CÁNCER CERVICOUTERINO


Su detección precoz es lo único que permite revertirlo, por lo que es de vital importancia realizarse los exámenes y controles pertinentes.

En nuestro país, el cáncer de cuello del útero ocupa el quinto lugar entre las causas de muerte por cáncer en la mujer en general, y el primer lugar en las mujeres jóvenes.

Según explica el Dr. Iván Rojas, Jefe del Servicio de Obstetricia, Ginecología y Neonatología de Clínica Santa María, el cáncer cervicouterino es el resultado de una infección viral persistente asociada al virus papiloma humano (VPH). Este virus tiene muchos sub tipos, de los cuales los más frecuentes asociados a este cáncer son el VPH-16 y VPH-18, responsables de alrededor del 70% de los cánceres del cuello uterino.

“Este es un virus de transmisión sexual pero no necesariamente por coito. Basta con el contacto genital para que la mujer pueda adquirir la infección”, detalla el Dr. Rojas.

Alrededor de la mitad de las mujeres de nuestra población ha tenido o tendrá el virus papiloma en algún momento de sus vidas. “Pero, de todas las que se infectan, la gran mayoría lo hace de forma transitoria, ya que los mecanismos de defensa de su cuerpo se encargan de eliminarlo”, aclara el especialista.

Aunque sean un porcentaje muy menor, las que realmente importan son las mujeres que poseen una infección persistente, es decir, que son incapaces de eliminar el virus. Esas son las que finalmente pueden desarrollar lesiones pre cancerosas en el cuello del útero y finalmente un cáncer invasor. Hasta el momento no existen exámenes que permitan diferenciar a las mujeres que tendrán una infección persistente de una transitoria.

– Formas de prevención

Existen dos formas de prevenir el VPH. La primera y más importante es que la mujer sea conciente y responsable en su sexualidad. El Dr. Rojas asegura que “la abstinencia sexual y la pareja única y estable evitan el contagio. Cualquier grado de infidelidad conyugal por parte de alguno de los miembros de la pareja expone a la mujer a contraer el virus, ya que el hombre puede adquirirlo de otra mujer y contagiarlo. Además, esta infección no es prevenible con preservativos”.

Así también, existe una vacuna preventiva, cuyo beneficio está demostrado para las mujeres que no han iniciado su vida sexual y nunca han estado expuestas a contagio. Sin embargo, la vacuna sirve solamente para el VPH 16 y 18. Por lo tanto, aún vacunada la mujer no queda exenta de contraer otros tipos de VPH, los cuales también pueden estar asociados al desarrollo del cáncer del cuello uterino.

De todas formas, el ginecólogo explica que “lo importante es determinar si hay una infección persistente que pueda generar una enfermedad pre cancerosa, y eso sólo se sabe a través del examen de papanicolau”.

Es fundamental que la mujer entre los 25 y 64 años se haga al menos un papanicolau cada tres años. Sobre todo porque esta enfermedad es asintomática y sólo se llega a ella a través de estos controles de rutina.

– Frente a un resultado alterado

Cuando el ginecólogo general recibe un resultado del papanicolau alterado o positivo, deriva a la paciente a un médico ginecólogo-oncólogo, quien a través de una colposcopia -mirar el cuello del útero con lentes de aumento- y la eventual toma de una biopsia, diagnosticará si se trata de una enfermedad pre invasora o invasora.

En la etapa de pre cáncer o neoplasia intrapitelial -crecimiento anormal del epitelio o tejido que recubre el órgano- los tratamientos son bastante conservadores y no afectan la fertilidad de la mujer ni generan gran impacto en su calidad de vida.

“Habitualmente son tratamientos cuyo objetivo es destruir la zona del cuello del útero afectada por la enfermedad. Esto se logra a través de criocirugía -destrucción por congelamiento-, láser o la conización –extirpación de parte del cuello del útero”, afirma el Dr. Iván Rojas.

En cambio, cuando el doctor se enfrenta a un cáncer invasor o que ya se ha ramificado a otros órganos, se requieren de tratamientos radicales, grandes cirugías oncológicas con extirpación completa del útero, radioterapias y quimioterapias.

A la luz de lo expuesto es fundamental que la mujer tome conciencia de lo importante que es el control periódico de papanicolau y de los riesgos que impone el cambio de parejas sexuales, ya que conocemos la forma de transmisión del virus papiloma.

La aparición de las vacunas destinadas a la prevención de la infección por algunos subtipos del virus es un potencial beneficio para las mujeres jóvenes que aún no han iniciado su vida sexual, pero no las libera del mismo tipo de controles una vez iniciada ésta.

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Categoría: Oncología.




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