AUTISMO: LA IMPORTANCIA DE UNA INTERVENCIÓN TEMPRANA


El 2 de abril se conmemora el Día Mundial del Autismo, el cual busca aumentar el conocimiento de la comunidad respecto a este trastorno y aportar a la integración y a los derechos de las personas que lo sufren.

Estudios indican que uno de cada 110 niños tiene un trastorno del espectro autista. Si bien aún no existe claridad sobre sus causas, sí hay consenso respecto a la importancia de la intervención temprana.

Los trastornos del espectro autista (TEA) corresponden a anomalías generalizadas del desarrollo que se manifiestan en: alteraciones en la reciprocidad de la interacción social, alteraciones y deficiencias en la comunicación, lenguaje y repertorio conductual restringido, rígido y estereotipado.
Como su nombre indica, estos trastornos corresponden a un espectro, dentro del que se encuentran distintos subtipos y grados de compromiso en el desarrollo.

Existen distintas hipótesis y se han financiado diversos estudios respecto a las causas del autismo. Si bien no hay consenso, muchos investigadores sostienen que los TEA tienen su origen en una susceptibilidad genética gatillada por factores ambientales, como contaminantes, entre otros.

El último estudio del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos indica que uno de cada 110 niños tiene este tipo de trastorno, con una tasa 4 a 5 veces superior en niños que en niñas. Es decir, se estima una prevalencia de 1 en cada 70 niños y 1 en cada 315 niñas.

Si bien los síntomas son distinguibles antes de los tres años, la edad promedio de diagnóstico en el estudio de la CDC fue de 4 años y medio. Según explica la doctora Marcela Paredes, neurólogo infantil de Clínica Santa María, “por tratarse de un trastorno generalizado del desarrollo, comparte síntomas con otras entidades clínicas como la Disfasia o el Retardo Mental, haciéndose difícil muchas veces, el diagnóstico diferencial en etapas tempranas del desarrollo”.

En Estados Unidos la terapia más documentada y utilizada es la conductual, mientras que en nuestro país se utilizan generalmente una mezcla de terapia conductual con terapias que permiten el desarrollo a través del juego, con un enfoque Multimodal, en el que intervienen terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, kinesiólogos, psicopedagogos, entre otros, siempre dirigidos por un médico neurólogo o psiquiatra, quien es el encargado de formar el equipo rehabilitador y coordinar sus intervenciones.

La especialista agrega que “la intervención temprana es fundamental para lograr resultados a largo plazo en el desempeño de niños con TEA, aprovechando el periodo de mayor plasticidad neuronal, por lo que los padres deben estar atentos y consultar a su pediatra, neurólogo o psiquiatra infantil en caso de dudas respecto al desarrollo de sus hijos”.

A continuación se reproducen los criterios de la Asociación Americana de Psiquiatría para considerar un diagnóstico.

Criterios de diagnóstico

El manual DSM-IV (APA 1994) indica que para un diagnóstico de autismo es necesario encontrar las características A, B, y C que se mencionan a continuación:

A. Un total de seis o más manifestaciones de (1), (2) y (3), con al menos dos de (1), al menos una de (2), y al menos una de (3).

1. Trastorno cualitativo de la relación,expresado como mínimo en dos de las siguientes manifestaciones:
a. Trastorno importante en muchas conductas de relación no verbal, como la mirada a los ojos, la expresión facial, las posturas corporales y los gestos para regular la interacción social.
b. Incapacidad para desarrollar relaciones con iguales adecuadas al nivel de desarrollo.
c. Ausencia de conductas espontáneas encaminadas a compartir placeres, intereses o logros con otras personas (por ejemplo, de conductas de señalar o mostrar objetos de interés).
d. Falta de reciprocidad social o emocional.

2. Trastornos cualitativos de la comunicación, expresados como mínimo en una de las siguientes manifestaciones:
a. Retraso o ausencia completa de desarrollo del lenguaje oral (que no se intenta compensar con medios alternativos de comunicación, como los gestos o mímica).
b. En personas con habla adecuada, trastorno importante en la capacidad de iniciar o mantener conversaciones.
c. Empleo estereotipado o repetitivo del lenguaje, o uso de un lenguaje idiosincrásico (propio del niño).
d. Falta de juego de ficción espontáneo y variado, o de juego de imitación social adecuado al nivel de desarrollo.

3. Patrones de conducta, interés o actividad restrictivos, repetitivos y estereotipados, expresados como mínimo en una de las siguientes manifestaciones:
a. Preocupación excesiva por un foco de interés (o varios) restringido y estereotipado, anormal por su intensidad o contenido.
b. Adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos y no funcionales.
c. Estereotipias motoras repetitivas (por ejemplo, sacudidas de manos, retorcer los dedos, movimientos complejos de todo el cuerpo, etc).
d. Preocupación persistente por partes de objetos.

B. Antes de los tres años, deben producirse retrasos o alteraciones en una de estas tres áreas: (1)Interacción social, (2) Empleo comunicativo del lenguaje o (3) Juego simbólico.

C. El trastorno no se explica mejor por un Síndrome de Rett o trastorno desintegrativo de la niñez.

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Categoría: Neurología.




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