ALIMENTACIÓN EN LA TERCERA EDAD


En las personas de edad avanzada la alimentación no es un tema trivial, ya que los trastornos corporales que producen otras enfermedades propias de la edad, alteran considerablemente su nutrición.

En todas las etapas de la vida se requiere de una alimentación adecuada y que se adapte a las necesidades específicas de cada persona, considerando su actividad, sus años, la cantidad de nutrientes necesarios y su capacidad estomacal.

En el caso de los abuelitos esto no es diferente e incluso es necesario darle una mayor importancia, debido que al llegar a la tercera edad el organismo experimenta una serie de cambios, los cuales sumados a la disminución de actividad física y otras enfermedades propias de la edad influyen y alteran los hábitos alimenticios.

Aunque se considera adulto mayor a las personas mayores de 65 años, Ingrid Darvich, nutricionista de Clínica Santa María, explica que “los cambios que afectan la vejez comienzan a producirse alrededor de los 40 años, edad en que la demanda energética para realizar funciones básicas como respirar o bombear el corazón disminuyen un 5% cada década. Por eso, si las personas mantienen los mismos hábitos alimenticios a los 40, 50 y 60 años la tendencia será a subir de peso, por lo tanto se debe tomar conciencia y preocuparse de la dieta con anterioridad”.

A esto se suma que disminuye la masa muscular y aumenta la cantidad de grasa, se sufren alteraciones en su distribución concentrándose principalmente en la zona abdominal.

– Trastornos propios de la edad

A medida que avanza la edad, comienzan a aparecer otros trastornos que también alteran la nutrición de las personas, entre ellos la pérdida de dentadura. “Como tienen menos piezas dentales o ya utilizan prótesis dentarias no pueden comer alimentos de consistencia muy dura, por lo que se recomienda prepararles alimentos blandos o triturados en forma de puré o papillas. Las sopas son una muy buena opción”, recalca la nutricionista.

Por otro lado, es preferible evitar las frituras en la preparación de las comidas, debido a que los adultos mayores suelen tener un colesterol alto. Lo aconsejable es hornear, hervir o cocinar a la plancha los alimentos.

Los sentidos como la vista, el oído y el olfato también sufren ciertos cambios, pero el gusto es el más perjudicado producto de una atrofia en las papilas gustativas. Por eso, “es necesario una buena presentación de los alimentos y el uso de especies y saborizantes para realzar el sabor de las comidas”, cuenta la especialista.

Además, disminuyen las secreciones gástricas, la saliva y todo lo referente a los conductos internos del tubo digestivo, lo que hace importante evitar los alimentos irritantes y comer, en porciones pequeñas, tres a cuatro veces al día, así evitará la aparición de gastritis.

– Una dieta ad-hoc

Si bien todas estas alteraciones metabólicas son propias de la vejez, hay que tener en cuenta que cada persona y cada caso es único y debe ser tratado con la ayuda de médicos y profesionales de la nutrición. De todas formas, la Nutricionista de Clínica Santa María, Ingrid Darvich entrega los siguientes consejos:

– Debido a que con la edad disminuye la movilidad intestinal, es importante añadir fibras en la dieta, como productos integrales y cereales. Se recomienda el consumo frecuente de frutas y hortalizas que sean coléricas, es decir, que ayuden a eliminar la sal y favorezcan la producción de bilis, como la alcachofa, el rabanito, la endibia, la berenjena, el níspero, la frutilla y el plátano.

– Producto de la disminución del calcio se producen varios problemas óseos, por lo que se requiere un consumo constante de lácteos, como el yogurt, la leche y el queso. En tanto, las carnes rojas se recomiendan una a dos veces por semana ya que aportan proteínas. El pescado una vez por semana y el resto preferentemente carnes blancas. Las frutas debieran ser tres porciones diarias, el pan sólo al desayuno y la once y, de preferencia, disminuir lo más posible el consumo de sal y azúcar.

– La deshidratación es un mal frecuente a esta edad. Por lo tanto, hay que preocuparse de darle mucho líquido a los abuelitos.

– La influencia psico-anímica

El estado de ánimo influye directamente en la alimentación y en esta etapa de la vida la depresión, la soledad y el aislamiento social pueden llevar a los viejitos a no comer y a desnutrirse.

Por otro lado, la especialista agrega que enfermedades tales como el Alzehimer, el Parkinson y la Demencia Senil también influyen en la nutrición, ya que muchas veces no se acuerdan que ya comieron y lo hacen dos veces o simplemente son un impedimento para alimentarse por sí solos”.

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Categoría: Tercera Edad.




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