Ataques cerebrovasculares: prevención y control


Es una de las principales causas de muerte e incapacidad permanente en el mundo. Sin embargo, existen diversos factores de riesgo que usted puede controlar para ayudar a prevenirlo.

Los ataques cerebrovasculares se producen cuando alguno de los vasos que llevan sangre y oxígeno al cerebro se tapa o se rompe. De esta forma, las células de los nervios dejan de recibir los elementos básicos para seguir funcionando y mueren en pocos minutos; lo que a su vez provoca que las partes del cuerpo que controlan también fallen.

El Dr. Walter Feuerhake, médico jefe del Servicio de Neurología y Neurocirugía de Clínica Santa María, cuenta que “los efectos de un ataque cerebral son devastadores y, a menudo, permanentes porque las células muertas son irreemplazables. Por eso es tan importante prevenir, controlándose y teniendo en cuenta los factores de riesgo”.

Los ataques cerebrales pueden ser isquémicos o hemorrágicos. “Los primeros representan el 80% de los casos y se desarrollan por la falta de sangre en una parte del cerebro. Uno de sus mayores factores de riesgo es la presión arterial alta –un elemento que se puede corregir-”, asegura el especialista.

Los ataques cerebrales isquémicos pueden ser de tres tipos: trombóticos -se deben a la presencia de un coágulo sanguíneo en una arteria que va al cerebro-; por embolia –cuando un coágulo errante se forma en otro lugar- o por hipoperfusión sistémica –que es la insuficiencia del flujo sanguíneo-. De los tres, el más frecuente es el trombótico, abarcando el 60% de los casos.

Los ataques isquémicos se diferencian porque sus síntomas se desarrollan en pocos minutos o empeoran seriamente en horas. Suelen precederles señales de aviso como la pérdida de fuerza, sensación de hormigueo en un lado del cuerpo, problemas para hablar y entender, cambios en la vista o en el equilibrio, entre otros. Además, ocurren de noche o muy temprano en la mañana.

“En cambio, los ataques hemorrágicos se dan en personas más jóvenes, sus síntomas aparecen repentinamente y se asocian con un fuerte dolor de cabeza, náuseas y vómitos. Se originan cuando se rompe un vaso sanguíneo dentro o cerca del cerebro y, por lo general, tienen un pronóstico más grave con una tasa de fatalidad más alta”, explica el Dr. Feuerhake. “Pueden ser de dos tipos: hemorragia subaracnoide o intracerebral. En la primera, el vaso sanguíneo se rompe y sangra en el espacio entre el cerebro y el cráneo; y en la segunda, sangra en los tejidos internos del cerebro”.

¿Existen los “mini-ataques al cerebro”?

El médico jefe del Servicio de Neurología y Neurocirugía de Clínica Santa María responde que “efectivamente existen y se trata de los TIA o ataques isquémicos transitorios, que a menudo representan un aviso de un posterior ataque cerebral”.

Ocurren cuando un coágulo sanguíneo tapa brevemente una arteria y tienen los mismos síntomas del ataque al cerebro, sólo que duran pocos minutos. “Un 10% de los ataques son precedidos por un TIA, por eso es muy importante que la persona se preocupe y busque atención médica de urgencia de inmediato”, advierte.

Claves para la prevención: factores de riesgo

El Dr. Walter Feuerhake afirma que “la clave para la prevención es que cada persona esté consciente de sus riesgos. Para ello es necesario realizarse chequeos médicos regularmente y concentrarse en aquellos factores que son posibles de cambiar y así reducir las posibilidades de tener un ataque al cerebro”.

Dentro de los factores de riesgo tratables, el neurólogo menciona la presión arterial alta, el uso del tabaco, la diabetes mellitus, las enfermedades arteriales o de carótidas, los TIAs, la fibrilación auricular y otras enfermedades cardíacas, ciertos trastornos de la sangre, el colesterol alto, la inactividad física y obesidad, el alcohol en exceso y el uso de drogas ilegales. “Sin embargo, existen factores ajenos a nuestro control, como el envejecimiento, el sexo, la herencia, la raza y haber tenido un ataque cerebral anteriormente”, agrega.

Finalmente, el Dr. Feuerhake recalca la importancia de diagnosticar el ataque al cerebro mientras ocurre, “ya que además de existir la necesidad de determinar el tipo, causa y ubicación para realizar el correcto tratamiento, el tiempo juega en contra: cada minuto perdido es una parte del cerebro perdida”. Mientras más rápida y precisa sea la atención, mayores posibilidades de reducir la discapacidad causada por el ataque.

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Categoría: Neurología.




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