Aumentan los casos de bronquiolitis


Las bajas temperaturas propician la rápida expansión del virus respiratorio sincitial, responsable del 90% de los casos de bronquiolitis. Puesto que este invierno se ha caracterizado, en general, por la nieve y el frío, han aumentado los casos en urgencias con respecto al invierno pasado. La Sociedad Española de Urgencias de Pediatría ha verificado que los casos registrados durante esta temporada han triplicado a los del mismo periodo de 2009. De ellos, han precisado ingreso hospitalario un 80% de los pacientes, en su mayoría, bebés prematuros y menores de dos años.

Desde que comenzó el año hasta hace escasas semanas, casi dos mil niños han acudido a los servicios de urgencias debido a episodios de bronquiolitis. Así lo ha registrado el observatorio de la afluencia a urgencias de pediatría, puesto en marcha por la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría (SEUP) durante la alerta por la epidemia de gripe A. La prevalencia de su infección es tan elevada en menores lactantes, que los pediatras designan al microorganismo culpable -el virus respiratorio sincitial- como el “virus de los bebés”.

Un 80% de las consultas terminaron con la hospitalización de los pequeños, pero los casos más graves de bronquiolitis por este patógeno pueden acabar, incluso, en fallecimiento. Cada año mueren más bebés por bronquiolitis asociada a este virus que por gripe grave. Si bien se dan episodios de bronquiolitis durante todo el año, el registro de consultas en urgencias comienza a aumentar en diciembre, cuando coincide con las olas de frío invernales, y el ascenso prosigue en los meses siguientes, tal como confirman datos de los ocho hospitales consultados por la SEUP. La tasa de afectados sólo desciende una vez que llega la primavera.

Proteger a los bebés
El virus respiratorio sincitial es muy oportunista y se contagia con facilidad. Más del 60% de los bebés nacidos en nuestro país se infecta durante el primer año de vida y la gran mayoría, antes de cumplir dos años. El riesgo de hospitalización de los neonatos prematuros es todavía mayor, ya que el virus respiratorio sincitial se ceba en ellos con una frecuencia diez veces superior a la de los nacidos al final del embarazo.

Los síntomas más habituales son tos y dificultad respiratoria, junto con sibilancias y respiración rápida y agitada
Afecta a la parte inferior del sistema respiratorio. Al inicio, se manifiesta con rinitis y, en ocasiones, con fiebre baja. Más tarde se desarrollan los síntomas clásicos de bronquiolitis, el más característico es la tos persistente, junto con dificultad respiratoria con sonido agudo y sibilante y respiración rápida y agitada. Para proteger a los bebés, conviene lavarse las manos antes de tocarles, airear las habitaciones con frecuencia y evitar su exposición al humo del tabaco u otros agentes irritantes, así como el contacto con otros lactantes diagnosticados de esta enfermedad.

El jefe del Servicio de Microbiología e Inmunología del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, Raúl Ortiz de Lejarazu, afirma que “diferentes publicaciones demuestran un aumento de la incidencia de hospitalizaciones por virus respiratorio sincitial a lo largo de los últimos diez años”. Hoy en día, estas infecciones son responsables de una de cada dos hospitalizaciones pediátricas y suponen la primera causa de enfermedad en el entorno familiar.

Cuidado con los prematuros
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado hace poco datos que constatan un incremento de partos prematuros en el mundo. Hasta el 10% de los bebés que nacen en todo el planeta lo hace de forma anticipada, con una suma total que supera los 13 millones de casos. En España, según datos del Instituto Nacional de Estadística, se registran 40.000 nacimientos prematuros anuales.

Estos niños, igual que quienes han tenido graves dificultades respiratorias en el momento del parto, precisan cuidados especiales durante los primeros años de vida y son vulnerables a las infecciones respiratorias. La anatomía de sus vías está menos desarrollada y es más frágil que en un bebé nacido a término. Además, sus niveles de anticuerpos (que provienen de la madre) están muy por debajo de los considerados adecuados.

Uno de los contratiempos de estas infecciones provocadas por el virus respiratorio sincitial es la ausencia de una vacuna profiláctica. Por este motivo, expertos de diferentes especialidades pediátricas recomiendan un tratamiento preventivo con un anticuerpo monoclonal que incrementa las defensas frente al virus, como una defensa pasiva, y protege a los pequeños más susceptibles. Este anticuerpo se desarrolla a partir del cultivo de células, es muy parecido al que transmite la madre y está exento de efectos secundarios. Los últimos estudios señalan que disminuyen a la mitad el número de hospitalizaciones en este grupo de riesgo.

Otras bronquiolitis
Aunque la mayoría de las bronquiolitis se deben al virus respiratorio sincitial, éste no es el único agente infeccioso implicado. También intervienen el adenovirus, el virus influenza A2 y el parainfluenza tipo III y, de manera ocasional, bacterias como “Chlamydia trachomatis” o “Mycoplasma pneumoniae”. El proceso empieza como un catarro de vías altas y progresa hacia una dificultad respiratoria de gravedad variable, con sibilancias, gemidos y, en ocasiones, coloración azulada (cianosis) en labios. Es habitual que los niños duerman mal y rechacen la comida.

La única vía de transmisión de estas infecciones es el contacto humano directo. Al estornudar o toser se liberan los microorganismos y quedan en suspensión en el aire o adheridos a objetos que el niño se lleva a la boca, como los juguetes. Si el virus respiratorio sincitial es de más fácil propagación que los demás patógenos se debe, en parte, a que persiste activo en superficies ambientales durante mucho tiempo y hasta media hora en unas manos sin lavar. La diseminación es frecuente entre adultos, pero en el momento en que un adulto con el virus adherido toca o respira cerca de un bebé, el cuadro bronquiolítico se pone en marcha.

CÓMO ACTUAR

Ante una bronquiolitis, primero se debe distinguir si los síntomas son leves, moderados o graves. Si son leves, en espera de la visita del pediatra, se recomienda establecer una vigilancia periódica de los signos que sugieren un empeoramiento: piel azulada, rechazo continuado de los alimentos, pausas en la respiración, vómitos reiterados y fiebre. Si son moderados o graves, caracterizados por la dificultad de respirar y menos por la fiebre, conviene acudir de inmediato a urgencias.

Otras recomendaciones son: controlar la temperatura varias veces a lo largo del día, ofrecer líquidos en pequeñas cantidades pero de forma frecuente, evitar ambientes cargados de humo del tabaco o de la cocina, no abrigar demasiado al enfermo, humidificar el ambiente doméstico, colocar un cojín para elevar el cuerpo 30º y mejorar la ventilación pulmonar, limpiar las secreciones nasales con suero fisiológico y procurar que el pediatra valore la situación en menos de 48 horas.

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Categoría: Actualidad Médica.




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