CÓMO DETECTAR UN TRASTORNO ALIMENTICIO EN NUESTROS HIJOS


Afectan a gran parte de la población adolescente e incluso pueden conducir a la muerte, por eso, es de gran importancia que los padres estén muy alertas a la presencia de cualquier señal en sus hijos.

Los trastornos alimenticios -principalmente la Anorexia y la Bulimia- han aumentado de modo tan alarmante en las últimas décadas que se les considerada como una verdadera epidemia que afecta a los jóvenes y sus familias.

La persona que sufre de Anorexia siente un miedo intenso a ganar peso o convertirse en obeso, incluso estando bajo el peso normal. Se niega a mantener su peso corporal igual o por encima del valor mínimo normal que le corresponde considerando su edad y talla. Además, tiene alterada la percepción del peso o la silueta y niega el peligro que le provoca su bajo peso.

La Bulimia es un trastorno de la alimentación que se caracteriza por consumir alimentos excesivamente y sin control en un corto periodo de tiempo, lo que desencadena sentimientos de culpabilidad y miedo a engordar. Esto, lleva a la persona a provocarse vómitos y adoptar otras medidas para evitar el aumento de peso como el uso excesivo de laxantes, ayuno y la práctica de ejercicio desmedido. Estas conductas se dan en promedio dos veces a la semana por periodos de tres meses.

Generalmente, su etapa de inicio es la adolescencia, aunque también son bastante frecuentes en adultas jóvenes con muchas exigencias personales.

Según la psicóloga de Clínica Santa María Paula Díaz, “no existe un único factor que las cause, sino varios que se conjugan. Sin embargo, influye mucho el que vivamos en un contexto social que tiende a validar la delgadez y a asociarla como una respuesta para ser exitosos. Así –agrega- las mujeres cuya valoración social depende, en gran parte de su atractivo físico, son más susceptibles de caer en estas patologías”.

Factores que predisponen son una personalidad perfeccionista y con baja autoestima, la presencia de trastornos psiquiátricos y/o de alteraciones biológicas. “En general, son personas muy dependientes y vulnerables a las expectativas de los demás, que siempre quieren cumplir con los ideales de sus padres y/o parejas. Es así como el cuerpo pasa a ser el símbolo y fuente de autonomía, control y eficacia personal”, señala la especialista.

Además existen factores precipitantes como lo son la continua realización de dietas y la existencia de antecedentes de obesidad en la familia.

Los padres deben estar atentos a ciertos cambios en la conducta alimenticia de sus hijos, como:

– Ha perdido peso significativamente en el último tiempo o tiene oscilaciones de masa corporal importantes.
– Cambios importantes en el ánimo.
– Constante negativa a sentarse a la mesa con toda la familia en los horarios de comida.
– Se encuentra la mayor parte del día realizando actividades que impliquen un desgaste físico o ha habido un aumento brusco de actividad física.
– Va reiteradamente al baño después de comer o faltan alimentos.

Por otra parte, es esencial estar atentos a los cambios de ánimo y a eventos relacionales como: separación de los padres, conflictos con sus pares y padres, cambio de colegio, ruptura de una relación de pareja, etc. ya que son factores que precipitan o amenazan de una pérdida de control, como también pérdida de la autoestima.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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