A vueltas con el síndrome postvacacional


Sus síntomas son pasajeros y desaparecen en un periodo que oscila entre 24 horas y un mes

La vuelta a la rutina diaria después del periodo vacacional supone un cambio brusco para el organismo. Ordenar de nuevo horarios de comida, descanso y ritmo de trabajo puede alterar el reloj interno. El esfuerzo que requiere este regreso, acompañado de la falta de motivación y de una visión lejana de un nuevo periodo de descanso, favorece la aparición del síndrome postvacacional. Aunque no está tipificado como enfermedad por la comunidad científica, cuando llegan estas fechas, sus consecuencias son evidentes. Los expertos aseguran que para evitarlas, o al menos aliviar este estado de ánimo, basta con seguir unas pautas de prevención.

Los psiquiatras definen el síndrome postvacacional como un estado de ánimo pasajero asociado a la preocupación. Según los datos disponibles, afecta a un 35% de los trabajadores españoles entre 25 y 40 años, en su mayoría, personas con dolencias psiquiátricas y mujeres. A pesar de que hasta ahora no se le ha dado demasiada importancia, debido al ajetreo de la vida moderna, parece que este proceso de readaptación hace mella en el conjunto de la población. Si se puede tipificar o no como una enfermedad, es una cuestión en la que los expertos no se ponen de acuerdo.

A favor: quienes creen que una enfermedad es cualquier problema que afecta a la salud de un individuo (en la esfera física, emocional o social) y, en consecuencia, a su calidad de vida. En contra: los especialistas que aseguran que el síndrome sólo es un estado de ánimo pasajero y breve, durante la adaptación a la vida activa.

El retorno a la realidad
Según Mario Páramo, psiquiatra del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS), las vacaciones “suponen un cambio importante y brusco” que, por lo general, suele ser “placentero”. Para el experto, al concluir el periodo de descanso estival y retomar la actividad laboral, “hay que enfrentarse a la realidad y algunas personas pueden sentir ansiedad y depresión”. Puntualiza que a los pacientes con padecimientos psiquiátricos “les cuesta más adaptarse que a otras personas”, igual que sucede a quienes son más vulnerables y sensibles.

Cuando se siente un agotamiento progresivo, desmotivación para el trabajo y cambios repentinos del estado de ánimo, puede que se sufra el “síndrome del quemado” o “burnout”
Para este psiquiatra, no conviene planificar en exceso la salida o la vuelta de las vacaciones. Las personas que quieren siempre controlar todo, deben procurar cerrar cualquier asunto laboral unos días antes del inicio del periodo de descanso. Por otro lado, quienes comienzan a sentirse desgraciados mucho antes de regresar a la rutina, tan sólo tienen que disfrutar del momento.

Las personas afectados por el síndrome postvacacional requieren un tiempo de adaptación, que oscila entre 24 horas y un mes. El abanico de señales es muy extenso y variado. Los síntomas son: fatiga, irritabilidad, astenia, tristeza, apatía, ansiedad, insomnio, dolores musculares, náuseas, palpitaciones y taquicardias, sensación de ahogo y problemas de estómago. Pero los especialistas avisan de que no hay que alarmarse; sentir cansancio durante los días siguientes a la vuelta es, en general, un malestar transitorio. Sólo si el estado de desánimo persiste durante más de dos semanas habría que consultar con el médico.

Cuando a las señales citadas se añaden agotamiento progresivo, desmotivación para el trabajo y cambios repentinos del estado de ánimo, con sentimientos de tristeza cercana a la depresión, pena o angustia, es posible que la razón esté en el trabajo en sí. Esta situación se relaciona con el “síndrome del quemado” o “burnout”.

Los niños, también
En septiembre llega también el inicio del “cole” y las actividades extraescolares. Cumplir de nuevo un horario estricto puede afectar a los niños cuyos padres también padecen síndrome postvacacional. La Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) ofrecen información dirigida a los pequeños y a sus padres, para facilitar la adaptación del niño a esta nueva etapa en el colegio.

Una de las indicaciones de los especialistas consiste en animar a los niños a retomar los hábitos y los horarios escolares, varios días antes de empezar el curso. Así se favorece una adaptación progresiva a los cambios y se evita el retorno brusco a la rutina. Madrugar es el aspecto más difícil. Para que no sea así, los expertos proponen un reajuste progresivo de la hora a la que se despiertan los pequeños hasta que, dos o tras días antes de empezar el curso, hayan asumido el nuevo horario. Es útil que cada día se acuesten un poco antes, para que descansen las horas necesarias.

Después de un verano en el que prima el ocio, con pocas obligaciones, el paso a actividades menos lúdicas y que precisan un esfuerzo mayor resulta difícil para los pequeños: nuevas asignaturas, profesores, amigos y, en algunos casos, cambio de centro educativo o de ciclo. Los expertos afirman que es más fácil afrontar con éxito este periodo si padres y educadores transmiten una actitud positiva. Respecto a las actividades extraescolares, los pediatras recomiendan que se ajusten a la edad, la capacidad y los gustos del niño para que no se sientan sobrecargados. Hay que ser conscientes de que necesitan tiempo para descansar y distraerse de las tareas diarias.

Durante los primeros días de colegio, los especialistas insisten en que es importante transmitirles confianza y seguridad, a la vez que se les pide esfuerzo y colaboración para fomentar la autoestima. Con todo, el periodo de readaptación suele durar unas dos semanas. Si este tiempo se alarga, hay que tranquilizar a los pequeños para que, poco a poco, recuperen su propio ritmo.

LA PREVENCIÓN, EL MEJOR REMEDIO

La prevención es la mejor estrategia para evitar el síndrome postvacacional. Los expertos animan a regular horarios los días previos al inicio de la actividad laboral y dormir más horas durante los primeros días de regreso al trabajo. También conviene retornar un día o dos antes del final del periodo de descanso para favorecer una recuperación progresiva de los hábitos.

Hay que concentrarse en los aspectos positivos. La vuelta al trabajo es una ocasión para retomar las relaciones con los compañeros o las actividades de ocio que se practican a lo largo del año.

Tras los excesos veraniegos conviene evitar las comidas pesadas, adaptarlas a la rutina del trabajo y beber mucha agua. También se pueden practicar disciplinas que ayudan a relajarse, como yoga o meditación. Los especialistas insisten en que se deben asumir estas molestias originadas, tan sólo, por un cambio en la rutina diaria que implica el retorno a las responsabilidades cotidianas. Por eso es importante adoptar una actitud positiva.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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