VIRUS DE INMUNODEFICIENCIA HUMANA en los recién nacidos


Desde el principio de la pandemia del virus de inmunodeficiencia humana (HIV) al final de los años 1970, se han hecho grandes avances para disminuir los índices de mortalidad y morbilidad por la infección en niños. La amplia disponibilidad de las pruebas de laboratorio que facilitan el diagnóstico temprano y la profilaxis intensiva de las infecciones oportunistas limitan los efectos debilitantes de estos trastornos y aumentan la duración y calidad de vida para los niños infectados por HIV. Los dos avances recientes más relevantes del tratamiento de esta enfermedad se refieren a las medidas que previenen el desarrollo de la infección por HIV en recién nacidos y el retraso del inicio del SIDA en los niños mayores. La transmisión vertical de la infección por HIV puede reducirse en dos tercios (de 24 a 8%) con la ingestión materna de cidovudina (antes conocida como acidotimidina) durante el segundo y tercer trimestres del embarazo, seguida de la ad-ministración neonatal de este fármaco durante seis semanas después del nacimiento.’ El tratamiento combinado prolongado con agentes antirretrovirales (tanto inhibidores de la transcriptasa inversa como los inhibidores de la proteasa) hizo mucho más lenta la progresión ele la enfermedad entre los lactantes infectados.2 Los grandes aumentos resultantes de la supervivencia general y la esperanza de vida cambiaron la perspectiva para los lactantes y niños infectados por HIV de un declive inexorable hacia la muerte prematura a la discapacidad crónica que puede tratarse de manera efectiva.
En ninguna otra situación estos cambios son tan evidentes como en los niños que requieren tratamiento quirúrgico para las complicaciones relacionadas con el HIV. La incidencia descendente de las infecciones oportunistas, en particular las que afectan los pulmones, redujo considerablemente la necesidad de los procedimientos diagnósticos de invasividad mínima, como la broncoscopia con lavado broncoalveolar, y eliminó la necesidad de procedimientos diagnósticos invasivos, como la biopsia pulmonar abierta. Al mismo tiempo, a medida que cada vez más niños sobreviven hasta que se desarrolla una infección crónica en el sistema nervioso central o una infección digestiva, la cual impide algunas veces la alimentación oral adecuada, la necesidad de apoyo nutricional complementario condujo a la dependencia más frecuente de alimentación artificial por gastrostomía percutánea endoscópica o cateterización venosa central. Por último, como los niños están expuestos a estados de compromiso inmunitario durante intervalos más prolongados, la necesidad de asistencia quirúrgica para el diagnóstico tisular de lesiones patológicas, tanto infecciosas como neoplásicas, asumió un papel cada vez más importante en el tratamiento quirúrgico general.

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Categoría: Pediatría.




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