Anorexia e Internet, una pareja peligrosa


En la Red abundan los consejos para no comer y engañar a la familia, además de competiciones para perder peso

La anorexia se ha convertido en la tercera enfermedad crónica más frecuente entre adolescentes, por detrás del asma y la obesidad. Si bien puede diagnosticarse a cualquier edad, los jóvenes son especialmente vulnerables. Hay que mantener unos hábitos de alimentación equilibrados y evitar las dietas para perder peso que, en algunos casos, pueden ser la puerta de entrada a este trastorno de la alimentación. Además, los expertos alertan a progenitores y especialistas sobre la importancia de supervisar los contenidos a los que acceden niños y adolescentes en Internet, ya que en la Red proliferan páginas web que publicitan estas enfermedades psicológicas.

“Si tienes hambre cuenta hasta mil y antes de terminar te darás cuenta de que no vale la pena seguir metiendo grasa en el cuerpo”. “Prueba la comida y escúpela, repítelo cuantas veces necesites para calmar la ansiedad”. Estos son algunos “consejos” que pueden encontrarse en un blog “proana”, es decir, pro-anorexia. No es un caso excepcional, en la Red abunda desde información para no comer y engañar a la familia, hasta competiciones que ganan quienes más peso pierden.

Internet se ha erigido como una gran vía de comunicación, pero también puede convertirse en un riesgo. Un estudio constata que en la Red son frecuentes los sitios que promueven los trastornos de la conducta alimentaria. El trabajo, publicado en “American Journal of Public Health”, se ha realizado en la Facultad de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins. Los investigadores llevaron a cabo una revisión de 180 sitios que promovían los trastornos alimentarios.

El trabajo constata que alrededor del 91% de estos portales eran de acceso libre (aunque muchos advertían de que no querían “aficionados”) y alrededor del 79% tenía contenidos interactivos, como calculadoras de calorías y de índice de masa corporal. En muchos se publicaban “los diez mandamientos de la delgadez”, como “no comerás sin sentirte culpable”, “no comerás algo que engorde sin castigarte después” o “lo más importante es lo que diga la báscula”.

Para evitar trastornos alimentarios hay que fomentar la crítica de cánones de belleza, la aceptación de las diferencias, una dieta equilibrada y la actividad física
El estudio recoge que, a menudo, esta información aporta indicaciones sobre cómo disimular, ya que es un hecho que las personas afectadas por anorexia intentan ocultar en lo posible su bajo peso de diversas formas, como beber mucha agua antes de pesarse y esconder pesas en la ropa. Los jóvenes son uno de los principales usuarios de la Red y se estima que el 75% de los niños entre 10 y 15 años navegan a diario por ella. Según una encuesta de la asociación Protégeles, un 17% ha visitado páginas pro-anorexia o pro-bulimia.

En Internet es sencillo permanecer en el anonimato y tener acceso fácil a información, con impunidad y a espaldas de los progenitores. También puede ser una forma de reafirmarse y obtener respaldo para las acciones que se llevan a cabo. De esta manera, jóvenes vulnerables pueden terminar por padecer uno de estos trastornos alimentarios, tan serios como la anorexia. Estos foros también promueven la sensación de conexión con otros individuos que sufren el mismo trastorno, a modo de comunidad donde la persona se siente identificada con otras, a la vez que segura y protegida.

A pesar de que en 2001 algunos motores de búsqueda, como Yahoo y MSN, aceptaron bloquear los sitios que pudieran dar publicidad a estas enfermedades, ello no ha representado una gran diferencia, ya que los mensajes se han vuelto más sofisticados: los textos y las fotos se han convertido en vídeos y las páginas web, en blogs y grupos de Facebook.

Detección precoz y prevención
Con el verano puede acrecentarse el deseo de adecuarse a los modelos de belleza que, entre otros requisitos, pasan por tener un cuerpo delgado. Esto puede llevar, en personas vulnerables, a conductas que suponen un riesgo de desarrollar un trastorno alimentario. Entre jóvenes de 10 a 19 años, las cifras de afectados por anorexia nerviosa y bulimia ascienden a 35 casos por 100.000 habitantes y año.

La prevención y la detección precoz son claves. Es fundamental la información en positivo y, sobre todo, hay que intentar desligar la idea de que la autoestima y el éxito social estén, de manera obligatoria, ligados al aspecto físico. Pero en la adolescencia, la información que alerta de forma directa sobre los peligros de la anorexia es menos útil e, incluso, según la forma, puede resultar contraproducente.

Los primeros síntomas se manifiestan entre los 13 y los 16 años, sobre todo entre mujeres, con una proporción de 9-10 chicas por cada chico. En su origen hay que buscar tanto factores genéticos como psicológicos, familiares y socioculturales. Los factores psicológicos son importantes ya que, a menudo, la anorexia se desarrolla en personas autoexigentes, perfeccionistas y con baja autoestima.

De la misma manera, el ambiente familiar y social puede facilitar o prevenir estos trastornos. Desde el círculo de allegados hay que fomentar la crítica acerca de determinados cánones de belleza y la aceptación de las diferencias, además de ser conveniente que se siga una dieta equilibrada y que se promueva una actividad física moderada. Es preferible que las comidas se realicen en familia y evitar que los adolescentes coman solos, en especial, mientras ven la televisión. En caso de sobrepeso, hay que evitar comentarios negativos que generen baja autoestima y no facilitar la obsesión por el peso, que en ocasiones se consigue sólo con suprimir la báscula del baño.

TRAS LA SOSPECHA
Cuando el trastorno es incipiente, antes de una ostensible pérdida de peso o de constatar vómitos u otro tipo de malas conductas alimentarias, una serie de indicios llevan a sospechar que la persona padece anorexia o bulimia:

•Quejas frecuentes sobre el aspecto físico.
•Obsesión por vigilar el peso, con frecuentes controles en la báscula.
•No querer probarse ropa o ponerse bañador.
•Manías con la comida y obsesión por no comer alimentos “que engordan”.
•Progresivo aislamiento, resistirse a salir y disminuir el contacto con amigos.
•Mayor irritabilidad y problemas de comunicación, sobre todo, con personas muy próximas, como la madre.
•Mareos por ayunos prolongados (saltarse el desayuno…).

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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