CÁNCER CERVICOUTERINO: EL PAPANICOLAU ES FUNDAMENTAL


CÁNCER CERVICOUTERINO: EL PAPANICOLAU ES FUNDAMENTAL
En Chile, alrededor de 800 mujeres mueren cada año por cáncer al cuello del útero. Su detección precoz es lo único que permite revertirlo, por lo que es vital realizarse los exámenes y controles pertinentes.

En nuestro país, el cáncer de cuello del útero ocupa el cuarto lugar entre las causas de muerte por cáncer en la mujer en general y el primero en las jóvenes.

Según explica el Dr. Iván Rojas, médico jefe del Servicio de Ginecología, Obstetricia y Neonatología de Clínica Santa María, el cáncer cervicouterino es el resultado de una infección viral persistente, asociada al virus papiloma humano (HPV). Este virus tiene muchos sub tipos, de los cuales los más frecuentes y asociados a este cáncer son el HPV-16 y HPV-18.

“Es un virus de transmisión sexual, pero no necesariamente coital. Basta con el contacto genital para que la mujer adquiera la infección”, detalla el Dr. Rojas.

Según las estimaciones del especialista, alrededor de la mitad de las mujeres de nuestra población ha tenido o tendrá el virus papiloma en algún momento de su vida. “Sin embargo, la gran mayoría lo hace de forma transitoria, ya que los mecanismos de defensa del cuerpo se encargan de eliminarlo”, aclara.

“Las mujeres que poseen una infección persistente, es decir, que son incapaces de eliminar el virus, son las que finalmente pueden desarrollar lesiones precancerígenas en el cuello del útero y, en consecuencia, un cáncer invasor”, indica el Dr. Rojas.

– Formas de prevención

Una forma de prevenir el HPV es que la mujer sea responsable en su sexualidad. “La abstinencia sexual y la pareja única y estable evitan el contagio. Cualquier grado de infidelidad conyugal por parte de alguno de los miembros de la pareja expone a la mujer a contraer el virus, ya que el hombre puede adquirirlo de otra mujer y después contagiarla. Además, esta infección no es prevenible con preservativos”, dice el doctor.

En segundo lugar, existe una nueva vacuna preventiva que ya está a la venta en México y Estados Unidos y que debería llegar a nuestro país a principios de 2007. Sin embargo, sirve únicamente para las mujeres que no han iniciado su vida sexual ni han estado expuestas a contagio. Por otro lado, tampoco sirve para todos los tipos de virus papiloma, sino sólo para los más frecuentes; por lo tanto, aún vacunada, la mujer no queda exenta de contraer el virus.

De todas formas, el Dr. Rojas explica que lo importante no es determinar si la persona está contagiada por el virus, ya que como se ha dicho, la mayoría de las veces es inocuo y autoeliminable. “Lo esencial es comprobar si hay una infección persistente que pueda generar una enfermedad precancerígena y eso sólo se sabe a través del Papanicolau”, asegura el especialista.

Por eso, el Papanicolau sigue siendo la forma de prevención secundaria más efectiva. “Es fundamental que la mujer entre los 25 y 64 años sea responsable y se haga al menos un Papanicolau cada tres años. Sobre todo porque es una enfermedad asintomática y sólo se detecta a través de estos controles de rutina”, explica el Dr. Rojas.

– Frente a un resultado alterado

Cuando el ginecólogo nota que el resultado del papanicolau está alterado, deriva a la paciente a un ginecólogo-oncólogo que, a través de una colposcopia y la eventual toma de una biopsia, diagnostica si se trata de una enfermedad pre invasora o invasora.

En la etapa de pre cáncer o neoplasia intrapitelial (crecimiento anormal del epitelio o tejido que recubre el órgano), los tratamientos son bastante conservadores y no afectan la fertilidad de la mujer ni generan gran impacto en su calidad de vida.

“Habitualmente son tratamientos que destruyen la zona del cuello del útero afectada por la enfermedad a través de criocirugía (destrucción por congelamiento), láser o resección (extirpación) de parte del cuello del útero”, indica el Dr. Rojas.

En cambio, cuando la mujer no ha acudido a hacerse sus controles y el médico se enfrenta a un cáncer invasor o que ya se ha ramificado a otros órganos, los tratamientos son diferentes y hay menos posibilidades de recuperación. Se requieren tratamientos radicales, grandes cirugías oncológicas con extirpación completa del útero, además de radioterapia y quimioterapias.

A la luz de lo expuesto, es fundamental que la mujer tome conciencia de lo importante que es el control periódico del Papanicolau y de los riesgos que impone el cambio de parejas sexuales.

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Categoría: Oncología.




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