ya que un alto porcentaje de pacientes tiene algún un familiar en primer grado afectado.

Asimismo, hay situaciones que aumentan la posibilidad de presentar sonambulismo, especialmente en personas susceptibles. En general, cualquier factor que produzca deprivación de sueño o un dormir fragmentado, favorece que se desencadenen estos episodios. Por ejemplo, tener fiebre, consumir algunos medicamentos, dormir con la vejiga llena o en un ambiente diferente o ruidoso, y las situaciones de estrés y ansiedad.
Al encontrar a un niño en estas condiciones no hay que tratar de despertarlo, ya que lo más probable es que se prolongue el episodio o aumente su agitación.

Aunque sólo en algunos casos, se les puede persuadir para que vuelvan a acostarse, la mayoría de las veces no se establece contacto con la realidad. Si el niño presenta episodios de sonambulismo frecuente, hay que tomar medidas para evitar en lo posible que se lastime, como que se caiga por las escaleras, que salga a la calle con tráfico o que tome elementos o herramientas que pueda causarle daño, dice a doctora Verónica Burón.

Pero también pueden existir consecuencias psicológicas por la inseguridad o ansiedad de los niños o de sus padres ante este trastorno. De hecho, a veces los limitan en ir a dormir a casas de amigos o a salir de campamento por miedo a que tengan un episodio.

El manejo del sonambulismo comienza con un descarte de cualquier factor o patología que produzca disrupción del dormir, como apneas obstructivas del sueño o consumo de ciertos fármacos.

“En el tratamiento, lo más importante son las medidas de manejo, tratar de tener buenos hábitos de sueño y ciertas precauciones en la casa, como cerrar con llave la puerta de entrada, cerrar ventanas, poner alarmas que alerten si el niño trata de salir de la casa, tener despejadas las piezas y pasillos, y no hacerlos dormir en un camarote. Sólo ocasionalmente se requiere tratamiento farmacológico”, concluye la especialista.

La doctora Burón asegura que “un mal dormir o un sueño fragmentado, produce posteriormente, en forma compensatoria, un aumento del sueño profundo (sueño lento), etapa en la que se da el sonambulismo, por lo que crece la posibilidad de presentar uno de estos episodios”.

¿Qué hace un sonámbulo?
Usualmente, el niño deambula con los ojos abiertos, con aspecto confundido y con cierta torpeza, murmurando o dando respuestas inapropiadas a las preguntas. En algunas ocasiones, también puede estar agitado y realizar acciones bizarras o extrañas, como orinar en el clóset.

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Categoría: Neurología.




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