Aprender a vivir con una enfermedad crónica


Considerada la principal causa de muerte en el mundo, muchas de estas patologías hoy tienen tratamientos que permiten una vida más larga y mejor.

Diabetes, obesidad, hipertensión, sida y cáncer son parte del amplio abanico de las enfermedades crónicas, es decir, aquéllas patologías que se extienden por un periodo prolongado. De ahí su nombre, ya que la palabra “crónico” proviene del término griego chronos, que significa tiempo.

Estas afecciones representan la principal causa de muerte en el mundo, con el 60% de las defunciones. De los 35 millones de personas que murieron por este motivo en 2005, la mitad eran menores de 70, y el 50% eran mujeres, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El problema se vuelve especialmente alarmante si se tiene en cuenta que -de acuerdo a este mismo organismo- la amenaza es cada vez mayor, debido principalmente al estilo de vida actual, dado que la mayoría de estas patologías tiene factores de riesgo comunes, como la mala alimentación, la falta de actividad física y el tabaquismo, entre otros. Por lo tanto, la principal forma de combatirlas es cambiando los hábitos.

Existen diversos tipos de enfermedades crónicas, algunas bastante comunes y fáciles de manejar y otras más graves. Cada una tiene sus propios síntomas, tratamiento y evolución. Las más habiuales son las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas (generalmente, por consumo de cigarrillo), la hipertensión, la obesidad y la diabetes. A esto se suman otras, como discapacidades visuales, defectos de audición, enfermedades bucodentales y trastornos genéticos.

Además, en los últimos años se han sumado a esta lista algunas patologías que antes eran mortales y que hoy han pasado a ser crónicas. El doctor Arturo Ayala, médico internista de Clínica Alemana, explica que “hay varias enfermedades, como el sida y algunos tipos de cáncer, que se han ido transformando en crónicas, gracias a cambios en la modalidad de la terapia, porque si bien aún no hay una cura definitiva, hay tratamientos que permiten a estos pacientes vivir más años y en mejores condiciones”. Sin embargo, esto es posible sólo si se tiene conciencia del problema y se siguen las indicaciones médicas, cosa que pocos hacen.

El proceso de aceptación y lucha
Muchas personas ni siquiera saben que tienen una enfermedad crónica, ya sea porque no perciben síntomas o porque simplemente prefieren ignorarlos, en vez de consultar a un especialista. Estos casos suelen ser los más difíciles de tratar, ya que son diagnosticados en forma tardía, cuando la afección ya está avanzada y las alternativas terapéuticas son menos prometedoras.

Asimismo, hay otras personas que si bien conocen su enfermedad y se controlan eventual o periódicamente con su médico, no siguen el tratamiento. “El principal problema es que muchos pacientes piensan que tomándose una caja del medicamento que le dio el médico se van a mejorar, no comprenden que ser enfermo crónico es una condición para el resto de la vida y que, por lo tanto, los medicamentos deben tomarse en forma permanente. De esta misma forma, hay que asumir que se deben modificar ciertos hábitos”, sostiene el doctor Ayala.

La verdad es que tener una enfermedad a largo plazo puede cambiar la vida en sus distintos ámbitos. Muchos se sienten agotados y con dolor. Además, ven alterada su apariencia o sus capacidades físicas, y a veces hasta la independencia. Todo esto repercute en el ambiente familiar, en la convivencia con amigos y en el trabajo.

Alejandra Silva, psicóloga de Clínica Alemana, trabaja permanentemente con este tipo de pacientes, y comenta que el principal temor que ellos tienen -sobre todo aquéllos con patologías más graves- es que “la enfermedad se complique y los lleve a la muerte. Esto ocurre generalmente en una primera etapa. Luego de eso, el miedo se concentra en no ser capaz de realizar los cambios en la rutina diaria que exige el manejo de la enfermedad, ya sea de alimentación, medicamentos, controles, entre otros. Frecuentemente, las personas tienen dificultades para asumir la disciplina del autocontrol que una enfermedad crónica exige”.

En niños y adolescentes -agrega la profesional- también influye de manera importante el temor a sentirse diferentes de su grupo de pares, de ser discriminados o excluidos, y de no poder hacer las mismas actividades que los demás.

Pero el paciente no es el único que se ve enfrentado al proceso de adaptación, quienes lo rodean también lo viven. Los cambios en el funcionamiento habitual del grupo familiar afectan a todos de distinta forma, dependiendo del rol y de la edad de cada uno.

Los integrantes de la familia generalmente se asustan y se ponen aprensivos respecto de los cuidados. Están atentos a lo que le pueda pasar a su ser querido, pero con el paso del tiempo, la ansiedad y temor disminuyen, y es posible adaptarse a la situación para funcionar, incluyendo en la rutina los cuidados necesarios”, explica Alejandra Silva.

En este proceso de adaptación, muchos pacientes también se dan cuenta de que asumir un papel activo en el tratamiento les ayuda a sentirse más fuertes y capaces de sobreponerse a los problemas que puede traer la enfermedad e, incluso, a muchas otras situaciones que pueden presentarse en el futuro, y que antes se creían incapaces de superar.

Consejos para enfrentar una enfermedad crónica

Alejandra Silva, psicóloga con experiencia en el manejo de este tipo de pacientes, explica que existen una serie de recomendaciones para sobrellevar de la mejor manera posible estas situaciones. Entre ellas están:
– Confiar en el equipo médico
– Aceptar la nueva condición como una manera distinta de vivir, no como un fin de la vida que se llevaba.
– Confiar en uno mismo, en la propia capacidad de cuidarse y hacerse cargo de un tratamiento.
– Buscar apoyo en los familiares más cercanos para adecuarse a los cambios que sean necesarios.
– Vivir día a día con optimismo, sin estar constantemente pensando en “lo que podría pasar”.
– Ser responsable, asumir que depende de cada uno la calidad de vida que se puede tener.
– Si es posible, continuar realizando las actividades de siempre y que hacen feliz, no transformar “la casa en clínica” ni la vida en un constante “tema médico”.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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